Primer cruce de palabras

427 34 1
                                    

-Hello, I've been watching you playing the piano and I love it-dijo Samantha, esforzándose por poner un acento exquisito y usar las palabras correctas mientras ofrecía su mano, como se hacía en ese país.
Flavio la observó unos instantes, sintiéndose intimidado por esa chica tan guapa, alta y atrevida que tenía delante. Pensó que, por su aspecto y un acento que delataba que no era angloparlante, podría ser de algún país nórdico o incluso francesa. Alargó su brazo para responderle al saludo.
-Hi, nice to meet you- dijo con un hilo de voz. Definitivamente, atreverse a hablar en inglés le iba a costar- thank you.
-Are you a tourist?-preguntó ella mientras caminaba al lado del joven que se dirigía al ascensor.
-Yes and you?
-I'm here to work.
Llegó el ascensor y entraron, cortando su conversación porque estaba lleno de hombres de negocios que subían del bar del sótano y cada uno se hizo hueco donde pudo. En la octava planta, Samantha salió despidiéndose de todos los ocupantes.

Mientras se dirigía a su habitación, pensó en lo soso que había resultado ser el misterioso chico y, en vez de sentir rechazo, la curiosidad creció en ella. Ni siquiera había preguntado su nombre y no sabía cuánto tiempo le quedaba a él de estancia, pero se negó a pensar que había sido su última oportunidad. Pronto se daría cuenta de que estaba en lo cierto.
Llegó a su cuarto y al verse pensó que quizá había asustado al joven con su aspecto. Parecía que venía de nadar en las aguas del Hudson. Se pegó una ducha y se sentó en la cama mirando por la ventana. Llovía torrencialmente y no tenía pinta de que fuese a parar, además, se había levantado un viento fortísimo y no estaba nada apetecible para salir a comer algo, así que cenó parte de la bollería que había comprado y se puso a ver series de médicos y detectives hasta que, poco a poco, se fue quedando dormida.

Por su parte Flavio, dos pisos más arriba, se maldecía por haber sido tan desagradable. Era su primera prueba para empezar a socializar en Estados Unidos y la había tirado por tierra. Quería pensar que era por la impresión que la chica le había causado, pero sus inseguridades se apoderaron de él y entró en pánico. ¿Y si no conseguía conectar con alguien lo suficiente como para ir a tomar un café entre clases? ¿Y si pasaba todo el año encerrado en la habitación de la residencia? No le gustaba ser negativo y solía dejarse llevar, pero le había afectado bastante no haber sido capaz de preguntarle a la joven su nombre o simplemente esbozar una sonrisa. Al fin y al cabo, había ido a decirle que le gustaba como tocaba y no debería haberse comportado así. Se encontraba hasta mal, se sentía muy solo de repente y no sabía cómo iba a afrontar el año. En menos de una semana tendría que entrar en su habitación de la residencia de artistas y no se veía con fuerzas para intentar saltar la barrera de la timidez.
Con el disgusto se olvidó de cenar y se puso a escuchar a Daniel Caesar, uno de sus artistas favoritos que solían tranquilizarle. Le costó conciliar el sueño más de lo habitual porque su mente se dividía entre relajarse con la música y pensar en su futuro.

Cornelia StreetDonde viven las historias. Descúbrelo ahora