Capítulo 6- "Pero no te encariñes demasiado"

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Qué calor. Estoy en un yaccutzi por lo que parece. ¡Oh, sí! Mira, por ahí viene Tony. ¡Espera! ¿Se está quitando el bañador? Quiero gritar. *Aporrean la puerta y abro los ojos aún,sudorosa del sueño.* -Daniela. Son las 7.30, date prisa o perderás el bus- A fuera, suena la voz de mi hermana.

Noto cómo un airecillo caliente golpea en mi oreja y mi cuello. Qué sensación más agradable. Un momento. ¿Qué? Pego un salto, me enrollo en las mantas y  me caigo de la cama. Tony se incorpora por el ruído producido. Se rasca los ojos y me ve en el suelo. Se ríe.

-Ya podrías ayudarme.- indico señalando que me he hecho daño en el culo.

-Buenos días mocosa. ¿Siempre amaneces en el suelo?- se vuelve a reír.

-Que sepas que llegamos tarde y que tú ni de coña puedes salir de mi cuarto y mucho menos de mi casa como si nada.- miro la ventana.

-Podemos ir en coche si lo prefieres. Iremos más rápidos.- se rasca la cabeza avergonzado.

Al final no me queda otra más que aceptar. El,bus ya ha salido.

Voy al baño y me visto. Mayas negras, sudadera que tape bien -ya sabéis-, una cola alta y una bufanda.

-Daniela. Ponte esto por favor.- me dice cuando,aparezco otra vez en el cuarto.

-Tony. Nadie te ha dado permiso para que hurgues en mi armario.- no sé qué hacer con este niño.

-Pero es que nunca te pones vaqueros. Quiero verte y que te vean con ellos. Sólo así te darás cuenta de las cosas.

Le miro con indiferencia y acabo aceptando. Me los pongo y me miro al espejo. Estoy asquerosamente gorda. Me pongo la camisa que me ha dado encima de la sudadera y finalmente la bufanda.

Salgo y aplaude. Qué imbécil.

Salimos los dos por la ventana para que mi madre no nos vea. Subimos a su coche y salimos disparados con la música a tope y,de nuevo fumando.

Al llegar al instituto todos nos miran. Se quedan perplejos. Primero, de verme a mi con vaqueros -ya que desde que entré al instituto no me puse ninguno- y segundo de verme bajar de un coche que además es de Tony. Me sonrojo y éste me sigue. Todos silban asombrados. Qué vergüenza. [...]

Por la tarde, Támara viene a visitarme a casa. Qué sorpresa. No me dio buena impresión al principio pero quiero conocerla y saber cómo es. La invito a un café y charlamos.

-Puedes llamarme Tamy.- indica simpática.

-Encantada pues, Tamy.- pego un sorbo al café.

-Te sale muy rico... Perdona por reírme ayer. Es que mi hermano me contó sus aventuras contigo y no lo creí.- ahora se ríe con fuerza.

-¿Porqué no? ¿Aventuras?- ¿El niño éste no habrá dicho cualquier tontería, no? Lo mato.

-Mi hermano no es muy social. Si lo ves, se abstiene de todos. Es muy raro que hayáis hecho migas. No suele caer muy bien a la gente.-

Ah. Pues no le ha contado nada. Menos mal. Aunque en verdad no hay nada. Pero tampoco me gustaría que inventase una historia inexistente, como hacen muchos. -A mí también me parece raro, pero en verdad me cae genial. Eso sí, se dedica a sacarme de quicio constantemente. Creo que eso me hace mantener la chispa.- me río.

-Sí. Pero no te encariñes demasiado.- ¿Es una advertencia o una amenaza?

Antes de preguntar, llaman a la puerta. Adivinad quién es.

-Tamara te necesito en casa. Mira qué hora es.- chilla desde la puerta.

-Daniela charlamos otro día. Perdona.- sale escopeteada y tras ella Tony. Que ni siquiera me ha mirado.

Otra vez las 7.23 a.m. No entiendo nada. No entiendo absolutamente nada.

No hay un porqué.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora