Capitulo 6 - Tensión de Tormenta

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Cerca de Madrid, España.

5:30 p.m.

   La camioneta se detuvo lentamente aparcando en el estacionamiento de la gran casa que tenían en frente, era difícil saber si era una casa o algún lugar de antigüedad. Pues casi todas los detalles estaban hechos con mucha delicadeza y dedicación, era una de esas mansiones de telenovelas o películas británicas.

   Predominaban los colores crema y tonalidades rojas con algunos detalles grises. Poseía un jardín alrededor de dicho estacionamiento, se podía observar desde el frente una piscina en la parte trasera, arboles alrededor de la gran casa, ventanales en el segundo nivel. La construcción tenía cierto toque de antigüedad, pero al mismo tiempo se veía uno de modernidad en ciertos detalles, como la puerta de una garaje subterráneo que se encontraba a la izquierda de esta.

   Se bajaron del vehículo de manera rápida, Alejandro que estaba atrás observó el lugar, era su hogar. Tantas memorias vinieron a él, pero, algo no se sentía bien con esos recuerdos, casi como siempre que los tenía en la cabeza. Frunció el ceño al ver que en el estacionamiento habían más camionetas y vehículos diferentes como del que se bajó. Todos se encontraban estacionados en el lugar, como si de una fiesta se tratara dentro de la mansión.

   Caminaron sin decir nada hasta la puerta principal, y cuando se estuvieron acercando esta se abrió desde dentro, donde un par de soldados estaba vigilando la entrada.

-Identifíquese.

-Guillermo Díaz, grupo Y-3, vengo con el objetivo Alejandro Bravo.- dijo de forma rápida interrumpiendo al soldado, los otros dos asintieron y abrieron de inmediato como temiendo a una reprimenda.
"¿Objetivo?, ¿qué mierda se cree este hijo de puta?", maldecía Alejandro mientras subía las escaleras para que lo dejaran entrar en su propia casa “Se han tomado mi puta casa, ¿por qué la gente se empeña en tratarme como un puto objeto?, ¿por qué todos son tan hijos de sus putas madres?, ¿qué le pasa a esta gente?, ¿por…”, no pudo continuar insultando a todos, cuando tropezó con uno de los escalones de sus escaleras.

-Mierda.- casi da contra el suelo cuando una mano le sostuvo del hombro de la camiseta antes de tocar tierra.

-Te tengo.- le levantó Samuel dejandole nuevamente de pie. El soldado le acomodó las ropas y le sonrió de oreja a oreja.

-G-gracias.- Alejandro se coloró de inmediato ante la amabilidad del soldado, hace bastante que no sentía algo de amabilidad, quizás la sintió cuando Guillermo le invitó a comer, pero más que voluntad fue una obligación para que tuviera fuerzas y mantenerlo aún vivo.

   Una vez estaba recto otra vez, miró hacia dentro de su hogar y no pudo creer lo que estaba viendo. Algunos de sus muebles todos puestos a un lado como trincheras, sus adornos habían desaparecido, algunos se encontraban en el suelo rotos, unas ventanas en las mismas condiciones, el suelo lleno de tierra y soldados vigilando, otros iban y venían, habían algunas computadoras de quién sabe qué tipo de tecnología, era casi como si toda la A.S.N.I. estuviera ahí.

-¿Qué pasó aquí?- exclamó Alejandro pero pareciera como si sus palabras hubieran quedado en el aire.

-Guillermo, mejor tarde que nunca.- un hombre un poco mayor en edad, más del usual de los soldados, se encontraba parado hablando con otros del lugar, luego llamó a Guillermo para que se le uniera.

-Lo siento, general, tuve algunas complicaciones con el enano este.- apuntó hacia atrás con el pulgar.

-Me llamo Alejandro, coño.- insultó, en eso el hombre de cabello oscuro y gafas se adelantó a Guillermo y observó al menor. Analizando al menor de arriba hasta abajo.

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