Apenas un toque es suficiente para familiarizarse, y a su vez, resulta tan efímero como un delirio soñado a medianoche.
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• Conjunto de relatos, drabbles y viñetas en torno a Haikyuu, manga de Haruichi Furudate el cual nunca podré...
Descripción: Tsukishima estaba harto de encontrar a Kyoutani y Yahaba montándosela.
De: mi, la boluda
Para: mi bella Crissi
XD
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La primera vez lo consideró una casualidad.
Habían pasado el fin de semana fuera de la ciudad por un par de amistosos pactados; y según las quejas emitidas por Kyoutani, su novio se había marchado a la capital junto a un grupo de adolescentes de la secundaria en la cual daba clases justo el día de su regreso ─Kyoutani era, sin lugar a dudas, la persona que más maldecía las salidas escolares.
Ese lunes por la tarde, el entrenador le pidió a Tsukishima que se quedara a conversar con él unos minutos. Primero pensó lo peor: de seguro me he mandado alguna, me van a echar. Y con lo que se había cuidado de no mofarse de sus compañeros para dar impresión de hombre maduro...
Pero sus pensamientos eran infundados, porque lo único que hizo el entrenador fue colocarlo delante de una pizarra e intentar sacarle alguna estrategia deportiva a la fuerza. Por algún motivo ─de seguro el usar lentes─ todos creían que era súper inteligente.
Estuvo en ello por casi media hora, y para cuando pudo ingresar al vestuario a cambiarse, de sus compañeros de equipo no quedaba ni una hebra de pelo.
O eso creyó su ingenua mente, porque apenas puso un pie dentro, escuchó un sonido metálico que lo hizo saltar. Dio una zancada en dirección a los casilleros, seguro de que alguno de los mononeuronales con lo que compartía oxígeno había olvidado alguna de sus porquerías en el lugar.
Grande su fue perplejidad cuando descubrió a Perro Loco con esa cara. Por estar de espaldas, su novio, el tal Shigeru, no era consciente de su presencia, por lo que no tenía reparos en continuar con el reguero de besos y el manoseo desesperado. Su compañero, sin embargo, le palmeó la espalda y le dijo que se detuviera.
Nunca había visto a una persona deshacerse tanto en disculpas como a Shigeru, que de frente, tenía toda la pinta de ser un santo.
Con el pasar de las semanas tuvo que repensar su comparación.
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