Treinta y cinco

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—¡Amelia! —Faith la recibió con un abrazo—. ¿Cómo estuvo tu vuelo?

—Estuvo bien, cansador, pero tranquilo...

La muchacha de cabello negro ayudó a la pelirroja a llevar su bolso escaleras arriba.

—¿Qué hay de ti? —interrogó Amelia.

—Estoy bien, he tenido buenas notas y fui a visitar a mis padres. —habló con una sonrisa.

—Me alegra mucho, ¿cómo están ellos?

—Bien, mi madre tuvo un resfriado, pero nada grave...

—Qué bueno, Faith...

—¿Y tú? ¿Cómo estuvo San Petersburgo?

Amelia dejó el bolso sobre la cama.

—Extraño —respondió después de pensarlo unos segundos—. Pero creo que necesitaba volver.

—¿Pudiste hacer lo que quería tu madre?

—Sí. La llevé al Neva.

Faith sonrió con suavidad.

—Me alegro.

—A mí también.

—¿Ya sabes qué le dirás a Tom?

—¿Cómo sabes sobre eso? —murmuró Amelia.

—Tom me lo comentó de pasada...

—Bueno... —farfulló—. La verdad es que sí.

—¿Sí? —Amelia asintió en su dirección—. ¿Qué le dirás?

Su celular comenzó a sonar, interrumpiendo la conversación.

—Es Tom...

Faith le hizo gestos para que contestara.

—Hola, Thomas... —saludó alegre.

—Hola, moró mou, ¿ya llegaste? —preguntó el británico, quien hablaba con ella mientras trotaba.

—Sí, hace un rato, ya estoy en casa.

—Me alegra saberlo, debes estar muy cansada.

—Bueno, dormí durante casi todo el vuelo, ya sabes cómo soy...

Tom rió.

—Claro que lo sé, tienes un poder que me gustaría tener yo... —El londinense pasó por una calle, y un automovilista le tocó la bocina, a pesar de que él tenía derecho de cruzar—. ¡Idiota!, ¿acaso no viste la señalética?

—¿Qué estás haciendo? —preguntó ella al escucharlo.

—Estoy trotando un rato, traigo manos libres.

—¿Te podrías detener un momento? —pidió ella—. Hay algo que tengo que decirte, y necesito tu atención...

Él se paró en un parque, se quitó los audífonos y puso el teléfono en su oído.

—Ya estoy listo, cuéntame...

—Tom... —comenzó ella—. Ya tengo una respuesta.

El inglés sintió cómo se crispaba su piel.

—Dímela entonces... Es mejor que lo hagas rápido, sabes que soy ansioso.

Amelia sonrió.

—Quiero ir a Londres.

Tom guardó silencio.

—¿Tom?

—Continúa, por favor. No quiero emocionarme antes de tiempo.

Ella soltó una pequeña risa.

—Te iré a ver actuar, como te prometí, y me quedaré contigo algunos días, si no tienes problemas con eso. Quiero conocer la ciudad, ver el Imperial... y también quiero saber cómo sería estar contigo allá. No durante una cena o unas vacaciones, sino de verdad. Compartir una casa, despertar juntos, hacer nuestras cosas... Ya sabes.

—Sé perfectamente a qué te refieres.

—Después de eso podemos hablar otra vez. No te estoy diciendo que vaya a mudarme todavía, Tom.

—Lo sé.

—¿De verdad?

—Sí —respondió, aunque le costara contenerse—. Será como tú quieras que sea.

Amelia sonrió.

—Pero estoy seguro de que amarás tanto este lugar que nunca más querrás irte —agregó él.

Ella comenzó a reír.

—Sabía que no ibas a aguantar mucho.

—He hecho un esfuerzo monumental.

—¿Sabes qué? Realmente me gustaría que fuera así...

Esta vez Tom tardó unos segundos en responder.

—Gracias por darme una oportunidad, Amelia...

—No me agradezcas. Yo también quiero intentarlo.

—¿Necesitas algo? —preguntó Tom—. Es decir... sé que no tienes empleo y...

—Pero tengo ahorros... —Mintió ella.

—Puedo enviarte algo de dinero si lo necesitas...

—Estoy bien, de verdad.

—Prométeme que si necesitas algo me lo dirás.

—Lo prometo...

—Te estaré esperando, moró mou.

—Gracias, Tom... —dijo en un susurro—. Esto es muy importante para mí...

—Agendaré una cita con Philip. Él trabaja en la Facultad de Ciencias, que es donde está tu carrera... —habló emocionado—. Él nos podrá dar un recorrido, así que conocerás el Imperial College London. ¿Qué opinas?

Ella comenzó a reír de felicidad.

—Eso sería maravilloso...

—De verdad te voy a estar esperando...

—Te quiero, Tom...

Él sonrió, mientras guardaba silencio por unos segundos.

—¿Estás ahí? —preguntó ella.

—Sí, sí estoy... —respondió—. Yo también te quiero, te veré pronto.

—Te veré pronto...

Y colgó.

—Es una muy buena decisión... —habló Faith—. Muy inteligente.

—Solo espero que esté haciendo lo correcto...

—¿Qué sería lo peor que podría pasar? —preguntó la asiática.

—Enamorarme más de Tom y jamás poder alejarme de él...


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✒Mazzarena

Panacea Universal (EN EDICIÓN)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora