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El príncipe de Busan escuchaba con atención el discurso de los reyes de Daegu primeramente agradeciendo a los presentes por haber viajado hasta el gran palacio a pesar de las horas de viaje y que eso podía resultar pesado

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El príncipe de Busan escuchaba con atención el discurso de los reyes de Daegu primeramente agradeciendo a los presentes por haber viajado hasta el gran palacio a pesar de las horas de viaje y que eso podía resultar pesado. JiMin trató de prestar la mayor atención a la voz, pero se sentía un poco ido al haber consumido una gran cantidad de copas de vino sin medirse o detenerse, por  lo que tratando de no llamar la atención salió del salón con un buen paso y porte, perdiéndose por los pasillos que conectaban con el salón. Cuando estuvo fuera de la mirada de los demás soltó un fuerte suspiro cansado y agobiado, antes realmente no le prestaba atención a la tortura que presentaba convivir con los demás herederos a las coronas y ahora, por tener su mente hecha un caos todo le cansaba y le parecía estúpido. Se quedó un momento en silencio, no se sentía sen ebrio, solo el vino había hecho que se desconcentrara y el cansancio lo golpeara de lleno.

—Mi rey de Busan estaría decepcionado.— Alzó una de sus manos peinando sus platinados cabellos hacia atrás acomodando los pequeños mechones que habían caído sobre su frente. Iba a comenzar a andar por ahí cuando sintió la presencia de alguien a sus espaldas, giro encontrándose de frente con el Rey Namjoon, lo que llamó su atención ya que aún se escuchaba el discurso del Rey Seokjin y era lo más lógico que ambos hombres estarían frente a los invitados, pero no, ahí se encontraba frente a él. Namjoon percatándose de la confusión de él más joven sonrió con algo de pena.

—No soy bueno siendo cortes y el Rey SeokJin siempre sabe expresarse mejor.— Park asintió suavemente desviando su mirada un momento al sentirse un poco mareado. —No había tenido oportunidad de hablar contigo desde hace mucho tiempo, a pesar de que estás aquí en mi palacio son raras las ocasiones en la que nos cruzamos.— El príncipe de Busan volvió su mirada al hombre y asintió, acomodó su postura y sonrió. Ser Rey era sumamente difícil y consumía todo su tiempo en los labores y quehaceres, JiMin no podría juzgar al mayor por no otorgarle de su tiempo.

—¿Sucede algo?— NamJoon hizo un movimiento con la cabeza para que ambos comenzaran a caminar por el pasillo, el de cabello platinado acepto siguiendo su paso sin decir otra palabra. Unos nervios atravesaron su columna vertebral al pensar que NamJoon sabía de los besos que había intercambiado con YoonGi, sabía que en algún momento serían descubiertos, aún más cuando ambos no habían tenido demasiado cuidado. Estando en una zona más relajada y que no se escuchará ruido alguno la voz profunda y grave del Rey se hizo escuchar.

—No sucede nada, solo quiero conversar contigo.— Al escuchar aquello Park suspiro por lo bajo algo más tranquilo, realmente la voz de Kim transmitía tranquilidad y algo de paz. —A pesar de mis ocupaciones siempre me entero de lo que hace mi hijo.— Comenzó a relatar. —YoonGi siempre fue una persona difícil, desde pequeño hacía berrinches por todo y decía odiar todo lo que se le cruzara por el camino.— Soltó una risita al recordar al pequeño pálido de su hijo en una de las tantas escenas berrinchudas. —Fui un mal padre al no educarlo y prestarle demasiada atención a decir verdad, muchas de sus actitudes fueron culpa mía.— JiMin se quedó en silencio prestando atención a cada una de sus palabras, olvidándose por un momento de sus propios problemas. —Sabía de su comportamiento y aún así no lo detuve del todo, estuve mal en esa parte. Lo estaba convirtiendo en un monstruo.— Park detuvo su andar en cuánto el Rey lo hizo, ambos quedaron frente a una gran pared en donde reposaba una pintura de la familia Kim. JiMin miro al joven YoonGi de ese momento. —Príncipe de Busan, te estoy agradecido del cambio radical que causaste en mi único hijo. YoonGi a cambiado tanto de un tiempo para acá, sigue mostrándose con algo de indiferencia respecto a ciertos temas, pero su mala costumbre de acosar a toda mujer se a desvanecido, o al menos eso me han informado.— Ninguno de los dos se volteo a ver, solo se quedaron observando cada detalle de la pintura.

Educando a un príncipe ; JSHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora