Zamora, España.
10:45 a.m.
Ambos caminaban a unos pocos metros de distancia entre sí, la razón: Alejandro no quería dirigirle la palabra a Guillermo. No se sentía confiado de él aún, claro. Luego de lo que le dijo la noche anterior, nada diferente pudo haber sido en reacción.
Misión. Era la palabra que rondaba la mente de Alejandro, todas las respuestas de Guillermo terminaban en "... es mi misión". Y eso de cierto modo dolía, pues el joven podía darse cuenta de que su protector no se interesaba de él, en un cierto modo, ya que solo seguía las instrucciones. Si debía mantenerlo a salvo, era netamente por el objetivo que le encomendaron. Era casi como sentir otro de los tantos guardaespaldas que tenía de vez en cuando en las conferencias o reuniones de negocios.
Como si la civilización decidiera hacer aparición en escena, la ciudad comenzó a notarse; automóviles en la carretera, personas caminando, edificios antiguos, calles empinadas, casas, ruido, turistas. En fin, civilización.
Entraron a la ciudad de forma calmada, ya no parecían fugitivos ni mucho menos buscados por alguna organización que deseaba matarlos. Pues llevaban puesta la ropa que habían hallado el día anterior en el motel, se la habían robado, pero la necesitaban más que nadie en ese momento.
La gente caminando por las calles comenzó a hacerse visible y más notoria, paseando por las estructuras antiguas, observaban todo, sacaban fotografías y paseaban.
-Sígueme.- le ordenó Guillermo, sonaba extraña su voz luego de no haber hablado en un largo lapso de tiempo. Ambos caminaron hasta una plaza que se encontraba cerca, aún observando todo con cuidado, no debían encontrarlos, y en un lugar público, era muy probable que les pudieran ver. Aunque existía la posibilidad de perderse entre la gente y ser un turista más. Posibilidad que Guillermo ya había pensado.
Se acercaron a un lugar de ventas en la calle, Guillermo sacó dinero de su bolsillo y compró un par de gorras de turistas, una combinación entre un fedora y un bucket, gorro de pesca. Ambos se lo colocaron, graciosamente a Alejandro quedándole más grande que a Guillermo, lo que le molestó un poco pero no dijo nada.
-Debemos pasar desapercibidos entre la gente.- susurró el soldado. Quien además había sacado unos mapas y folletos que quién sabe si eran gratis o se compraban.
-Mezclarnos con los turistas.- comentó Alejandro de forma baja entendiendo lo que su guardián quería hacer.
-Exacto.- ese fue un comentario que a Alejandro le hizo pensar un poco. Porque la voz de Guillermo sonó como suave, algo diferente a lo que era antes.
"Podría haberse sentido algo mal por la forma que me ha tratado", le hizo pensar al más joven. Pero claro, nada de esos pensamientos duran mucho.
-Vayámonos, enano. Debemos cruzar rápido la ciudad.
-Me llamo Alejandro- gruñó -, ¿por qué la prisa?- se acercaron a la calle y continuaron caminando por un lado de ella, junto a otros turistas más.
-¿Dónde iremos?- se forzó a preguntar Alejandro, porque la verdad, más difícil era no saber algo, que soportar la indiferencia o ley del hielo.
-Debemos encontrar transporte.- contestó dando otro paso, pero viéndose detenido por un sonido similar al que él sentía. Un rugir estomacal.
-Creo... tengo hambre- comentó el joven Alejandro un poco avergonzado y tragó grueso -, podríamos comer.- El soldado le observó por un momento con una ceja arriba, luego suspiró.
-Tienes razón.
"¿Tengo razón? ¡Tengo razón, sí, tengo razón!", él tenía razón.
¿Hace cuanto que no escuchaba algo así? Ya ni eso recordaba. Parecía tan distante su vida normal de lujos y el presente de caos.
Caminaron hasta un lugar un tanto agradable, con toques de madera rustica y cuadros de campos de flores. Se sentaron en una mesa apartada y Guillermo pidió por ambos.
-Me estás saliendo muy caro, enano.- comentó el soldado mirándole con odio, como siempre.
-Puedo devolverte el dinero.- le aseguró el otro.
-¿A sí?, ¿cuanto cree el enano que puede pagarme por todo lo que hago por él?- Guillermo subió su pierna derecha y la apoyó en la izquierda para luego estirar su brazo por la silla.
"Vaya...", pensó Alejandro al verle así, el soldado era demasiado seguro de todo lo que hacía, incluso de cuando se sentaba.
-En primera, me llamo Alejandro- enumeró el más joven -, en segunda, tú me has dicho que es parte de tu trabajo, así que no debería porqué pagarte algo. Pero podría pagarte mucho más de lo que ganas en tu grupito ese.- quiso sonar duro y seguro al igual que el soldado.
-Ahí lo tienes, todos los de tu clase son iguales: solo les importa el dinero que tengan y que ganen- soltó una risa burlona que le hizo al otro fruncir el ceño -. Eres el mismo chiste malo de todos, la misma mierda de persona que era tu padre.
-Cállate.- se inclinó el joven hacia adelante.
-Una mierda igual que él.
-Cierra la boca.- estuvo a punto de levantarse de la silla, si no fuese por la mesera que había llegado con los sándwiches que Guillermo había encargado. Ella probablemente pudo sentir toda la tensión que habían armado, pero era bueno saber que al haberse sentado en una mesa apartada la gente no se había percatado de su discusión y no habrían ojos sobre ellos.
-Tú no conociste a mi padre.- dijo finalmente Alejandro cuando la mujer se retiró.
-Quizás no, pero no me hace falta haberlo conocido, puedo perfectamente saber qué tipo de persona era.- levantó los hombros con despreocupación.
-¿Qué mierda te hace creer eso?
-El tipo de persona que eres, es el tipo de persona que tu padre te ha hecho ser; mimado, tonto, miedoso, débil, inseguro. Ese eres tú.- Alejandro tenía sus puños apretados, ganas de gritar y golpearle. No lo haría, claro, sabía que sería una completa estupidez, pero estaba repasando varias veces lo que se sentiría golpear el rostro de Guillermo.
-Tú no sabes sobre mi padre, no sabes sobre mí y no sabes nada. No me conoces para darme una crítica de lo que debería ser, tampoco necesitas conocerme para darme una, simplemente no tienes el derecho a decirme quién tengo que ser o quién no. Menos alguien como tú que ha matado personas.
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Guardián
Hayran KurguLa vida cambia repentinamente, para bien o para mal. Pero cambia. Alejandro jamás creyó quedar involucrado entre un conflicto de guerra y trafico de armas. Pero cuando es el principal objetivo de una organización, deberá escapar para salvarse. Pero...
