Al llegar al cuarto de Tom, este se dio a la tarea de buscar su vestuario en el armario para enseñárselo a Amelia. Ella caminó por la gran habitación, observando las pinturas y los libros. En medio de su paseo, vio una fotografía en blanco y negro sobre un mueble, junto al Oscar que ella le había regalado hace ya unos meses y otros premios. Dio un par de pasos hacia la imagen y la tomó.
Una mujer, con el cabello hasta los hombros, de ojos claros y rostro pecoso, sonrisa ancha, labios delgados y cejas rellenas.
—Amelia Kuznetsóva... te presento a mi madre, Violette Hoyle...
—Era una mujer hermosa, Tom... —habló en voz baja.
—Sí...
El londinense la miró, le quitó el marco de las manos y volvió a ponerlo en su lugar. La tomó de la cintura y la acercó a él.
—¿Me darías un beso?
Ella se dejó llevar por él.
—¿En frente de tu madre?
—No creo que ella tenga problema con eso, te habría adorado si te hubiera conocido...
La mujer dejó un beso en su mejilla.
—En otra oportunidad...
—Veo que no estás de humor... ¿Muy cansada por el viaje? —dijo mientras tomaba su mano.
—No es nada, solo un leve dolor de cabeza...
—¿Quieres una pastilla?
—No, estoy bien... —murmuró separándose de él—. ¿Me muestras tu traje?
El inglés entusiasmado comenzó a mostrarle cada pieza de su indumentaria, mientras ella no podía dejar de pensar en aquella imagen sobre el mueble.
Sería que...
No, no podía ser.
Aunque...
No.
Unas horas después, luego de intentar reprimir al máximo cualquier pensamiento descabellado, Amelia se fue con Tom al teatro. El inglés tenía que irse antes por temas de vestuario y maquillaje, además de verificar que la escenografía estuviera en pie de la manera adecuada.
Amelia lo dejó tras bambalinas, y ella se fue afuera, a hacer la fila como todos los demás. Tom le dijo que podía esperar en su asiento, para no tener que formarse, pero ella prefirió salir y estar con toda la gente, ya que pensó que se sentiría muy sola adentro.
Había muchas personas, todas elegantemente vestidas, prestas para un evento de aquel calibre, siendo ella la excepción. Se trataba de un teatro grande y hasta el último boleto había sido vendido; era comprensible que allí hubiera tal cantidad de gente.
Detrás de ella había varias muchachas adolescentes. Parecían ser amigas, ya que se reían y conversaban entre ellas con emoción.
—¿Crees que saldrá a tomarse fotos? —interrogó una.
—No lo sé, eso espero... —respondió una rubia.
—¿Cómo crees que se verá en persona? —murmuró la primera.
—Yo lo vi una vez, en una alfombra roja... —comenzó a contar una pelinegra.
Todas rieron.
—¿Qué? —inquirió ella divertida.
—Lo has contado mil veces. Además, lo viste como a treinta metros... —dijo otra.
—Es que es perfecto, no lo podría describir con palabras, es tan...
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Panacea Universal (EN EDICIÓN)
Fanfiction❝El que jamás ha llorado y sufrido en soledad, nunca podrá entender cuan dulce puede llegar a ser el verdadero amor❞ ➤En lugar de una larga parrafeada contándote de qué se trata esto, prefiero dejarte algunos comentarios de mis queridas lectoras: ❝L...
