Capitulo 8: Cráneos y Huesos

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   Nota: Este capitulo requiere ser leído con una canción cuyo link dejé más abajo en la escena indicada. El símbolo ~ indica letra de canción.

Cerca de Madrid, España.

11:45 p.m.

   La puerta fue cerrada con fuerza cuando Guillermo salió por esta. Mientras que Alejandro murmuraba improperios al haber pasado todo el condenado día con ese personaje, preguntándose dónde se encontraba Samuel, pues solo con él quería pasar el día.

   Luego de que haberle dejado al capitán Guillermo en la mañana, este se quedó durante el resto del día haciendo compañía a Alejandro. Lo que no fue de los más cómodo. Todo lo que ellos hablaban terminaba en pelea verbal. Ninguno podía decir dos palabras sin chocar con ideas y luego insultarse; eran como el perro y el gato.
   El joven millonario lo único que quería era que Samuel volviera a la habitación, pues solo con él se sentía a gusto. Además habían quedado a medio hacer cierta cosa.

   Caminó hasta su cama y se recostó en ella. Odiaba el tener que estar encerrado ahí todo el día. Y si no fuera por el hecho de que los soldados le habían quitado las llaves que guardaba de la puerta, podría haber salido hace mucho. Aunque quizás no hubiese llegado tan lejos como creía, pero el salir era algo.

-Maldito hijo de puta. -gruñó lanzándose a la cama. Era todo lo que podía hacer. Pues no quedaba nada más.

   Estaba a pocos minutos de que la bóveda se pudiera abrir, ya casi era miércoles, y eso le estaba ocasionando nauseas. No sabía qué pasaría luego de eso.

"¿Se desharán de mí?, ¿me dejarán a mi suerte?, ¿me arrestarán?, quizás hasta me saquen del país", se decía a sí mismo con miedo de cualquier cosa.

   Suspiró una vez más y cerró un poco los ojos, tratando de que el dolor de cabeza no le viniera de todo. Pues todos los problemas que tenía se concentraban en aquel horrible dolor. Sabía que le irían a buscar en cualquier momento, pero esperaba que jamás llegaran.

Toc. Toc. Toc.

   Fue el sonido que le indicó que había llegado la hora. Se puso de pie con los ojos cansado, se había quedado dormido unos minutos. No se sentía como para bajar a dar una batería que ocasionaba una guerra en quién sabe dónde. Pero debía hacerlo.

-Alejandro, llegó la hora. -no esperó escuchar la voz de Samuel detrás de la otra puerta. Fue lo que necesitó para querer salir de inmediato.

   Abrió la puerta y le vio, ahora llevaba una camisa más limpia que antes, y sobre esta el chaleco antibalas. Lo mismo con otros soldados que se estaban paseando entre los pasillos, todos estaban listos para algo. Todos sabían lo que se venía, todos excepto Alejandro.

-¿Por qué… -no logró ni formular la pregunta.

-Te explico mientras bajamos. -Samuel comenzó a caminar a las escaleras. Mientras el menor le siguió a paso veloz.

   Atravesaron el pasillo del nivel y dieron con las escaleras para bajarlas. Mientras avanzaban Alejandro pudo ver como los soldados estaban todos con armas en manos y en movimiento de un lado a otro, como preparándose para una lluvia de misiles.

"¡Por favor no!, ¿¡qué mierda estoy pensado!?", Alejandro agitó su cabeza de forma fuerte para alejar todos los pensamientos de mierda que pudiera tener.

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