Amelia sintió cómo una fuerte presión se asentaba en su pecho, arrancándole de cuajo todo el aire de los pulmones. Llena de ofuscación, se sentó en una silla y tiró las fotografías sobre el escritorio de Tom.
—No lo entiendo... yo...
—Sé que debe ser muy difícil de procesar. —habló Stella con suavidad—. Tienes que tomarlo con calma...
La mujer levantó la mirada hacia la dama.
—¿Siempre hace esto? —interrogó con la vista nublada por el llanto—. ¿Con todas?
—Sí —respondió ella con cierta vergüenza—. Desde que era adolescente ha buscado mujeres que, de una forma u otra, se parecen a Violette. Siempre me di cuenta, pero durante mucho tiempo quise convencerme de que era una simple preferencia, algo inofensivo... hasta que te conocí a ti. Contigo se ha pasado de la raya. Te ha traído a vivir con él y no dudo de que pronto te pedirá matrimonio, si es que no lo ha hecho ya...
Amelia la miró con los ojos verdes inundados en lágrimas. Stella no necesitó escuchar su respuesta para comprender que había acertado.
—No quiero que pases toda tu vida con un hombre que no te ama por ser quien eres, sino porque le recuerdas a alguien más —murmuró Stella con tristeza.
—¿Por qué no me lo dijo antes? —preguntó Amelia, llena de rabia—. He sufrido, he aguantado tantas cosas... y todo porque pensé que lo que teníamos valía la pena...
—No pude hacerlo —explicó Stella, frunciendo el ceño—. Tom me prohibió venir aquí y hablar contigo. Ni siquiera sé por qué decidió invitarme esta noche.
—Yo se lo pedí... —confesó Amelia—. Necesitaba hablar con usted sobre el comportamiento de Tom. Necesitaba pedirle ayuda...
Stella la observó en silencio.
Amelia se cubrió el rostro con ambas manos y lloró amargamente durante un largo rato.
—Usted no tiene problemas neurológicos, ¿verdad? —preguntó la muchacha sin mirarle.
—No —respondió Stella, sentándose frente a ella—. Es una mentira que suele utilizar para quitarme credibilidad. Estoy perfectamente sana... incluso conduje hasta aquí esta noche, si eso sirve para mi defensa.
La chica la volvió a mirar.
—¿Cuál de todas estas chicas fue su última novia? —interrogó tomando las fotografías—. La chica con la que se iba a casar, con la que quería formar una familia.
Ella tomó una imagen en particular y se la extendió.
—Emilia D'Amico... bailarina italiana. —Amelia miró la foto, en la que se veía a una mujer pelirroja, de ojos verdes, delgada y hermosa—. La conoció en el teatro... ella lo dejó cuando se dio cuenta de que Tom iba en serio con la relación, cuando compró esta enorme casa de nueve habitaciones...
—Esto es horrible... ¡Tengo que hablar con él ahora y va a tener que escucharme! —exclamó, poniéndose de pie.
—No, Amelia, debes esperar... —la detuvo Stella—. Al menos hasta que termine la fiesta y todos se hayan marchado.
—¡No puedo esperar tanto! Necesito una explicación ahora mismo —espetó Amelia mientras se limpiaba el maquillaje con brusquedad.
—No quiero que dejes a Tom en ridículo delante de todos —dijo Stella con suavidad—. Es mi ahijado, Amelia. Yo lo crié... y, a pesar de todo, lo amo como no tienes idea. Si lo enfrentas ahora, delante de toda esta gente, lo destrozarás.
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Panacea Universal (EN EDICIÓN)
Fanfiction❝El que jamás ha llorado y sufrido en soledad, nunca podrá entender cuan dulce puede llegar a ser el verdadero amor❞ ➤En lugar de una larga parrafeada contándote de qué se trata esto, prefiero dejarte algunos comentarios de mis queridas lectoras: ❝L...
