Capítulo 23

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John despertó desorientado, le dolía muchísimo la cabeza, y varias partes de su cuerpo.

¿Qué diablos le había pasado?

—John—escuchó la voz de su hermano a su lado.

Trató de enfocar, y tuvo dificultad, tenía los ojos completamente hinchados.

—Ethan.—Su voz tampoco era una maravilla.

—Estoy aquí.—Notó su mano en la suya, y se calmó.

Estaba claro que aquello era un hospital, notaba algo inyectado en su brazo, el olor del lugar y la rigidez de las sábanas.

Y de golpe lo recordó todo.

La reunión con los rusos; David colgándole dispuesto a acostarse con Taylor; Hereford sobre su hermano.

La sucesión de golpes, la voz ahogada de Ethan, y nada más. No recordaba nada más.

Miró a su hermano, tenía la mirada tan triste. No quería que aquello acabara así.

—Hereford.

—Déjalo, John—le pidió Ethan con la voz más firme que la expresión en su rostro.

Intentó incorporarse, y aunque le dolía todo tenía que erguirse y poner su mente a trabajar.

Ethan le ayudó, y le tomó con firmeza de los hombros.

—Te encontré así cuando llegué a casa, no sabemos quién fue.

—De ninguna manera...

—Tú lo empezaste, John, ¿acaso quieres que nos hundamos más por tu puñetero orgullo?

—Él no tenía derecho a tratarte así.

—Ni tú a darle una paliza.

—No lo voy a dejar así—dijo queriendo salir de la cama. Le costaba pensar con claridad.

—Claro que lo vas a hacer, vas a quedarte aquí, vas a curarte y vamos a dejar el tema Hereford aparcado para siempre.

—Ese tipo no va a dejarte tranquilo.—¿Es que acaso era él el único que veía la obsesión del enfermo aquel por su hermano?

—Sí va a hacerlo, créeme, he terminado con él para siempre.

—Ethan...

—¡Basta!—le frenó Ethan—. Ese tema se acabó, déjalo y sigamos adelante.

John no dijo nada, la verdad era que estaba realmente cansado. Cansado de todo, y de todo lo que iba a tener que hacer a partir de ese momento para devolver el dinero.

¡El dinero! Se tocó el pecho, vestía un camisón de hospital, se le heló la sangre al pensar que había perdido el dinero de la deuda.

—¿Estás buscando esto?—le mostró el sobre su hermano—. Creo que tienes algo que contarme, ¿no?

—Aquí no, pero te lo contaré.

Aquella iba a ser una confesión difícil, si a él le parecía mal que Ethan se prostituyera, hacer tratos con la mafia tampoco era algo bueno.

Ethan solo asintió y le pidió que volviera a dormir. No fue necesario mucho más para que cayera redondo.






Sugardaddy: Londres (I)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora