El veintiséis de agosto, el día después de que Amelia aceptara la oportunidad de estudiar en Londres y vivir con Tom, ambos fueron temprano hasta el Imperial College London para comenzar con los trámites. Le entregaron una cantidad absurda de folletos, revisaron parte de la documentación que necesitaría y calendarizaron la evaluación que determinaría cuánto de sus antiguos estudios podría convalidar y desde qué punto podría retomarlos.
Ese mismo día viajaron a Charlottesville. Amelia tenía apenas dos días para empacar, saldar sus deudas, despedirse y decidir qué hacer con todo lo que había acumulado durante los últimos años. Tom, por su parte, no tendría funciones ni otras obligaciones durante ese tiempo, así que podría acompañarla.
Faith se puso muy contenta con la noticia, alegando que había sabido cuál sería la respuesta de Amelia desde un principio, aunque su entusiasmo disminuyó un poco cuando comprendió que aquello significaba que su amiga se marcharía de verdad.
—Vas a llamarme —le advirtió.
—Lo haré.
—No, Amelia. Vas a llamarme de verdad. No una vez cada seis meses para demostrarme que sigues viva.
Amelia soltó una risa entre las lágrimas.
—Te llamaré de verdad.
Faith la abrazó con fuerza, y por primera vez Amelia comprendió que quizás no era tan fácil desaparecer de la vida de alguien como siempre había creído.
Organizaron una venta de garaje para deshacerse de las cosas que Amelia no podía llevar consigo. Su cama, su hervidor, su mesa, sus sillas, sus platos, su cómoda... todo aquello que había conseguido con tanto esfuerzo durante los últimos años. Eran cosas sencillas y algunas apenas tenían valor, pero a ella le dolía desprenderse de ellas. Habían formado parte de aquella pequeña vida que, para bien o para mal, había construido sola.
En un principio, Tom se vio reacio a que se deshiciera de sus pertenencias, pero ella lo convenció argumentando que esos bienes solo ocuparían espacio en casa, y que ya no los necesitaría. Lo terminó por convencer, aunque la verdad era que ella tampoco quería vender sus cosas, pero necesitaba el dinero para pagar todas sus deudas e irse de Estados Unidos sin deberle un centavo a nadie. Tenía que ser de ese modo; no podía pedirle dinero a Tom, él ya había hecho demasiado por ella.
Tom la ayudó en ello, publicó una foto en Instagram, de él y Amelia, abrazados en el antejardín de la casa virginiana, invitando a todos los que anduvieran por ahí a darse una vuelta por la pequeña venta, y que, por supuesto, compraran algo si les parecía lindo y útil.
El resultado de esa pequeña publicidad fue magnífico. La muchacha vendió todo, y a un muy buen precio. Decenas de personas vinieron ese día, muchos solo a ver a Tom, para fotografiarse con él, grabar videos o pedirle autógrafos, ante lo cual él accedió con la mejor voluntad.
Amelia puso el resto de sus pertenencias, aquellas que le habría sido imposible vender, en un montón de cajas, las cuales enviaron esa misma tarde a Londres. Una vez más, Tom arregló todo, preocupándose de pagar por el envío Premium, y de avisarle a Omar que recibiera la entrega.
Esa noche se fueron a un hotel. Ambos estaban cansados, había sido un día muy difícil y necesitaban descansar, ya que sus vuelos estaban programados para la mañana siguiente.
Antes de marcharse definitivamente de Estados Unidos, Amelia pagó todas sus deudas, incluyendo los dos meses de renta que le debía a la señora Mary. También se despidió de ella y le agradeció su ayuda en aquellos momentos de desamparo, cuando era solo una maraña de pelo con pantalones rotos y zapatos viejos para el resto del mundo.
Ya estaba hecho. No había vuelta atrás, y Amelia terminó de comprenderlo solo cuando puso los pies en el avión que la llevaría de regreso a Inglaterra, esta vez no como una visitante.
Tom dormía a su lado. Estaba agotado y había tomado una pastilla para poder soportar el vuelo, pero ella, por primera vez en su vida, no fue capaz de pegar un ojo durante todo el viaje.
Estaba emocionada, sí, pero también aterrada. Había vendido sus cosas, pagado sus deudas y dejado atrás la ciudad en la que había aprendido a sobrevivir por su cuenta. Cuando aterrizara, comenzaría algo completamente distinto.
Quizás por eso pasó buena parte del vuelo aferrada a uno de sus libros de matemáticas, estudiando con una concentración casi desesperada para la evaluación que la esperaba en Londres.
Tenía que demostrar de qué estaba hecha.
Don't forget to ★
✒Mazzarena
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Panacea Universal (EN EDICIÓN)
Fanfiction❝El que jamás ha llorado y sufrido en soledad, nunca podrá entender cuan dulce puede llegar a ser el verdadero amor❞ ➤En lugar de una larga parrafeada contándote de qué se trata esto, prefiero dejarte algunos comentarios de mis queridas lectoras: ❝L...
