05. Steve Harrington

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Pedido: No

Advertencias: menciones a disfuncionalidad familiar, violencia física/de género, hurt/comfort



Ever nunca había tenido motivos para quejarse de nada en la vida. Era la única hija de un matrimonio que la amaba y consentía cada vez que podía. Tuvo una infancia feliz, llena de amigos, risas y travesuras. Puede que no todo haya sido perfecto, pero mientras crecía siempre estuvo rodeada de gente que la amaba y la hacía sentir feliz y segura. Sus padres la adoraban, se veía con sus amigos a diario, incluso sus vecinos eran amables con ella. Ever no podía pedirle nada más a la vida.

Pero ese mundo de alegría que había conocido una vez ahora parecía ser únicamente un recuerdo de un pasado muy lejano. Todo comenzó a desmoronarse cuando ella tenía apenas 13 años. En ese tiempo la joven empezó a notar como sus padres discutían cada vez que creían ella no se encontraba cerca para oírlos. Nunca lograba entender que era de lo que hablaban, pero sabía que no podía ser nada bueno, porque cada vez que entraba a alguna habitación de la casa guiada por los gritos de sus padres podía notar la tensión en el aire. Obviamente, al ver a su hija los Miller se apresuraban a cambiar de tema y pretender que todo estaba bien.

Pero Ever no era estúpida.

Ella era totalmente capaz de darse cuenta de que su padre parecía estar enojado todo el tiempo, que su madre estaba angustiada a toda hora y, con el tiempo, noto también que su padre llegaba cada día más tarde a la casa. En reiteradas ocasiones ella y su madre cenaban solas. Era algo que le resultaba sumamente extraño dado que su padre nunca había faltado a cenar, por lo menos así lo recordaba ella, pero prefería no preguntar. Ever no sabía exactamente qué estaba pasando en ese entonces, pero sabía que era un tema delicado para su madre, debido a que cada vez que su padre se ausentaba ella tomaba unas cuantas copas de vino de más.

Con el paso del tiempo Ever había logrado acostumbrarse a las peleas, los constantes gritos y quejas de su padre hacia su madre, las ausencias, las actuaciones que ambos llevaban a cabo cada vez que ella los descubría peleando. Incluso había llegado a comenzar a aceptar el hecho de que el matrimonio de sus padres estaba acabado. Ever había conseguido adaptarse a todo porque todavía le quedaba algo bueno en su vida: sus amigos. Cuando las cosas en su casa iban mal, cuando sentía que no podía soportar mas los problemas de sus padres sabía que siempre podía acudir a sus amigos y refugiarse con ellos.

Desde que Ever había comenzado a notar las discusiones entre sus padres sus amigos habían sido lo que la mantenía a flote, eran lo único en su vida que no había cambiado radicalmente, lo unico que le seguía inspirando seguridad, felicidad... Pero entonces sus padres, en un intento desesperado de arreglar su matrimonio, decidieron mudarse para comenzar de cero. Y así fue como Ever, a sus 15 años, perdió para siempre ese mundo feliz y seguro en el que alguna vez había vivido.

Lejos de todo aquello que alguna vez habían conocido, los Miller compraron una casa en un pequeño pueblo en Indiana llamado Hawkins. Lejos de sus amigos y del único lugar que había considerado su hogar, Ever tuvo que adaptarse a vivir en un pueblo como aquel, donde la mayoría de las personas se conocían entre ellas. Se sentía incómoda en todos lados, ese no era su lugar, Hawkins no era su hogar. Lo único que la animaba en esos primeros días era pensar que, con suerte, la relación de sus padres mejoraría y volverían a ser la familia feliz y amorosa que había sido una vez.

Pero Ever no necesito mucho tiempo para darse cuenta de que aquello no sucedería nunca y, entonces, su vida terminó de convertirse en un infierno. El paso del tiempo la había ayudado a acostumbrarse a la vida en Hawkins, pero nada parecía ser capaz de arreglar el matrimonio de los Miller. Las peleas eran cada vez peores y, como si eso no fuera suficientemente malo, el señor Miller había comenzado a beber. Debido a eso—y al hecho de que Ever ya tenía 17 años—los Miller ya no ocultaban sus discusiones. Mas de una vez Ever tuvo miedo de que su padre le pegara a su madre. Era algo que la aterraba, pero por suerte nunca había pasado. Por lo general, su padre solía volver en si cada vez que estaba a punto de levantarle la mano a su madre, aunque eso no lo hacía menos escalofriante, y tampoco evitaba otras expresiones de violencia. Con frecuencia, el señor Miller expulsaba la ira fuera de su sistema estrellando objetos contra el suelo o las paredes.

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