Algo Tan Simple

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— ¿Y? — Nico te miraba como si su vida dependiera de ello, sin apartar la vista de ti.

— ¿Y qué pasa, Nico di Angelo? — moviste la cabeza ligeramente a la derecha.

— Una roca — dijo, mostrándote tu regalo —. Me regalaste una roca. ¿Esto es algún tipo de trampa que Mónica te obligó a hacer?

— No — susurraste simplemente —. Es más que una roca. Escuché que Nico di Angelo estaba de mal humor hoy, así que pensé que darle algo para distraerse podría mejorar su estado de ánimo. — Explicaste, sonrojándote, mientras hacías dibujos en el aire con tu dedo.

— Tienes una forma muy peculiar de hablar — dijo él, bajando tu mano del aire —. ¿Por qué hablas de mí como si fuera otra persona?

Solo le sonreíste. Nico y tú quedaron en silencio; tú observabas a tu alrededor y Nico intentaba descubrir qué demonios le habías regalado.

— Me cansé — dijo, dejándose caer hacia atrás —. Cómo algo tan simple puede hacer feliz a alguien, Cascabel, me parece ilógico.

Sonreíste ante el apodo. Hacía un rato que Nico di Angelo te había preguntado tu nombre, y como te negaste a decírselo, optó por llamarte Cascabel. Te pareció curioso, ya que normalmente a alguien solo le interesa el nombre de otra persona si tiene algún interés en ella.

— A veces algo tan simple como un juego puede alegrar el día de alguien — dijiste con dulzura.

Nico simplemente te ignoró y se quedó mirando el cielo con el ceño fruncido.

— ¿Por qué no puedo sentirte? — dijo sin moverse de su lugar —. Ni siquiera tienes aura de muerta. Es como si simplemente no tuvieras aura.

— ¿Huh? — suspiraste —. Sí tengo — dijiste, bajando la cabeza —. Solo que tú no la notas.

— ¿Notarla?

— Nico di Angelo... — El chico cerró los ojos —. Notame~

Cuando Nico abrió los ojos, ya no estabas allí. Como de costumbre, habías desaparecido. Él levantó la cabeza para buscarte, pero no encontró nada más que los pedazos en los que se había desmoronado la roca que le habías regalado. La recogió y se trasladó en sombra a la cabaña de Atenea.

— Annabeth — llamó apareciendo frente a ella —. ¿Qué es esto?

La rubia contuvo un grito, respiró profundamente y tomó la roca.

— ¿Quién te lo dio?

— Cascabel.

— ¿Quién? — Annabeth tardó unos segundos en entender —. Jajaja, ¿la llamas Cascabel?

Nico rodó los ojos mientras soltaba un bufido.

— Bueno, tranquilo — dijo Annabeth, aún riendo —. Es solo arena mojada y un par de químicos.

— ¿Químicos?

— Alquimia — respondió Annabeth —. Es simple. Si quieres saber qué hay dentro, solo tenías que dejar de apretarlo y, con el frío, se abriría solo en unos segundos.

Nico suspiró y se dio cuenta de por qué no lo había pensado antes.

Tomó el papel que había dentro de la roca.

Así que... ¿Lo hice feliz?

Al terminar de leer la carta, una felicidad inusual, un sentimiento de satisfacción, orgullo y una sensación burlesca invadieron su cuerpo, aunque solo bufó.

— Está demente — dijo, sentándose.

Annabeth rió, tomando su libro.

— Detrás de toda esa apariencia de niña mona hay un monstruo, uno muy trol — rió —. Todo un partidazo, Di Angelo — dijo riéndose.

— ¿Es sarcasmo, Listilla?

— No — dijo Annabeth componiéndose —. Si le rompes el corazón, yo misma te rompo en millones de pedazos. Me and the girls.

 Me and the girls

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~Listo~

¿Los hago felices? ;-;

Se despide su humilde, mala escritora favorita
Muchas gracias, buenas noches 💚

Notame || Nico Di AngeloHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora