Amar en la batalla, es amar al enemigo

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— ¡Estás loca! ¡Eres una bruja! ¡NUNCA SERÁS CONSIDERADA UNA REINA! —...- grité exaltada, ella me miró e hizo que me acercaran a ella.-...- ¡Suélteme! -

— No lo has entendido aún, Cariño. Si no quieres que la vida de Edmund termine aquí... — se hizo a un lado para mostrarme a Aslan. — ya sabes de qué lado debes estar — repitió las palabras que me susurró con anterioridad en el campamento del Gran León. — ¡Llévensela! — ordenó.

— ¡Te odio! ¡Nunca te perdonaré! ¡Nunca! ¡Caerás! ¡Todo tu maldito reinado de hielo caerá! — gritaba mientras me llevaban de vuelta al campamento de Jadis.

Una vez allí, me encerraron en mi carpa. Había Minotauros cuidando la entrada, no tenía escapatoria, mi madre entró.

— ¿No te lo advertí? Una reina siempre hace lo mejor para su pueblo y su reino, quitar al enemigo del camino es la única opción — dijo caminando por toda la carpa.

— Eso no fue ni un poco de lo que haría una verdadera reina...eso fue lo que haría alguien que sabe que perderá... — le dije acariciando un mechón de mi ondulado cabello rojizo, sin mirarla.

— Yo nunca pierdo, eso es algo que debes de tener bien en claro — advirtió.

— La única razón por la que tienes todo esto, es por qué yo estaba de tu lado, bruja — la miré desafiante.

— Y está no será la excepción, ¿Verdad? La vida de nuestro antiguo prisionero estará en riesgo si te vas — sé que trata de contener su furia, quiere convencerme, pero no lo logrará, lo hizo durante 9 largos años y no pienso permitirlo.

— Soy lo más fuerte que tienes, pero si me voy... simplemente pierdes. Así de sencillo, Jadis — solté mientras me levantaba de la "cama".

— Así que piensas que no cumpliré mi palabra... Bien. Te diré, cariño. El Hijo de Adán morirá, al igual que lo hizo Aslan, y me encargaré de que observes cada segundo de su lenta y dolorosa muerte, dejaré que su sangre te rodee y te manche, sentirás culpa. Si él muere, será totalmente tu responsabilidad — se acercó a mí y susurró al oído. — si quieres que viva..., cada orden de la Reina debes seguirla — dijo finalmente y salió de la carpa.

Caí al suelo. No sé porque siento una extraña y fuerte conexión con Edmund, siento que debería estar a su lado, que es mi deber protegerlo y estar para él. Así que es lo que debo hacer, por su bien.

Aquella, fue la noche más larga de todos mis días, la que esperaba nunca terminara, pero lo hizo, la mañana llegó y con ella un grito de batalla.

— Debe ser una broma — me quejé mirándo el vestido que usaría para la batalla, ¡Para una batalla!.

Me coloqué el vestido sin demasiados ánimos, me puse el collar, até la vaina con la espada a mi cintura y del otro lado mí daga, en la espalda portaba el carcaj con flechas y mi arco.

Me coloqué el vestido sin demasiados ánimos, me puse el collar, até la vaina con la espada a mi cintura y del otro lado mí daga, en la espalda portaba el carcaj con flechas y mi arco

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