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Volví a casa y solté todas mis cosas, Luis se acercó corriendo a mi para disculparse, pero supongo que vería mis lágrimas y se echó atrás.

- ¿Qué ha pasado? ¿has vuelto a ir a casa de tus padres? – preguntó cerca de mí.

Negué con la cabeza. Aún tenía el nudo en la garganta.

- ¿Entonces que ha pasado?

No dije nada, no quería contárselo. Él me miró enternecido y me abrazó con fuerza. Lo necesitaba, necesitaba ese abrazo y por eso se lo correspondí. Rompí a llorar de nuevo y él continuó abrazándome. No dijo nada. Así estaba bien, se estaba bastante bien.

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- ¿De verdad hiciste eso? – Pregunté riendo.

-Yo corría y corría y él venía detrás de mi corriendo muy enfadado porque me había llevado su parte de dinero. Me metí en un coche y empecé a conducir, vi por el retrovisor como le pillaba la policía. Había sido una buena idea lo que hice para despistar a la policía.

Me reí. Luis y yo estábamos sentados en el sofá. Yo tenía mis pies apoyados en sus piernas. Comí una cucharada de helado y cogí otra para él. Le di la cuchara y él se comió el helado que tenía esta.

-Joder, ¿y qué fue de tu compañero?

-Me dio pena que le arrestaran. Dos meses después vinieron unos tíos a matarme y acabaron ellos muertos.

- ¿Y qué pasó con tu compañero? ¿No hiciste nada?

- Mandé a unos a la cárcel y murió misteriosamente por extrañas circunstancias.

-Vaya, a ti no se te toca eh. – Reí.

-Hay que tener cuidado conmigo. – sonrió Luis.

-Qué dices, si eres un amor. – Dije pellizcando su moflete.

-Un gran amor, vaya. Pregúntales a los polis que me buscan.

-Mi mejor amigo es uno que está a cargo de tu caso. Y no le caes muy bien. – Reí.

-Puedo llegar a hacerme una idea. Pero ¿a que no soy como me describen?

-En absoluto. Eres un oso amoroso. – Rei comiendo helado.

-Tampoco eso, mujer. Pero soy majete. – Me dedicó una sonrisa.

-Uy sí, eso mismo puedes poner en tu cuenta de Tinder. – Reí suave.

-Quedaría algo así: "Mi nombre es Luis Hernández. Acertaste, el criminal. Ese soy yo. Tengo 35 años, soy majete y tengo 30 millones de euros que he robado a lo largo de mi vida. ¿Te gustaría una vida de acción? Pues yo soy tu hombre". -Lo dijo como un comerciante de la teletienda.

No pude evitar reírme. Él también se empezó a reír sin parar.

-Busco a una mujer... -Me miró a los ojos fijamente. – Buena... morena... de ojos castaños a poder ser... alocada... empática... y que sepa suturarme las heridas que me haga...

Me había descrito a mí. Sus ojos se desviaron a mis labios y vi como se acercaba a mí.

-Luis... - Murmuré mirando los suyos. Mi cuerpo tembló.

- ¿mm? – Él no apartaba la mirada de mis labios. Me empecé a poner nerviosa.

-N...No creo que sea una buena idea...- murmuré. Yo quería, joder si quería, pero lo peor que podía pasarme era que me enamorase de él y cuando se fuera, que era algo irremediable, me dejaría devastada.

- ¿Porqué? Yo quiero, tú quieres... - susurró. Apenas estábamos a unos centímetros de distancia.

-No quiero que me gustes. – Murmuré mirando sus ojos.

Cuando el sol caigaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora