Con pesadez voy abriendo mis ojos mientras que estos se acostumbran a la luz de la luna que entra por la ventana. Un aroma a coco invade mi nariz, junto con unas leves cosquillas en mi mandíbula, baje la mirada y vi lo que parecía ser un nido de color rojo. Poco tiempo tarde en darme cuenta que era Natalia, estaba acurrucada, abrazándome como si fuese una almohada.
Sin despertar a la bella durmiente, y haciendo la menor cantidad de movimientos posibles, me puse de pie mientras me dirigía al baño. Cuando salí, pude ver a Natalia sentándose mientras se rascaba los ojos.
- Buenos días...- dijo ella mientras se estiraba con una voz de recién levantada.
- Hey... - dije intentando saludar, pero fallando por el sueño que tenía. Aún no me recuperaba de la pelea de ayer y aún es temprano, ni siquiera ha salido el sol. Si la cara de ella es un desastre, no me quiero ni imaginar la mía.
Caí rendido apenas tuve un contacto con el colchón. El despertador de Natalia sonó, despertandome de imprevisto, eran las 8 de la mañana. Me levanté mientras que estiraba mis extremidades, haciéndolas tronar.
Apenas fui plenamente consciente de mi entorno pude ver que Natalia brillaba por su ausencia y la puerta estaba entre abierta.
- Buenos días, querido. - dijo en un todo dulce la señora Gonzalo.
- Buenos días, señora Gonzalo. -
- Cariño, me di a la tarea de ir a la casa de tus tíos y te traje algo de ropa. Ellos por un inconveniente no van a poder venir y no querían dejarte solo, así que te cuidaremos nosotros hoy. Por favor, si sientes algún malestar o algo no dudes en decirnos. - dijo ella mientras me entregaba un bolso con ropa. La familia Gonzalo me tiene bastante confianza, a pesar de haberlos conocido hace solo 2 años.
- Gracias, señora Gonzalo. Se lo agradezco mucho. - dije mientras que ella se iba de la habitación para darme espacio para cambiarme.
Vi mi camiseta y la supuesta quemadura no era más que algo superficial, pero por la euforia de la situación los señores Gonzalo no sé dieron cuenta. Estaba con la camiseta levantada, a punto de quitarmela, hasta que oí a alguien entrar, me quité ese trapo de encima y vi a Natalia de pie, con una bandeja con dos platos de waffles y un par de vasos de jugo de naranja. Ella estaba anonadada de lo que estaba viendo, incluso me llegué a preocupar, no hacía movimiento alguno.
- Natalia... - dije mientras me acercaba a ella lentamente - ¿Estás bien? - dije pasando mi mano frente a su cara, sin respuesta alguna.
- Jonathan... Tu camiseta... - poco o nada tarde en entender, estaba con mi torso al descubierto.
- ¡L-Lo siento! - dije mientras sacaba una al azar de la ropa que me habían traído recién.
- Ya se que estas cuadrado, pero no es necesario estar con en lomo al descubierto... Te vas a enfermar, si es que puedes enfermarte. - dijo ella finalmente mientras que se sentaba en la cama. - Ten, para ti. - dijo mientras me pasaba un plato y un vaso.
- Gracias. - le respondí mientras me sentaba en el suelo y los recibía. La curiosidad me invadió sobre algo que escuché ayer. - Hey, Natalia, ¿No tenías cita con un psicólogo hoy? Creo haberlo escuchado de tus padres ayer.
- Ya no, la cancelaron porque tus tíos no pueden venir a recogerte hoy y pues... Te tienen que cuidar. -
- Oh, lo lamento. -
- No te preocupes, no es tu culpa. No me gustaba ir a ese psicólogo de todas maneras, allí van algunos de nuestros compañeros y casi siempre me los encuentro. -
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El forastero
Randomesta es un tipo de parodia a dishonored, en el siglo XXI sin el aceite de ballena o los inventos de Piero y sokolov, en un mundo alternativo , si no les gusta se aguantan y miran otra historia Prros
