Algún Lugar al Norte de España.
7:00 a.m.
Se escuchaba de forma constante el sonido de un motor, de gran fuerza, el cual guiaba lo que seguramente era un camión. A ratos daba saltos al subir por algún relieve. La carretera estaba vacía, era como si la única muestra de que aún había población en la tierra era ver el camión recorrer la autopista. Pues era como si por alguna razón todo estaba de acuerdo a un plan extraño para que la carretera estuviera libre y sin, ¿testigos?
-Quédate quieto- decía un hombre con un extraño aspecto; pues no se podía saber si quiera el color de su cabello al tener una capucha, gafas oscuras y un pañuelo que tapaba su rostro como si estuvieran en pleno centro de la epidemia de ebola -. A no ser que quieras que te corte esa tierna carita tuya.- gruñó de forma asquerosa para cualquiera. Sobre todo para aquel que se dirigía.
El joven estaba en el suelo, en la parte trasera del camión, su cara estaba transpirada, sucia, sus ojos rojos y mojados de tanto llorar y temer por su vida. Estaba atado y casi inmovilizado, porque podía forcejear para intentar soltarse, a ratos gritaba pero no podía hablar ya que se encontraba amordazado.
-¡Eh!, tío deja al enano.- habló otro de los hombres que se encontraban ahí, en total eran cuatro. Uno conducía, otro estaba a su lado y el resto atrás con el joven amarrado.
-¿Ni siquiera puedo divertirme con él?- reclamó el mismo hombre. Quien se agachó otra vez y sonriendo se acercó al joven que estaba gritando y moviéndose tratando de soltarse, mientras que de sus ojos no dejaban de caer lágrimas -. ¡Eh!, veo que el enano tiene carácter, ¿puedo soltarlo?- preguntó mirando a su compañero.
-¡No!, ¡joder! Las ordenes son claras, debemos llevarlo para que lo interroguen.
-Además el enano no es tan valiente cuando está sin las ataduras.- rió otro recordando cómo escapaba antes de capturarlo.
-¿A que lo interroguen?, ¿qué puede saber este duende?- rió el que estaba frente a él y se acercó más -¿Sabes dónde está la hoya de oro?- lo siguiente, soltó una fuerte carcajada escupiendo en la cara del joven.
¿Cómo había llegado hasta ese lugar?, ¿qué había ocurrido en tan solo unos segundos?
Recordaba estar en una conferencia con unos empresarios, de las grandes industrias, era algo muy importante. Debía vender ciertas acciones de la compañía de su padre, y no solo eso, convencer para que comprar un nuevo armamento de visión noctura. A pesar de odiar todo ese mundo de negocios que tenía su padre, se vio obligado a participar en él cuando su padre falleció extrañamente. Según los médicos fue una alergia, algo que comió y que su cuerpo no soportaba. ¿Pero cómo en tantos años de vida no supo que era alérgico a algo?, aunque pensándolo mejor, jamás le dijeron qué fue lo que comió, y tampoco le dejaron ver el cuerpo de su difunto papá.
¿Qué era lo que querían esos hombre de él?
Intentó forzar de nuevo sus ataduras, ¿pero qué haría luego? ¿Atacaría a los hombres? ¿Les quitaría las armas que poseían? Era evidente que eran más grandes que él no solo en tamaño, sino en musculatura. Como que viniera con ese mal chiste desde el jardín infantil. Además era indudable la experiencia en combate que estos tenían. Y aunque llegara a un arma, ¿qué haría? Es verdad que había manipulado armas y sabía mucho de ellas, pero jamás había jalado el gatillo de una. Había creado armas para la compañía de su padre, pero nunca las probaba él, siempre su equipó de expertos.
Y de nuevo quedó sin hacer nada, esperando por una luz de esperanza que lo sacara de allí.
Lo siguiente que ocurrió en aquella conferencia fue un destello, humo, gritos y disparos. La visibilidad fue nula, el ruido de vidrios romperse, desesperación, ahogo, miedo, forcejeos, gritos, y luego inmovilidad. Sus ojos fueron vendados por completo, entonces fue sacado del lugar, lo supo porque sentía el aire limpio sin humo, el sonido de un motor, puertas cerrar. Y desde entonces está ahí hasta que le quitaron la venda de los ojos logró ver a quienes lo tenían. De hecho su ropa aún era la que llevaba en aquella ocasión, a excepción del traje, pues llevaba su camisa blanca, la cual estaba ya rasgada y sucia, sus pantalones de terno, su corbata suelta, zapatos negros sucios. Todas sus prendas estaban rotas y sucias.
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Guardián
Fiksi PenggemarLa vida cambia repentinamente, para bien o para mal. Pero cambia. Alejandro jamás creyó quedar involucrado entre un conflicto de guerra y trafico de armas. Pero cuando es el principal objetivo de una organización, deberá escapar para salvarse. Pero...
