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Durante una mañana soleada en Los Santos, Gustabo, despertó rodeado por los cálidos brazos de su pareja, Jack.

En un primer momento pensó en levantarse para preparar el desayuno, como un detalle para su novio, quien solo tuvo una semana llena de estrés y trabajo; pero al percibir lo tranquilo que se encontraba no pudo evitar sonreír y mantenerse en su lugar. Es que ¿Cómo no? Si tiene el privilegio de sentir al Superintendente, un hombre serio y arisco, en un estado de paz envidiable.

Se quedó en su sitio, disfrutando de la respiración relajada de Conway, la cual compartía el ritmo de los latidos de su corazón; hasta que este despertó de su descanso, gracias a un haz de luz que comenzó a asomar por el gran ventanal de la habitación.

- Buenos días, capullo - mencionó Jack dejando un beso en la mejilla de su novio.

- Buenos días, Superdeficiente - contestó el rubio.

- Vuelve a faltarme el respeto y la próxima vez que Horacio y Viktor quieran ir a tu departamento, tendrás que quedarte con ellos - respondió Conway desperezándose.

Ante tal amenaza, Gustabo, solo fue capaz de soltar una pequeña risa, sabiendo que era una vil mentira. Dado que cada vez que sucede tal hecho el primero en ofrecerle hogar es el mismo Superintendente.

Tras finalizar sus estiramientos, Conway, decidió levantarse. El problema se dio cuando su novio optó por abalanzarse sobre él para evitarlo.

- ¿Qué haces? - cuestionó intrigado el atacado.

- Es tu día libre y son las siete de la mañana, quedémonos acostados un rato más - suplicó García.

- Pero... -

Iba a comenzar un largo discurso de por qué debían abandonar la cama, hasta que vio esos ojos azules observándole como si su vida dependiera de ello, cosa que solo logró recordarle la necesidad de pasar el resto de sus días junto a aquella mirada.

- Anda nenaza, hoy toca quedarse en la cama - contestó Conway, intentando mantener la seriedad que tanto lo representa.

Y como si de palabras mágicas se tratase, su novio se arrojó sobre él, con el único propósito de llenarlo de besos.

- Creo que hoy todavía no te lo he dicho, te amo - mencionó Gustabo sin dejar de abrazar y besar a su pareja.

Palabras a las que, Jack, solo fue capaz de responder devolviendo el afecto que recibía por parte del rubio.

Soft Moments || IntenaboHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora