XXII

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Chris.
3 meses después.

Todos miramos expectantes a la mujer acercándose. Samantha era un manojo de nervios y lágrimas mientras los ojos de la enfermera pasaban de la madre de Kyle envuelta en los brazos de su esposo, y la rubia asustada.

— Ya despertó. —los alaridos que llenaron el lugar hicieron conmocionar a todos alrededor, pero no nos importó.

Sam rompió en llanto y se abalanzó sobre los brazos de Erick al tiempo que Verónica luchaba con las lágrimas que amenazaban por salir. Incluso vi los ojos de algunos de los muchachos contenerlas.

Carajo. El idiota había estado cerca de irse.

— Fue jodido. —asentí cuando sentí la mano de Rick posarse en mi hombro. Habían sido días en donde ninguno había dormido mucho o se había despegado de la sala de emergencias por más de tres horas.

La única que se había ido a casa, había sido Emma para comprobar a Alaia y a Ansel, y Verónica en un par de ocasiones, pero del resto, todos nos mantuvimos aquí sin tener en cuenta la política del hospital sobre las horas de visita.

Ninguno estuvo dispuesto a ceder, y de no ser por la mejor amiga de Emma abogando por todos con el jefe de departamento, nos habrían echado a la policía para sacarnos. No que hubiesen conseguido mucho, porque igual hubiésemos acampado fuera.

— Creo que iré a casa de Lana. Necesito...—mis palabras cesaron cuando mis pensamientos me abrumaron.

Sam había estado a punto de perder a Kyle. Su relación iba de incluso años de idas y venidas. De solo verla sufrir estos días sin pegar ojo, había comprendido el nivel de amor que le tenía.

La idea de perder a Lana me abrumó. Si me había sentido perdido aun sin ser nada, ahora que se había vuelto todo para mí, la sola idea me arrojaba de nuevo al vacío.

No soportaría perderla. La necesitaba conmigo ahora y siempre.

— Entiendo cómo te sientes, Hotch. —soltó de la nada. —Estas mierdas te ponen la vida en perspectiva. —asentí sin saber que más hacer. —Voy a pedirle matrimonio a Mike.

Su confesión no me tomó por sorpresa. Lo veía venir desde hace años.

— Te felicito. —dije sin tantos ánimos. —¿Sabes dónde está Hannah? —sonrió de lado y apuntó a la puerta de la cafetería.

— Christopher. —lo miré. Había compasión en sus ojos y callé a la espera de que continuara. —No la vas a perder. No todos los que están en tu vida se irán.

Asentí a la deriva. El hombre nos conocía a todos tanto como a Mike. Había estado allí para cada uno sin importarle cuantas veces la cagaramos. Sabía que mi miedo iba mucho más allá de perder a la mujer que amaba. Iba hasta el punto de que si la perdía me iba a perder a mí mismo y esta vez no habría punto de retorno.

¿Amor?

Demonios, sí.

Amaba a Lana. Estos meses solo habían afianzado mis sentimientos hacia ella. Había visto lo bueno y lo malo de mi vida y seguía aquí.

Caminé dejando a mi compañero atrás y me dirigí al lugar donde mi agente se encontraba. Su cabello cobrizo me recibió, luciendo completamente cansada cuando fijó sus ojos en mí.
Sonrió de lado y esperó a que me sentara. —¿Todo bien?

Asentí. Había llegado ayer cuando logró poner en orden las cosas en Chicago. Estúpido Reynolds. —Kyle despertó.

El alivio se hizo presente en sus ojos. —Gracias a Dios.

OFFSIDE (Kings Of The Game 4)SIN EDITARDonde viven las historias. Descúbrelo ahora