Tom buscó un diseñador para Amelia, ya que quería que la dama luciera un vestido radiante durante la fiesta y que no tuviera que pasar por el incómodo momento de llevar el mismo atuendo que otra mujer.
Amelia se habría quejado de haberlo sabido con anterioridad, pues lo habría considerado un gasto innecesario. Sin embargo, una tarde, al llegar a casa de Tom, se encontró con un montón de gente esperándola para medir su cintura, busto y cadera, tomarle fotografías, definir su tono de piel, medir el largo de su cuello, entre otras cosas. Ni siquiera le dieron tiempo para discutir: todo la tomó por sorpresa.
Terminó por limitarse a agradecerle al británico, sin ánimos de pelear.
La lista de invitados contaba con más de cien personas, entre amigos, compañeros de trabajo y simples conocidos del inglés. Tom la animó a invitar a algunos amigos de la universidad, entre ellos a "Beatriz", la chica con la que supuestamente salía de vez en cuando. Sin embargo, Amelia inventó que "ella" estaría fuera de la ciudad durante el fin de semana y que, por lo tanto, no podría asistir.
La dama estaba nerviosa por el evento. Tendría que encontrar la oportunidad de hablar a solas con Stella, y estaba segura de que despegarse de Tom durante un rato no sería sencillo. Su forma de disminuir la ansiedad en los días previos fue trabajar aún más duro junto a Ben, intercambiando los problemas de la vida real por aquellos que le planteaban los números.
Los días restantes de noviembre pasaron rápido, hasta que finalmente llegó el primero de diciembre. Esa jornada, las personas corrían de un lado a otro por la casa, arreglando el jardín trasero para la fiesta. Colocaban largas guirnaldas con cuantiosos bombillos de luz por doquier y distribuían mesas de madera fina, cubiertas de adornos, flores, velas y un gran etcétera. El jardín se veía precioso, y nadie podría haberlo negado.
El resultado del trabajo del diseñador fue un vestido que se envolvía divinamente alrededor de su figura. El satín verde viridián brillaba de manera despampanante, creando una pieza hermosa, un verdadero deleite para la mirada. El diseño contaba con un escote de hombros caídos y una larga falda que se arrastraba apenas al caminar. Para completar el fino vestuario, Amelia llevaba un par de tacones de aguja color verde esmeralda.
Cuando se encontró sentada sobre su cama, ya vestida, peinada y maquillada, se miró al espejo.
—Vestido de diseñador... —murmuró pasando sus manos sobre sus piernas—. Vaya tontería...
Tomó el collar que le había dado Tom hace un tiempo, y cuando ya lo había abrochado en su cuello, su teléfono emitió el tono de llamada.
—Hola, Ben... —saludó ella, mientras lo ponía en alta voz.
—Hola, Amelia, ¿cómo estás? —interrogó él.
—Nerviosa... —respondió a la vez que se ajustaba los aros.
—Tienes que estar tranquila... —habló él con suavidad—. Todo saldrá bien. Solo sé tú misma... y si te sientes incómoda, mándalos a la mierda con clase.
—Lo tendré en cuenta. —murmuró divertida—. ¿Qué haces tú?
—Estoy con Nelly... hace poco dio a luz un gatito, y creo que viene el segundo...
—¡Eso es increíble, Ben! —exclamó emocionada—. ¡Eres abuelo ahora!
Benedict soltó una risa ahogada.
—Sí, los malcriaré como es costumbre de los abuelos... —musitó.
—Quiero conocerlos pronto.
—Puedes venir cuando quieras.
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Panacea Universal (EN EDICIÓN)
Fanfiction❝El que jamás ha llorado y sufrido en soledad, nunca podrá entender cuan dulce puede llegar a ser el verdadero amor❞ ➤En lugar de una larga parrafeada contándote de qué se trata esto, prefiero dejarte algunos comentarios de mis queridas lectoras: ❝L...
