Prueba de admisión

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Ver el traje del director incendiarse trajo un amargo pensamiento a la mente de Alexander. Pensó que así se veían sus padres, tíos y hermana. Sus ojos se empañaron. Noah lo miró y se puso de pie, preocupado.

Entonces Alexander se desmayó.

Sólo podía ver fuego en todas las direcciones. Oía a sus padres gritar, pero no podía verlos. Le ardían los ojos, y le costaba respirar. Pero su piel no se quemaba.

Abrió los ojos varias horas después de haber llegado a Elams. Recorrió el lugar con la vista; parecía estar otra vez en un hospital.

― Buenas noches ―saludó el director―. ¿Cómo estás?

Erick estaba sentado al lado de la camilla en la que estaba recostado Alexander, con el espaldar de la silla enfrente de él. Ya no vestía su disfraz colorido. Ahora llevaba un rojo chaleco abierto que dejaba ver su musculatura, y un pantalón deportivo.

― ¿Buenas noches? ―preguntó Alexander frunciendo el ceño mientras se sentaba.― ¿Qué hora es?

― Actualmente son las 10:37 de la noche. Parece que no habías descansado bien últimamente.

Alexander permaneció en silencio,

― Isseis me habló de vos; no mucho en realidad. Pero lo más importante es que tenés mucho éger. Eso es como un don, ¿sabés? No cualquiera puede decir que tiene mucho. Yo sí, por supuesto.

― Lo siento, señor. No entiendo de qué me está hablando. Le aseguro que no tengo ningún don ni mucho menos sé qué es el... ¿éger?

―No te preocupes. Ahora mismo te voy a explicar. Mirá. El éger es un poder divino que nos fue heredado a ciertas personas. Y da la casualidad de que vos formas parte de ese grupo selecto. Sos un afortunado en verdad ―sonrió como si estuviera orgulloso de él.― Como te decía, el éger nos permite controlar los cuatro elementos de la naturaleza. O al menos así era en un principio. ―Hizo una pausa, como si tratara de buscar en su memoria algo que había olvidado mencionar. Finalmente añadió: ― ¡Ah! Casi me olvidaba. El éger te permite controlar sólo un elemento de la naturaleza.

― ¿Osea que yo puedo controlar un elemento?

―Si el radar no se equivoca, sí.

― ¿De verdad? Pero, ¿cuál? ―Negó con la cabeza al no poder encontrar una respuesta. ― Definitivamente se trata de un error.
― Es muy pronto para descartar la posibilidad. Por eso voy a hacerte una prueba de admisión. Tenemos que asegurarnos de que no podés controlar nada. Mirá. ― El director Erick alzó una caja que tenía en el piso a un costado de su silla. En ella había una roca, un encendedor, un vaso con agua y un globo. ― Con esto vamos a averiguar qué podés controlar y si el radar se equivocó o no. ― mintió. ― Primero vamos a intentarlo con este globo, ¿te parece? Lo voy a apoyar entre mis manos y vos vas a moverlo...ojo. Quiero que uses tu éger.

― No sé cómo utilizar eso.

―Por ahora imaginá que tenés un tercer brazo y que con eso agarrás el globo.

Alexander intentó obedecer a Erick. Imaginó que tenía otro brazo que crecía junto al derecho. Este brazo imaginario se estiró hasta el globo y le dio un puñetazo. Sin embargo en la realidad el globo ni se había movido.

―Nada, ¿verdad? Probemos con la roca.

Alexander hizo el mismo ejercicio y el resultado fue el mismo que con el globo antes y con el vaso de agua después.

― ¿Ve de lo que le estoy hablando? Yo no tengo que estar acá; no puedo controlar nada

―Tranquilo, Alexander. No te des por vencido ni aún vencido. Además, no probamos con el fuego aún.

Erick accionó el encendedor.

El joven ya no tenía ganas de probar. Se había desilusionado. ¿Para qué molestarse en intentarlo otra vez si ya conocía el resultado? Pero algo diminuto en su interior le sugería que intentase. Esta vez imaginó que tomaba a la pequeña llama entre sus manos y que al abrirla aquella había crecido al tamaño de una pelota de tenis. Enseguida desapareció.

Erick esbozó una gran sonrisa. Y eso fue porque lo que pasó con la flama no había quedado en la imaginación de Alexander.

―Felicidades, hijo. Entraste a Elams.

Alexander sonrió, casi por compromiso, pero luego comprendió que Erick no le estaba mintiendo. El gozo en su interior recorrió su cuerpo hasta llegar a su rostro, generándole una gran sonrisa, como si toda su vida hubiese deseado estar allí, aunque no lo fuera. Casi se sintió igual que cuando había subido al cerro 21 de Marzo. Al menos se sentía parte de algo, no como en el orfanato donde sólo era un huérfano más. Se sentía especial.




Afuera de la enfermería, observando a través de la ventanilla de la puerta, estaba Noah, acompañado por Mariel, su novia.

― ¿Por qué hiciste eso, Noah? ―preguntó Mariel, mirándolo directamente a los ojos.

― ¿De qué hablás? Yo no hice nada― respondió en un tono evasivo, desviando la mirada.

―No te hagas. Sí me di cuenta de que vos controlaste la flama. Te conozco. Tenés la manía de mover los dedos cuando controlás algo. Lo que no sé es por qué hiciste eso. No conocés a ese chico.

Noah suspiró. Luego miró a través de la ventanilla una vez más. Pudo ver la sonrisa de Alexander luego de que Erick le dijera que estaba dentro de Elams.

―No lo sé con certeza, pero... creo que veo algo en él. No sabría explicar qué es. Es como si pudiera ver algo en él, algo invisible.

― ¿Potencial?

―Puede ser. No estoy seguro. Es como que siento que está destinado para hacer grandes cosas. Esta prueba de admisión se interponía entre él y esas cosas. Sólo le di un empujón. Fue un impulso. Ni lo pensé.

―Y por cosas como esas me enamoré de vos. Siempre tan noble.

Cuando terminó esas palabras se acercó y besó a su pareja apasionadamente. La puerta los golpeó cuando Erick la abrió.

― ¿Interrumpo algo?

― No. Nada ―respondieron los enamorados al unísono.

― Eso pensé. ¿Cómo va todo con el otro chico?

―Es un ígneo. No hay duda de ello ―respondió Noah.

― Bien. Al menos tenemos dos nuevos. Si las cosas siguen como van, podríamos quedarnos sin alumnos.

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⏰ Última actualización: Mar 22, 2020 ⏰

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