En el metro a Ethan las imágenes se le repetían una y otra vez. Deseaba quitarse esa ropa que tan poco iba con él, aquel disfraz al que había accedido a vestir por darle el gusto a Samuel. Pero ahora se sentía completamente ridículo, como si en vez de un traje de sastre vistiera las llamativas prendas de un payaso.
Del mismo modo absurdo veía sus sentimientos, el asunto se le había ido de las manos, y cuando él pensó que podría manejarlo, que incluso lo estaba disfrutando, el primer choque con la realidad le hizo sentir tan solo como un niño inexperto que se había metido a jugar un juego de adultos que le venía grande.
Deseaba llegar a su habitación, aquella que realmente sentía como suya, y poder dejar salir las lágrimas que a duras penas conseguía mantener bajo control.
Ver el edificio conocido de la residencia de estudiantes le dio algo de paz, sus cosas estaban en casa de Samuel. Y el pensamiento de tener que ir a por ellas le encogió el estómago. Subió de dos en dos los escalones hasta llegar a su planta mientras se iba quitando la chaqueta y la corbata como si esta le estuvieran asfixiando.
La habitación totalmente a oscuras le recibió con su olor característico a muebles viejos y familiaridad.
Suspiró tirándose sobre la cama, ¿qué iba a hacer? Lo que Samuel le ofrecía solucionaría sus problemas, pero sin duda le ocasionaría otros nuevos.
Y aquella lágrima que había estado luchando por salir le corrió hirviendo por la mejilla, la imagen de Samuel besando a otro era demasiado dolorosa para no darse cuenta de hasta donde había caído por él.
Se dejó llevar por las lágrimas, hacía tanto que no se abandonaba a ellas, realmente no solucionaban nada. Pero no podía pararlas, solo, a oscuras y sintiéndose débil salieron hasta que se quedó dormido.
Se dio cuenta que se había quedado dormido cuando escuchó el primer golpe, era alguien llamando a su puerta.
Samuel estaba molesto, muy molesto. Sobre todo consigo mismo. Las probabilidades de que Markus y él se encontraran en esa fiesta eran muy altas. Y se daba cuenta que no había sido sincero con el motivo por el que había insistido en que Ethan fuera. Lo quería allí como corcho, como flotador al que agarrarse, para que cuando Markus apareciera él pudiera fijarse en el chico con el que llevaba casi una semana sin salir de la cama.
Pero no fue suficiente, cuando Markus apareció ante él, todo se desdibujó, la gente, la fiesta, Ethan y su determinación.
Aún sentía algo por Markus.
Solo se dio cuenta de que Ethan no estaba tras besar a Markus. Cuando fue consciente de donde estaban, de lo que hacían, y de que tenía que separarse.
Markus le reclamaba, él siempre le reclamaba, y recordaba porqué su relación había acabado, quería seguir besándolo, hacérselo allí mismo, pero eso sí hubiera sido un gran error.
Completamente enfurecido, Markus se fue, y él buscó a Ethan, para darse cuenta de que había abandonado la fiesta.
Se sintió culpable, y odiaba sentirse culpable.
¿Qué habría sentido Ethan al verlo con Markus?
En el contrato que ellos habían establecido no había cabida para eso, lo sabía, pero imaginó los grandes ojos de Ethan, con su sonrisa triste, mirarlos, y no le gustó, no le gustó nada.
Steve no había visto a Ethan, por lo que se había ido por su propio pie a saber donde. Richard y David le ayudaron a buscarlo.
—Yo me iría a la residencia—dijo finalmente David tras intentar contactar por móvil a Ethan.
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Sugardaddy: Londres (I)
Любовные романыEthan es un estudiante universitario apurado por las deudas que dejó su padre, está a punto de dejar la Universidad cuando su mejor amigo le muestra una posible solución, sugardaddy.com Y delante de él una propuesta descabellada. Pagar todos sus ga...
