Capítulo 7

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Ethan estaba sudando, por su columna caía una gruesa gota de sudor que acabó perdiéndose entre sus nalgas separadas por unas fuertes manos.

—Muévete así, bebé—le decía Samuel clavándose una y otra vez en él. Ethan sentado a horcajadas sobre él le cabalgaba sin parar de gemir.

—Daddy...—Ethan había tomado el gusto en llamarle así justo cuando iba a correrse, y el momento estaba tan cerca que notaba como su cuerpo se tensaba.

—Córrete, déjate ir, cuando lo hagas voy a llenarte ese precioso culo de leche.—Las palabras de Samuel siempre hacían que Ethan llegara, lo excitaban de tal modo que en menos de un pestañeo estaba explotando en un profundo orgasmo.

Samuel lo acercó a él cuando Ethan quedó completamente saciado, su cuerpo comenzaba a quedar sin fuerza. Los brazos fuertes de Samuel lo sostenían y abrazaban con fuerza mientras le metía sin parar su polla. Ethan se notaba completamente dilatado tras su orgasmo, lubricado en su interior, el sonido lascivo del miembro duro en su interior era algo a lo que en poco menos de cinco días se había vuelto adicto.

—Quiero tu leche—le dijo lamiendo su oreja con pereza. Sintió como Samuel respiraba con dificultad. Un último gemido, los labios de Ethan lamiendo, besando su yugular y notó como explotaba en su interior.

Samuel se lo llevó consigo hacia atrás acostándolo sobre su pecho sin sacársela. Y secretamente Ethan disfrutaba de esa costumbre del mayor de deshincharse dentro de él.

Una mano en su espalda le acariciaba suavemente.

Realmente nunca había tenido una relación con alguien que lo acariciara de ese modo, era cierto que nunca lo había echado en falta hasta que lo había conocido. Pero lo que parecía buscar Samuel en él era alguien a quien cuidar, a quien tratar con dulzura y eso le chocaba tanto con la imagen que tuvo de él la primera vez que lo vio.

Era fácil dejarse mimar para gran sorpresa de Ethan. Y con Samuel y el papel que había comenzado a adquirir con él se estaba acostumbrando.

Ethan nunca había sido cariñoso, ni con John ni con David, las únicas dos personas importantes en su vida.

Y de hecho el papel que desempeñaba ahora no era enteramente ese, él era el objeto de las atenciones, no tanto el que las daba. Tendido sobre el cuerpo de Samuel lo hacía.

Notaba como su culo iba escurriendo el miembro flácido del mayor. Pero Samuel no lo soltaba.

—Esta noche tengo una gala benéfica—dijo Samuel con desgana acariciando la espalda aún húmeda de Ethan.

Elevó sus ojos para mirarlo a través de sus mechones oscuros.

—Es realmente tedioso ir a ese tipo de eventos—siguió quejándose.

—¿Por qué?—obviamente Ethan no había asistido jamás a un acto así, pero Samuel era el tipo de persona que imaginarías pasaría la vida entre acuerdos multimillonarios y galas benéficas de las que hablaban en la televisión.

—La gente es muy falsa en ciertos ámbitos—contestó el mayor.

—La gente es muy falsa en casi todos los ámbitos—concluyó Ethan, imaginaba aquel lugar como una de las pocas fiestas universitarias a las que había ido. Chicas y chicos haciendo el idiota, aparentando unos papeles para parecer algo que difícilmente eran—. No vayas.

—Complicado cuando eres el dueño de la empresa que la organiza. Sus manos bajaron por su espalda hacia la redondez de su trasero amasándolo delicadamente.

—Entonces no te queda más remedio que ir—dijo disfrutando de las caricias.

—Sería más divertido si tú vinieras.

Sugardaddy: Londres (I)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora