Era la tarde de ese día. Faltaban sólo un par de minutos para que llegara la hora de salir y encontrarse con Nayeon en el parque.
Con todos los eventos del día anterior, Jeongyeon se sentía increíble. Había sido más que memorable, más que inolvidable. Ningún adjetivo lograría encajar a la perfección para describirlo en su totalidad.
Su vida y su manera de ver las cosas habían cambiado tan rápido, que le parecía un poco irreal. Se podía palpar un antes y un después. Ya no era aquella Jeongyeon que no le veía sentido al hecho de continuar viva, o aquella que vivía atormentada las 24 horas del día por los sucesos del pasado.
Poco a poco Nayeon estaba sacándola de esa oscuridad que tantos años la mantuvo encerrada. Estaba forjando un buen cambio en ella, sin tanto esfuerzo, sin presión, sólo como ella parecía ser experta en hacerlo.
Pero hay algo, el día de hoy las cosas cambiarían tomando por sorpresa a ambas chicas... No sabría decirles si eso es algo bueno o no.
Los padres de Jeongyeon habían salido junto a sus hermanas al restaurante de la familia. Tendría un evento con el resto, o algo así escuchó ella. Por supuesto se negó a ir, cosa que era normal para su familia.
Jeongyeon se estaba vistiendo para finalmente ir al parque y así no hacer esperar a su novia. Tomó una camisa de botones color marrón oscura y se la colocó, siendo primera vez que no usaba aquellas grandes chaquetas.
Estaba terminando de peinar su cabello mientras cantaba un poco, aprovechando que estaba completamente sola. Cuando estuvo casi lista, tomó una gorra y la colocó al revés, como solía hacer siempre.
Salió de la habitación y cerró con llave. Cuando estaba a punto de bajar las escaleras, escuchó un ruido proveniente de la cocina, luego otro, otro y otro.
«¿No se habían ido todos?», pensó frunciendo el ceño.
De repente escuchó un silbido, un sonido que reconoció perfectamente, y que provocó que su piel se erizara. Abrió los ojos con terror y miró hacia la puerta de la cocina, casi en cámara lenta se asomó la persona causante de su dolor.
Estaba allí de pie, mirándola fijamente con aquella sonrisa que nunca faltaba cuando estaba cerca de ella. Jeongyeon sintió pánico, su mente gritó.
«¡CORRE!»
—Tus padres habían olvidado algunas cosas, y yo me ofrecí a buscarlas —comenzó a acercarse—. Cuando supe que estabas aquí me ofrecí de inmediato, no sabes cuanto quería saludarte.
Jeongyeon había comenzado a temblar, su boca se había secado y su garganta ardía como si algún líquido tóxico hubiese pasado por allí. Sus puños estaban apretados como nunca lo habían estado antes, podía sentir dolor en cada parte de su cuerpo que se había tensado producto del miedo.
Corrió para acercarse hasta la puerta principal y huir, pero igual que en la pesadilla que había tenido, él corrió y la atrapó justo cuando estaba por escapar. La puerta quedó un poco abierta, él la apretó y la arrastró. Su gorra cayó al suelo.
—¡He venido a saludarte, querida sobrina! —gritó en su oído mientras la arrastraba—. ¿No extrañaste al tío Yoon?
A ese punto Jeongyeon estaba vuelta un caos. Pataleaba y se movía con la esperanza de lograr zafarse y escapar, pero era completamente inútil.
—¡Quédate tranquila! —quiso tirarla sobre el sofá.
Jeongyeon se movió con brusquedad golpeando su cabeza, él la soltó y ella comenzó a correr para subir las escaleras, por supuesto, él la siguió.
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𝐒𝐰𝐞𝐞𝐭𝐧𝐞𝐬𝐬 | 𝟐𝐲𝐞𝐨𝐧
Romance❝Donde Nayeon tiene un trastorno de déficit de atención e hiperactividad, y Jeongyeon es autista❞ «Entre tantas diferencias, algo encontrarían que las uniría» ▪ Historia 100% original escrita por mi persona. ▪ Se permiten adaptaciones, pero solo con...
