Sesenta y cinco

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—¿Señora Hiddleston?, ¿en serio? —preguntó un sorprendido Ben.

Amelia asintió mientras avanzaban en la fila. Estaban en Chipotle, esperando para comprar un par de burritos para el almuerzo.

—Yo creo que se ha dado cuenta de que intentas tomar distancia de él, por lo cual quiere "asegurarte", en cierto sentido, para que así no te marches o algo así... —habló un pensativo Ben.

—No lo sé... suena muy maquinado, Tom no es así...

—Le das demasiada confianza, no deberías creerle tanto... —espetó él con rapidez.

Ella lo miró a los ojos durante unos segundos, frente a lo cual él terminó por desviar la mirada.

—¿Qué cosa no me estás diciendo? —preguntó Amelia, acercándose un poco.

—La fila avanza... —murmuró él.

—Ben.

—No es nada, Amelia.

—Entonces mírame y dímelo.

Benedict volvió la vista hacia ella.

—Solo pienso que confiar ciegamente en cualquier persona es una mala idea. Nunca sabes todo lo que pasa por la cabeza de alguien, aunque creas conocerlo.

Amelia lo observó un instante más, todavía poco convencida.

—Es mi novio... —murmuró ella—. No puedo dudar de todo lo que me dice...

—Es primera vez que te refieres a él como tu novio. —musitó él.

—Anoche me pidió ser su novia... —farfulló ella cabizbaja.

—¿Antes o después de pedirte matrimonio? —interrogó divertido.

—Después, claro. Yo le reclamé eso... jamás me pidió ser su novia, y de pronto me pide ser su esposa... creo que es un salto muy grande. Tienes que preparar un poco a una chica para algo así...

—Sí, me imagino que sí... —murmuró mirándola—. ¿Ya sabes qué le responderás?

—No... le dije que le respondería luego de la tonta cena que se le ocurrió organizar...

Una vez que tuvieron sus burritos, Amelia y Ben caminaron hasta un parque cercano y se sentaron en una banca para almorzar.

—Debe ser triste para él en cierto sentido... —habló Ben de sopetón—. De seguro pensó que saltarías a sus brazos y gritarías que sí...

—¿Y qué hay de mis sentimientos? —preguntó observándolo seria—. Es un gran golpe para mí también... pero tú qué sabes, nunca te han pedido matrimonio...

—¿Cómo sabes que no? —interrogó él alzando una ceja.

—No... —dijo Amelia sonriendo ampliamente—. No juegues conmigo, tú, Benedict Cumberbatch...

—Supongo que quieres escuchar la historia... —habló él antes de darle una gran mordida a su burrito.

—¡Claro que sí!, ¿qué demonios estás esperando para contármelo? —inquirió emocionada.

Él soltó una risa mientras masticaba.

—Su nombre era Norma... Éramos compañeros cuando estudiábamos en el Imperial —comenzó a explicar—. Fuimos novios durante un año. Ella decidió no estudiar un cuarto año y quería que yo me fuera con ella. Me pidió que nos casáramos y nos fuéramos a vivir a Francia, pero yo dije que no, claro... Mi meta era seguir estudiando tanto como fuera posible y convertirme en investigador de la universidad. Ella se enfadó muchísimo conmigo, terminamos y no he vuelto a verla desde entonces...

Panacea Universal (EN EDICIÓN)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora