El taxi amarillo se acercaba cada vez más a aquello que se intuía al fondo del paisaje, ya podía vislumbrar los rascacielos de la gran ciudad, casi mezclándose en el horizonte. Cuando finalmente pudo ver el skyline de Manhattan en su totalidad, Flavio se quedó sin aliento. Así que era eso, la Gran Manzana. Aún no podía creer que estuviese allí, aún no era consciente de la oportunidad que había conseguido. Estaba asustado y emocionado a partes iguales porque iba a ser duro estar lejos de su familia, de su casa, de su Murcia querida, pero no siempre tienes la oportunidad de cursar el último año del Grado Superior de piano en la mejor academia de música del mundo.
Aún recordaba claramente en el momento en el que encontró la carta en el buzón, tras un mes bajando compulsivamente a mirar cada día. El día que la vio, un escalofrío le recorrió el cuerpo y el miedo se apoderó de cada extremidad. Subió a casa sin abrir la carta y la dejó sobre uno de sus pianos. Se sentó en la butaca y estuvo casi una hora inmóvil mirando hacia ella. Llevaba tanto tiempo esperando una respuesta y ahora que la tenía no era capaz de abrir el maldito sobre por temor a recibir una negativa. Ensimismado, no oyó la puerta de la calle ni a su madre y su hermana que llegaban de compras y le saludaban. Cuando abrieron la puerta de su cuarto para ver si estaba, pegó un respingo y las miró, descompuesto. En cuanto se dieron cuenta del papel azul con una enorme J impresa, Bea, su hermana, casi se abalanza sobre él para abrirlo pero Flavio fue más rápido y lo alzó sobre sus cabezas. Sin pensarlo, y sabiendo que si no lo hacía ya le abrirían la carta tarde o temprano, rasgó el papel y extrajo con parsimonia el texto.
'Dear Flavio: we are glad to announce that you've been accepted to Juilliard.'
Ya estaba. No necesitaba leer más. Le habían cogido. Se levantó del piano con el papel en la mano y fue a su mesita de noche a por la botella de agua mientras cuatro ojos -seis si contamos a su gato Rubio- le miraban expectantes.
-Flavio, haz el favor, dinos qué pone, no te hagas de rogar-dijo su madre.
Se giró con calma, sacando de quicio al resto del mundo, tomó aire y exclamó:
-¡ME VOY A NUEVA YORK!
No le dieron tiempo ni a acabar de leer la carta, se abalanzaron sobre él y todo se convirtió en una fiesta.
Y ahí estaba él, mirando con una sonrisa bobalicona a través de la ventanilla cruzando el East River por el puente de Queensboro mientras cantaba para sí New York, New York de Frank Sinatra. Poco a poco, los edificios fueron engullendo el vehículo y no podía parar de mirar con curiosidad hacia todos los lados. De repente, el taxi se paró en un semáforo en pleno Times Square y Flavio contuvo la respiración: el centro del mundo, ese lugar tan fotografiado y a la vez tan de ciencia ficción. Cuando arrancó y finalmente llegaron al hotel de la calle 46, no pudo evitar desear que el trayecto hubiese sido más largo pese a llevar muchas horas de viaje.
Al subir a la habitación en la que se iba a quedar unos días, el cansancio acumulado le invadió y, tras una ducha rápida, se echó a dormir para poder estar fresco por la tarde.
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Cornelia Street
FanfictionAño 2021. Samantha. Flavio. Una nueva ciudad, un nuevo país, un nuevo continente. Nueva York. Una oferta de trabajo, una oportunidad académica. El destino que lleva año separándoles sin que lo sepan, parece empeñado en juntar el camino de dos perfe...