Lagrimón delator

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Título: Lagrimón delator.

Personajes: Oikawa Tooru || Blanco.

Descripción: Es un Toto, boludo que no encaja. Prefiere, sin embargo, ver el horizonte con añoranza.

To my lovely Blue.

"La nostalgia de andar lejos solo la cura el regreso"

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"La nostalgia de andar lejos solo la cura el regreso"

Un cartel que hay en la carretera.

Fuera del voleibol, Blanco no es muy observador

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Fuera del voleibol, Blanco no es muy observador. Al contrario: tiende a perder cualquier artículo personal que le pase por las manos, su esposa lo riñe a menudo por dejar la ropa tirada tras la puerta del baño y, en general, nadie le confía cosas muy importante porque, o lo extravía, o suelta la prenda.

Es por eso que se sorprende a sí mismo cuando nota la manera en que Oikawa Tooru ve al sol agonizar cada tarde, como si con cada crepúsculo vespertino, una partecita de su alma muriera junto al día.

Para Blanco, que no es muy sentimental, la tarde representa un momento más del ciclo que debe cumplir; para Oikawa y sus ojos llorosos, es la prueba de otro día superado en esa tierra que lo vio desarrollarse como si de un patito feo a cisne se tratase.

Oikawa ha cambiado, y eso lo sabe cualquier persona: Makki, que del otro lado del mundo adquirió una bandera argentina en la cual envolverse cada vez que hablaran por videollamada; Martínez, que le palmea la espalda y es más che que persona. El propio Blanco y hasta Ushijima, que sigue sus posteos en las redes con religiosa devoción.

Pero hay un algo, eso que lo hace tan japonés ─ y que no se relaciona en nada con que le griten chino en el vestuario─, que lo diferencia del resto. Una melancolía que arrastra como una estela a cada paso, la nostalgia de un cuerpo que parece un infantil recorte desprolijo pegado a un cuaderno.

Un sapo de otro pozo, una pieza que nunca encajará ─y que tampoco pretende hacerlo.

─Ustedes lo japoneses parecen estar siempre sufriendo ─le comenta Blanco una vez, con la esperanza de no ofenderlo.

Oikawa sonríe mostrando los dientes. Nunca se enoja, y sus compañeros han reunido la confianza suficiente como para decirle, seguido de un boludo, el diminutivo Toto.

─Es como decir que todos los argentinos aman la joda ─se burló él─. O el fernet.

─¡¿Qué te pasa con el fernet?! ─chilla Novoa, que pasa cerca de ellos.

Blanco le concede la razón mientras clava los ojos en la ventana e intenta dilucidar qué es lo que Oikawa observa con poética fijeza. Pero... Esa tristeza tan presente en su mirada le transmite algo, una congoja que no puede describir con palabras y se asemeja al desconsuelo que siente una madre despidiéndose de su hijo.

El hijo que debe de salir de su útero a afrontar la frialdad del Universo, alejado del seno de la progenitora y todo lo que ello representa.

─En realidad, me llama mucho la atención ese árbol que hay allá. Y no estoy llorando, solo me duelen los ojos porque no llevo los lentes.

Pero cuando Blanco se gira a verlo, descubre una traicionera lágrima que no se relaciona en nada con la gracia expresada. Le apoya una mano en la cabeza y se promete a sí mismo que lo llevará de vuelta a Japón en algún momento, sin importar qué.

 Le apoya una mano en la cabeza y se promete a sí mismo que lo llevará de vuelta a Japón en algún momento, sin importar qué

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Y cumple.

Es una miseria, pero es mi drabble favorito te juro

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Es una miseria, pero es mi drabble favorito te juro. No lo había escrito para vos, pero sabiendo que amás a Oikawa, pensé que era una buena ocasión para subirlo. 

El cartel del que hablo arriba lo veo todos los días, cuando voy a estudiar. Desde la ventanillas del ómnibus me hace guiños, el maldito. Es una frase que siempre tengo presente, y mientras escribía, me acordé de ella.

Ahora sí me dejo de joder. Blue: espero que al menos una de mis mierdas te halla tocado, al menos, la coraza del corazón (? 

Y ahora  me dejo de joder.

Nana.

One Touch || HaikyuuHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora