Arthur solía pasear por las tardes con sus zapatos deportivos en el parque estatal, las plantas, perros y personas del mismo gusto que él pasean al unísono de los sonidos alegres y tranquilos que se podían gozar a través del oído más común y satisfactoriamente disfrutar del canto de los pájaros, hojas de arbol crujiendo y conversaciones mudas del alrededor. El sonido del viendo era cálido y refrescante, su caminata pasiva cual vida virgen.
Arthur disfrutaba de los placeres más simples, pues las frutas del mercado irradiaban un olor muy particular que le hacían exaltarse de placer, compraba de todas ellas y al llegar a casa dejaba que su olor se impregnara en todo el cuarto, uno común y corriente como todos en la zona residencial. Disfrutaba en especial de las naranjas, el aroma cítrico le daba caricias en su nariz y pequeños besos en sus mejillas al pelarlas antes de comerlas.
Arthur siempre estuvo intrigado en como era posible que una fruta pudiera ser tan tranquilizante y adictiva!
Tal ves sólo era su perspectiva, no miraba que nadie comprara su misma cantidad de frutas pero no era nada fuera de lo común, todos compran frutas para sí o sus familias.
Su olfato tal vez era especial.
Una tarde caminando, Arthur contemplaba el horizonte sentado en una banca especial que el mismo llamaba la ideal, sentado ahí podía gozar de todo! El sonido de los pájaros, los pasos huecos de las personas en el camino de piedra y el refrescante pasto al moldear la silueta de un zapato bien cuidado, sin mencionar el eco de conversaciones y risillas tiernas de algunos niños, la campanilla espontánea de algún vendedor arrastrando consigo las ruedas de su carrito con chucherías. nada podía perturbar tal paz y tranquilidad pues todo era perfecto, el aroma del aire puro y brisa tranquilizante podían dejar dormir a cualquiera en esa banca.
Al cabo de un rato, las risas de niños inocentes despiertan sus ojos y alertan sus oídos, nada fuera de lo común, salvo una pequeña niña que decide tomar un descanso en su misma banca, se nota exaltada y feliz, llena de vida! Juguetear con sus amigos es agotador pero divertido. A los segundos de contemplar tal ferviente juventud un olor empieza a palpitar en su nariz, algo que nunca había experimentado antes, el sudor ya era conocido pero experimentar un desgarre en su nariz como navajas oxidadas era algo que lo tenía perplejo, era fétido a más no poder y no lograba mantener la calma. Empezó a exaltarse y de su rostro una expresión de desagrado e irritación. La pobre niña cansada y jadeante se voltea hacia el y no puede evitar asustarse, siente el rechazo, asustada e intimidada por el asunto se aleja del lugar lo más rápido posible.
Arthur se levanta indignado al ver perturbada su paz, la mancha rojiza en la banca le causa náuseas y nunca vuelve a posar su vista o cruzar aquel camino de mal gusto.
ESTÁS LEYENDO
Cuentos Para No Leer
RandomAlguna vez has sentido esa sensación de vacío cuando terminas de leer un libro? Como un vaso de cristal que se encuentra al borde de una mesa. qué tal si tú en medio de la noche Tratando de buscar consuelo después de una pesadilla, caminas por el p...
