El momento había llegado. Fueron dos días ajetreados y un tanto estresantes. Estar entre equipajes y papeles no es nada relajante, pero digamos que no fue peor de lo que se tenía esperado.
Nayeon no podía negar que sentía un poco de nostalgia. Sus manos temblaban mientras arrastraba aquella enorme maleta fuera de su habitación. Había quedado con Jeongyeon verse por última vez en el parque antes de tomar el taxi que las llevarían a ella y su madre al aeropuerto.
Se sentía muy triste al saber que duraría algún tiempo sin verla. Pensar en eso la hacía sentir un tanto nerviosa, pero a la vez se sentía tranquila al tener plena consciencia de que, sin importar las futuras circunstancias, ellas volverían a juntarse.
Esto no significaba un final, tampoco una ruptura.
Dejó la maleta en medio de la sala y volvió corriendo a su habitación para buscar algo que planeaba dejarle a Jeongyeon durante ese tiempo que iba a estar ausente. Empujó la puerta y tomó el conejo de peluche que conservaba desde su niñez, el objeto más importante para ella en todos los sentidos. Sin importar los años que pasasen, eso sería algo que no cambiaría.
Volvió a salir de la habitación, justo en la sala se encontró con su madre.
—¿Ya está todo listo?
—Sí —caminó para salir.
—Espera, ¿a dónde irás? El taxi está por llegar.
—Al parque, veré a Jeongyeon.
—Cielo, no podemos llegar tarde al aeropuerto, podríamos perder el vuelo...
—Vendré rápido —susurró—. Por favor...
Su madre suspiró sonoramente y asintió.
—En diez minutos estará el taxi aquí, no tardes.
—¡Bien! —salió corriendo.
Corrió por aquella avenida casi como si estuviera siendo perseguida. Algunos vecinos la miraban y reían un poco al verla de dicha forma, se habían acostumbrado a verla corriendo todo el tiempo de un lado a otro.
Cuando estuvo cerca se detuvo bruscamente para recuperar el aire y calmarse. Alzó la mirada y vio a Jeongyeon esperándola de pie con los brazos cruzados.
—¡Me estabas esperando! —volvió a correr y la abrazó casi tumbándola—. Ya estoy por irme, pero tenía que verte antes de hacerlo.
Jeongyeon cerró los ojos y la abrazó más fuerte, deseando de esa manera conservar parte de esa calidez que a partir de hoy duraría un tiempo sin sentir. Acarició su cabello y por un momento deseó detener los segundos para poder alargar aquel regocijo que su alma sentía cuando la tenía cerca.
No había nada ni nadie más que fuese capaz de romper con esa burbuja en la que ambas habían entrado en medio de ese abrazo. Se podían escuchar algunas exclamaciones, risas y ruidos generados por las personas que también ocupaban ese lugar, pero esto era incapaz de traspasar esa atmósfera que se desató entre las dos.
Ya Jeongyeon a ese punto estaba derramando algunas lágrimas silenciosas. Nayeon en cambio, sollozaba de una manera audible para cualquier persona que estuviera siendo testigo de esto.
—¿Me... esperarás... aquí cuando... vuelva? —balbuceó entre sollozos.
—Esperaré —asintió suspirando.
Ambas se separaron con lentitud y acercaron sus rostros, ignorando todo a su alrededor.
—Siempre recuerda que hay muchas cosas bonitas en este mundo, pero que ellas no te superan porque no son hermosas de la manera que tú lo eres —limpió sus lágrimas—. Siempre recuerda que pedir ayuda es lo adecuado, en cualquier situación. Siempre recuerda que aquella persona no volverá a dañarte. Y también recuerda que así como yo, hay personas que son buenas... No todos son malos en este mundo —sonrió—. Recuerda que fuiste la primera en mi vida en muchos aspectos, la primera que me hizo descubrir un sinfín de cosas que jamás creí posibles.
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𝐒𝐰𝐞𝐞𝐭𝐧𝐞𝐬𝐬 | 𝟐𝐲𝐞𝐨𝐧
Romance❝Donde Nayeon tiene un trastorno de déficit de atención e hiperactividad, y Jeongyeon es autista❞ «Entre tantas diferencias, algo encontrarían que las uniría» ▪ Historia 100% original escrita por mi persona. ▪ Se permiten adaptaciones, pero solo con...
