Apenas un toque es suficiente para familiarizarse, y a su vez, resulta tan efímero como un delirio soñado a medianoche.
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• Conjunto de relatos, drabbles y viñetas en torno a Haikyuu, manga de Haruichi Furudate el cual nunca podré...
Descripción: Saeko es así, y Miwa no puede cambiarla.
Elaborado en base al prompt idol AU de la Haikyuu Girls Week. Recomiendo leer El balcón de Baudelaire, porque por algún motivo, me inspiró.
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Miwa es superficial, y eso no puede negarlo: le gusta verse guapa y le gusta que los demás le digan que es guapa. Tal vez por eso lo primero que captó su atención cuando conoció a Tanaka Saeko fue el rostro redondeado y perfecto que poseía.
De pronto, se hallaba fantaseando constantemente con cómo sería pasar la brocha cubierta de rubor por sus mejillas, o repasar sus párpados con delineador líquido violeta. Cuando Saeko bajaba del escenario, toda transpirada y con el maquillaje corrido, Miwa sentía tal deleite que se estremecía. En otra ocasión, hubiera resoplado con fastidio, porque odiaba ver su trabajo de horas desmoronarse ante sus ojos; pero ella... Ella era especial.
Saeko tocaba la batería, y en el mundo del entretenimiento ella y su grupo eran todavía niños jugando a los profesionales. Miwa no era mucho mayor, pero trabajaba desde hacía tantos años que ya se había hecho un nombre entre las estrellas jóvenes.
A Saeko, sin embargo, no le interesaba Miwa ─para ella se trataba solo de la peluquera y maquilladora que se encargaba de dejarla más hermosa de lo que era antes de cada show. Y Miwa no podía tolerar tal falta de respeto a su persona, así que se propuso ser el objeto de su atención costase lo que costase.
Miwa no quería pasar por acosadora, pero con la idea de el que arriesga no gana en mente, decidió que podía saltar por el precipicio, pues como mucho, se reventaría la cabeza contra el suelo (y nadie iba a morir en la patética comparación de una mujer que quería sacarse el calentón con una chica que tenía por profesión golpear un tambor).
De esta forma implementó el coqueteo mariposa, que consistía en presionar tan poco que nadie podía decir realmente sí estaba filtrando o no, una acción tan leve que se asemejaba al contacto con el ala de uno de esos insectos: miradas furtivas, acercarse más de la cuenta para pintarle la cara, apoyarle una mano entre los omóplatos, rozarle el cuello cuando la peinaba.
Tal vez fue a causa de sus infalibles técnicas, o quizás otro motivo, pero lo cierto era que en un momento en que se hallaban solas, Tanaka Saeko (ella, la reina de las amadas), se cernió sobre su cuerpo y la arrinconó contra el tocador. Su bonita cara, a centímetros de la suya, hizo temblequear a Miwa de expectación.
─Deberíamos besarnos ─rió Saeko como una hiena.
─Deberíamos ─correspondió Miwa. La abrazó por el cuello y entrelazó sus dedos tras ella.
Lo hicieron.
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Pero claro que nada podía salir bien, porque si todo fuera perfecto, Miwa sería una exitosa jugadora de voleibol y no la maquilladora barra peluquera mal pagada de unas banduchas de morondanga.
A Saeko le gustaba Miwa, de eso no había dudas ─alguien que no siente amor no es tan delicada, tan atenta, tan amorosa─, pero no era su reina.
Saeko era desmedida, una casanova que no cambiaría por una estilista de cuarta, por mucho que Miwa jurara bajarle una estrella de ser un acto posible. Por eso, cuando la ve levantarse en medio de la noche para fumar un cigarrillo en el balcón, Miwa sabe que los ojos que ven al cielo son otros, más espesos, más profundos. Venenosos. Oscuros.
Pero Miwa prefiere cerrar los ojos y darse la vuelta, porque la ignorancia hace la felicidad, y mientras ella finja ser tonta, puede hacerse con la esperanza de que Saeko en algún momento se decida por hacerla la madre de sus recuerdos.
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Me siento rara actualizando a esta hora, pero sé que más tarde no voy a tener tiempo.
Mini drabble por la week de mis niñas bellas. Tengo otro texto para el día tres, pero no creo participar más. Me hubiera encantado escribir todos los días, pero cuando el tiempo escasea hay que priorizar.
Perdón posibles errores (en tiempos verbales más que nada, porque a veces se me enredan pasado y presente y yo me siento: tonta).