29 de octubre
La estruendosa música retumba en mis oídos y provoca que la cama bajo mi espalda vibre al ritmo del bajo de la canción.
Me quedo observando al techo como si fuese lo más interesante que alguna vez hubiese visto, jugueteando con una sudadera entre los dedos. Todavía podía sentir su aroma impregnado en la tela de algodón, porque nada había sido tocado de su armario desde hace un año. Nadie se atrevía siquiera entrar en su habitación.
La verdad, lo único que quería era dejar de pensar. Intentaba, fracasando en el proceso, apartar todos mis pensamientos y teorías absurdas sobre la desaparición de mi hermana el Halloween anterior, porque desde ese momento, fue como si una siniestra oscuridad hubiese arropado cada esquina de nuestra casa, provocando entonces que esta dejase de ser acogedora, para convertirse en algo sombrío y lúgubre.
La música ayudaba a disipar el sonido de llanto de mi madre en la habitación de al lado. Era una completa pena tener que escucharla, casi todas las noches, sollozar por la probable muerte de Paige, por mucho que todos quisiéramos convencerla de que aparecería algún día.
En realidad, eso era muy poco probable.
Llevo la prenda hasta mi nariz e inhalo la fragancia de lo que alguna vez fue su perfume. Imagino que abrazo a mi hermana una vez más, despeinando su cabello con mi mano al mismo tiempo que la molesto por su baja estatura. Fantaseo con comprarle un pastel de su sabor favorito, con mucha crema de mantequilla, y darle una sorpresa de cumpleaños a primera hora de la mañana en su habitación, encendiendo una vela para que pudiese pedir el deseo que más quisiera.
Lo único que yo deseaba en este momento, era poder ver a mi hermana de nuevo, por lo menos una vez más.
Suelto un suspiro y aparto la sudadera a un lado. Ella amaba usarlas, incluso aunque la intentásemos convencer de que no tenía que seguir haciéndolo para ocultar las cicatrices en su piel. A pesar de que Paige solía calificarse a sí misma como una cobarde, siempre me gustaba contradecirle para enfatizar que, en realidad, era muy valiente por estarlo intentando cada día.
Sólo espero, desde el fondo de mi corazón, que lo siga intentando donde quiera que se encuentre, si es que aún sigue con vida.
Un sonido que proviene de las escaleras capta mi atención. Suenan pasos fuertes y rápidos, como si alguien estuviese corriendo para subir. Frunzo el ceño. Hoy era un día bastante triste, puesto que se trataba del cumpleaños de Paige, y ella no estaba ya con nosotros para celebrarlo. Sin embargo, alguien ahí afuera tenía la suficiente energía y ganas para hacer otra cosa que no fuese encerrarse en su habitación y llorar.
De pronto, la puerta de mi habitación se abre de golpe, y un chico con sus ojos abiertos de par en par, me observa fijamente con intensidad cargado de miedo.
—¿Qué te pasa, Sander? —digo con fastidio —. No estoy de muchos ánimos ahora.
—¡Calla, John! ¡Tienes que ver esto ahora!
Mi hermano menor habla con un tono de voz fuerte y sorprendido. Pude sentir el temblor en sus cuerdas vocales pronunciando cada palabra. En seguida, supe que algo ocurría.
—¿Ver qué cosa? —inquirí con duda, levantándome de la cama con una lentitud pasmosa.
—¡Ven! ¡Ven!
Sander desaparece de nuevo escaleras abajo como un rayo. Ruedo los ojos y camino detrás de él con menos energía. Si esta era una de sus bromas, me enojaría muchísimo con él. No estaba hoy para juegos absurdos.
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Hotel Bronze
TerrorSe dice que la noche de Halloween es el único día del año en el que la llama que divide la vida y la muerte se apaga. Los espíritus aprovechan la oportunidad para visitar a sus seres queridos, o para hacer travesuras entre aquellos que no creen en l...
