Capítulo 5- "Esa sensación de malestar"

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Al abrir los ojos siento un frío aterrador. Voy hacia la ventana y observo como Amsterdam está completamente blanca. Sigue nevando y mi hermano pequeño está en el jardín haciendo un muñeco de nieve.

Voy hacia el espejo y me desnudo. Las lágrimas comienzan a salir. Parece mentira que después de cuatro años, el caos no haya acabado. Estoy harta de esta sensación que siento ahora mismo. Harta de depender de mi físico para agradar a la gente y sobretodo, a mí misma. Me tiro al suelo y me hago una bola. Comienzo a llorar desoladamente. Chillando contra el cojín. Estirándome del pelo. Golpeando mi estómago. Arañándome las piernas. No puedo ver lo que el espejo refleja. Sólo hay carne. Unas piernas enormemente gordas. Un estómago que acumula toda la comida ingerida. Esa sensación de malestar... Es horrible.

Me levanto corriendo, sé que ahora mismo no soy consciente de mis actos. No sé qué estoy haciendo. Abro el cajón, cojo mi caja metálica y meto la llave. La abro y saco esa pequeña hoja metálica. Tras hacerlo, me siento mejor. El dolor físico me consigue evadir del emocional. Ver la sangre recorrer mi piel blanca lentamente. Sé que luego me arrepentiré.

Voy a la ducha, pero antes, tapo los espejos con una sábana. Tengo que evitarlo. No puedo dejar que pase otra vez. Tengo que recuperarme por mí misma. Mi familia piensa que estoy recuperada y no puedo fallarles. Mi ducha me encanta. Un muro de piedras verdes, como las de las piscinas, llega hasta la altura de los hombros y me tapa. El suelo es plano y en los laterales tengo los estantes con todas mis cosas. Me relajo por unos instantes. Dejo que el agua recorra todo mi cuerpo. Que mis heridas se vayan secando. Tengo que ser fuerte. Pero sé que necesito la talla 32. [...]

Bajo con el albornoz a por mi café. Mamá me ha vuelto a preparar una tostada, pero la rechazo con la excusa de que por la mañana, cualquier cosa que no sea café me hace vomitar.

Una vez en clase, Tony me saluda y establecemos una conversación. Todos nos miran y sobretodo a él, ya que no había hablado en clase desde que llegó.

Llega la hora del almuerzo. En el comedor nos sentamos Tony, yo, mi hermana y Sarah. De repente, llega una chica. Morena de pelo largo, rizado, con ojos claros, alta, delgada... Guapísima. Todos los chicos del comedor la miran. Ella se dirije hacia nuestra mesa y él la mira con desgana.

-Tony, cielo. Acuérdate que esta tarde nos vamos en tu coche. Tienes que llevarme al centro a arreglar eso. Y quiero que llegues puntual, ¿me oyes?- la chica me mira riéndose y yo sólo siento rabia. ¿Quién es esa y porqué le habla así a Tony? ¿Y además, porqué me mira y se ríe?

-Ya te puedes marchar.- Tony se levanta furioso de la silla y le señala la puerta del comedor. Ésta se marcha divertida y todos siguen mirándola hasta que se marcha. [...]

Por la tarde en casa, no aguanto más y le envío un mensaje al imbécil.

"¿Quién era esa? ¿Puedo saberlo?"

No sé quién me creo, pero me ha dejado totalmente intrigada. ¿Y si es su novia y yo como gilipollas fui con él ayer a un restaurante y en su coche? No, no me gustan esos rollos.

[...] No responde.

Ya acostada en la cama, escucho unos golpes en mi ventana y me asusto. Voy hacia ésta y veo a Tony colgado del árbol y con los labios morados de toda la nieve que esta cayendo. Nada más entrar pronuncia:

-Es mi hermana Tamara.-

-Ah... Yo pensé que... No sé. Bueno. Tampoco era importante.- me sonrojo. Qué imbécil soy.

-¿Celosa verdad?- Me mira haciéndose el interesante.

Le atino una guantada en el hombro y me empiezo a reír. -No, pero tampoco me has contado que tuvieses una hermana. Tampoco la había visto.-

-Se mudó hoy. Es muy agradable, pero me pone de mal humor que me mande y sobretodo que la miren.- se muestra decepcionado. -Seguro que os lleváis muy bien.

Le paso una manta ya que noto como tiembla. Está helado y le ofrezco ducharse. Supongo que no pasa nada, eso sí. Cierro mi cuarto con pestillo. Si Joseph lo pilla aquí, lo mata.

Una vez sale de la ducha, me dirijo a la ventana y veo como graniza. Me giro y veo que el señorito se ha acomodado en mi cama, y lo peor, en mi lado de la cama.

-No, eso sí que no. Nunca he dormido con un chico y además estás en mi lado de la cama.- gruño.

-Qué bien. Voy a ser el primero. Qué emoción.- empieza a reírse.

-Te quedarás hasta que amaine y te vas.-

-Buenas noches pequeña.- apaga la luz y cierra los ojos. Yo me acomodo en la cama alejándome de su cuerpo. ¿Pequeña? Pero qué niñato. Es adorable.

No hay un porqué.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora