El esfuerzo mancomunado que trajo caos en pro de la justicia, había dado gratos resultados. Sin el pilar corrupto pero fundamental que sostenía Estado Unidos, el país pasó por un estado de transición brutal mientras eran disueltas la KGB e Innersloth ante el público. A su vez, un nuevo presidente fue elegido; trayendo a su cauce natural toda una sociedad revolucionada. Siendo que para el segundo año, las calles que antes eran un desastre de escombros y desgracia, estaban llenas de velas, flores blancas y fotografías en las plazas. Todos rindiendo homenaje a las personas fallecidas con llantos de resignación y cánticos que buscaban ayudar a elevar sus almas pérdidas hacia el lugar donde debían ir.
A pesar de todo lo anteriormente dicho, cosas buenas pasaron. Reencuentros después de tanto tiempo, unos que casi se daban por perdidos y otros que habían resultado una increíble sorpresa. Esto último aplicaba a Corey, quién de manera literal pasó casi una semana en completo silencio, solo observando a sus padres andar por la casa como en los viejos tiempos. El hecho de tener un saludo todas las mañanas; el olor de huevos y tocino inundando sus fosas nasales como el mejor de los olores, la risa de su madre mientras veía el álbum de fotos de hace quince años y tener a su padre leyendo el periódico en la misma poltrona de la esquina.
Fue un proceso para que él entendiera que no eran fantasmas o ilusiones de su cerebro producto del shock. Cuando lo hizo, pudieron hablar largo y tendido de aquel proyecto que casi les quita la vida. También fue un proceso entender que lo hubiese querido o no, ya él formaba parte importante de eso tras las ''últimas palabras'' dichas por su madre.
—¿Pero por qué ni siquiera hablaron conmigo de esto?—, Preguntó Corey en plena adaptación a su nueva realidad —Estoy seguro que hubiese colaborado de igual forma —Inquirió, su madre lo abrazó. El dolor empañó sus próximas palabras.
—No podíamos, el gobierno manejaba el mismo video de seguridad que Joseph te enseñó en su oficina. No nos odies por protegerte a toda costa—. Parecía casi un ruego, desde esa conversación Corey se limitó a aprovecharlos al máximo.
Para Dorian si bien la situación era muy diferente a la de Corey, se dio cuenta que había llevado la carga de la ausencia de su madre forzando sus propios límites. Tomando la enfermedad de su padre como catalizador que lo impulsó a necesitar olvidarse de ella. Siempre la extrañó; por lo que tenerla de nuevo era el mejor regalo.
—Quería contarles algo—, En ese instante, cada chico estaba reunido con sus padres y lucían bastante nerviosos. Los adultos tenían una idea, pero no cuartearon a sus hijos de ser los protagonistas del momento. Esperaron pacientes hasta qué, tal como si sus cuerpos reaccionaran al mismo tiempo, los jóvenes alzaron sus cabezas y dijeron al unísono: —Me gusta un chico—. Ambos declararon su amor ante las personas más importantes de sus vidas, con su aceptación y los mejores deseos, les esperaba mucha felicidad.
La cual provenía de la figura delgada, desnuda y sudorosa de Dorian. Corey lo admiraba atentamente, como si temiera que el momento fuese efímero. Acarició su rostro con la yema de los dedos y besó cada lunar que encontrara a su paso hasta la zona sur ya húmeda y dispuesta a que Corey la tratara con toda la atención que una persona enamorada podría dedicar.
Su chico le regaló sonidos llenos de pasión y deseo, escuchar su nombre casi lo obligaba a molestarlo solo para que lo retara y fuera llamado entre lloriqueos que lo volvían un hombre débil a sus instintos carnales. Los preámbulos de su preparación fueron lentos y tortuosos, sin embargo, placenteros en sobremanera; Dorian se sentía en las nubes bajo las manos de Corey, con quién sintió una conexión más allá de lo físico. Habían trabajado juntos para salvarse el uno al otro, eso era invaluable.
Dorian se aferró a la espalda de Corey con uñas, a su cuello con dientes y cada embate que iba más profundo en su interior minimizaba el dolor para convertirlo en sensaciones tan nuevas que estaba impresionado de sí mismo con sus reacciones. Maravillando a Corey, que deseaba obtener más de esa imagen con egoísmo.
Por ser su primera vez, las puertas del clímax se abrieron antes ellos de par en par; dándoles la bienvenida a la mejor sensación compartida de sus vidas. Sus cuerpos estaban exhaustos pero sus mentes aun procesaban el hecho que era el inicio de un deseo irracional pues la sintonía fue tal que esa vez no tuvieron suficiente.
—Estás pensando muy duro, casi puedo escucharte pervertido—. Corey abrió un ojo con una media sonrisa en su rostro sonrojado. Dorian estaba durmiendo entre sus brazos o mejor dicho: fingía estarlo.
—Ni siquiera sabes lo que puedo estar pensando, el pervertido al parecer es otro—, Dorian bufó, con las orejas rojas siendo la evidencia perfecta para darle la razón —¿Lo ves? tus orejas te delatan. ¿Acaso estabas pensando en esa vez?—. Insinuó como un susurró cerca de su oreja. Dorian se sentó y se cubrió con la sábana, solo dejando algunos mechones de su cabello y sus amatistas a la vista.
Corey se sentó de igual manera, atrayendo a su pequeño ovillo para abrazarlo. Dorian podía ser audaz y tan tímido que cuándo ocurría lo segundo, rayaba en lo adorable. Ambos se quedaron así un rato, observando a través de la gran ventana de la habitación como el sol comenzaba a salir. Dejar que los rayos del sol bañaran sus cuerpos lo habían convertido en su rutina cada mañana.
—¿Sabes? creo que nunca te agradecí por haberme salvado—. Comentó Dorian mientras se acurrucaba mejor en el pecho de su compañero —Pero por alguna razón pienso que estábamos destinados a conocernos.
—Es lo único que agradezco de haber participado en Among US luego que todo terminara—. Expresó con sinceridad. Si le hubiesen dicho que tendría que luchar por quedarse con el amor de su vida, volvería a hacerlo sin dudar.
Entonces, tras un rato largo en silencio Dorian habló con seriedad.
—Está duro—. A Corey se le subieron los colores al rostro.
—La tuya también lo está—. Respondió el pelinegro igual de serio.
—Pero el desayuno familiar es dentro de veinte minutos—. Añadió Dorian.
—Entonces tenemos veinte minutos—. Y casi de inmediato Dorian estuvo sentado sobre Corey, en sus miradas había amor y complicidad.
—Te amo, Corey—. Confesó Dorian con un nudo en la garganta. Corey se sentó y le sonrió ampliamente.
—Igual yo, Dorian. Igual yo.
N/A: Aquí acaba esta historia que comenzó con un reto para salir fuera de mi zona de confort. Finalmente lo he concluido y me hace sentir más que orgullosa. Proyecto Impostor está dedicada a mi gran amiga @strawmarii_arts (en Instagram)
¡Mil gracias por haber leído!
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Proyecto Impostor
Short Story[COMPLETA] Para mantener a su padre hospitalizado, Dorian necesitaba mucho dinero; o un milagro. Incapaz de mantener sus trabajos de medio tiempo y su propia vida al corriente, deposita su última esperanza en la boleta de participación para la copa...
