No era el lugar al que esperaba que un chico como Kasch me llevase.
Habíamos caminado durante diez minutos sobre el bosque luego de dejar su auto a la orilla de la carrera, el lugar se veía bastante tétrico, sentía que nos saltaría algún espectro y nos asesinaría pero eso no sucedió.
Oía como debajo de mis pies crugían unas cuantas hojas secas y ramas de los árboles, Kasch iba delante mío sin dejar de mirar hacia mi, asegurándose que todo estuviera en orden.
Llegamos a un lugar iluminado, en medio del bosque, había una especie de cabaña pequeña debajo de un gran árbol del cual colgaban unas linternas de hierro que en su interior guardaban velas.
A un costado había un área totalmente despejada, verde por completo gracias al césped, a lo lejos se podía observar el lago del pueblo cercano.
La luz de la luna se reflejaba en el agua oscura y las estrellas centellaban más que nunca.
Permanecí embelesada con la vista que no noté el momento en el que Kasch tendió una manta sobre las hierbas en medio del campo.
Él se sentó encima del pedazo de tela, yo lo observé dudosa. No le conocía y aún así había aceptado su invitación.
Seguro que el era un asesino y en este lugar torturaba y cometía grandes crímenes, imaginaba mi cuerpo desmembrado y enterrado en alguna parte de este hermoso bosque, mi cuerpo jamás sería encontrado y entonces el habría ganado.
—Yo, creo que esto no fue una buena idea. —hablé
La luna hizo brillar aún más la mirada azulada de mi depredador y reflejaron algo muy similar al miedo y desesperación ¿Era realmente eso o es que soy tan cabezota que no sé identificar emociones?
—Solo será un momento. No te haré daño. —suplicó.
¿Eres estúpida? Eso dicen todos los asesinos. Aléjate, huye. No lo mires.
El regresó la vista a dónde sea que estuviera dirigiendo sus pensamientos. Mi cuerpo se movió involuntariamente hacia él, aunque sentía un miedo abrumador algo en mi quería quedarse rodeada del aura que despedía este chico.
Me senté justo al lado como habíamos estado afuera del evento de caridad.
Miré hacia el cielo y ahora podía ver más puntos brillantes sobre mi cabeza, la inmensidad del cielo siempre me había parecido un sitio lleno de cuentos en los que solo el sabía los hechos que se suscitaban.
Recuerdo todas las noches que me sentaba en el balcón de la casa de campo y observaba durante horas las estrellas, muchas veces fui participe de los amaneceres más hermosos de la humanidad.
—Estoy seguro que cada una podría contarnos una historia diferente sobre las cosas más extrañas de la noche.—musitó para si mismo—. Podrían darnos respuestas a nuestras dudas, lo sé.
Él parecía tan sumergido en la negrura sobre nosotros.
—Quizá no las necesitamos saber, quizá solo nos guían hacia caminos sin salida.
El permaneció en silencio.
—Eres una chica fuera de lo normal.
—Supongo.
Él se volvió hacia mí y noté esa diversión en su rostro.
—Dos chicos estúpidos, diciendo cosas estúpidas. —soltó una pequeña risa.
Yo reí ligeramente.
Era verdad, absolutamente nadie de nuestra edad diría cosas como estás sin estar drogados.
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Anónimo
Novela JuvenilSeguro que todas las chicas sueñan con una declaración tan romántica y empalagosa para el 14 de febrero pero esa es una probabilidad de una en un millón y también de que le suceda a una de entre un millón. Yo, Valerie Simmons jamás pensé que algo co...
