Isabella está rota, sin rumbo en un duro proceso sin Dylan, su gran amor, pero su historia se llenó de nubes grises. Sus destinos iban en caminos separados.
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Isabella Gotti llevaba la vida modelo de una joven estudiante de diseño en indumentaria e...
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Desperté entre sábanas azul marino y con un fuerte olor a colonia masculina. Sentándome en la cama mire a mi alrededor hasta que me tope con James durmiendo en el suelo. Por un minuto me sentí desorientada hasta que recordé lo que pasó anoche, el cuarto de Dylan, mis lágrimas y a James Sullivan consolándome. Pasó una mano por mi cara intentando despabilarme un poco y escucho el sonido de la persona en el suelo despertando.
—Hola —habla algo adormilado James sentándose en su cama del suelo —¿Cómo dormiste? —sus ojos azules me miran con amabilidad y todo ese sentimiento de vergüenza desapareció.
—Bien, pero no fue necesario que me trajeras aquí —comento de manera tranquila, no quería pelear o discutir desde tan temprano. Solo quiero un café e irme a mi departamento para no salir más.
—Anoche estabas muy mal no podía dejarte sola, pero no pasó nada raro si es lo que te preocupa —las palabras amables de James me confunden, pero aun así le creo. Deslizando mis piernas al costado de la cama salgo viendo que llevo la misma ropa de anoche.
—Descuida ya me voy —dando un paso el enorme cuerpo de James me impide seguir con mi camino.
—¿Qué te gustaría desayunar? —levanto mi mirada para verlo a los ojos, su amabilidad me llenaba de confusión. Siempre lo había visto como un patán, un idiota rompe corazones y poco tacto para dejar a las chicas. Su mano fue a mi hombro y lo apretó, mire su mano sobre mi cuerpo y luego lo mire a él pidiendo con mi mirada que se aleje de mí. James pareció entender la indirecta y soltó mi hombro, pero no se movió ni un milímetro de enfrente de mí.
—Café, solo quiero eso —me rendí al percatarme que no me dejaría en paz hasta que desayunara. Doy un paso hacia atrás y agarro mi celular de su escritorio. Está apagado y con la lluvia de ayer no me sorprende que esté roto. Tendré que meterlo en arroz si quiero que despierte para mañana o pasado. Lo que me preocupa ahora es que no puedo mandarle un mensaje a Agustina debe estar con los pelos de punta preguntando donde estoy. Siempre he salido sin avisar y llegado a altas horas de la mañana, pero desde la muerte de Dylan no he salido más que para la universidad.
—Tenemos arroz si quieres para tu celular y mi hermano está en la casa por si quieres escribirle a tu amiga —mire al castaño con una ceja alzada, pero termine aceptando su ayuda.
Sentada en un taburete de la cocina, con un café y dos media lunas delante y el celular a un lado en un táper con arroz era como me encontró Alan. Traía cara de dormido, pero en cuanto me vio sus ojos se abrieron mucho. No me dijo nada, pero si me entrego su celular para que hablara con Agus. De seguro está a punto de llamar a la policía.
Hola, rubia, soy Isabella estoy en la fraternidad de tu novio, tranquila que estoy bien
Junto al mensaje le envíe una foto de mí con mi desayuno para que sepa que soy yo en verdad. La respuesta de Agus no tardó en llegar y fue en formato audio.