Capítulo 6

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Con el ánimo por los suelos, me levanté a la mañana siguiente. Me había resignado demasiado pronto al aciago futuro que me esperaba. Sí, cuanto antes lo asimilara, mejor. 

Iba a salir de mi cuarto cuando la mascarilla que estaba sobre la mesilla de noche entró en mi rango de visión. Suspiré y me la puse, justo en el momento en el que la puerta era abierta por varias mujeres, y detrás de todas ellas, Reiju. 

-¡Hola, hola querida! -una de las recién llegadas se acercó a mí y me abrazó-. ¡Qué gran alegría para las dos familias hoy!

Claro, una alegría, por supuesto, sobre todo. Estaba que quería gritar de la emoción, vaya. 

-¡Hemos venido para prepararte para que estés preciosa para recibir a tu futuro esposo! -otra de las mujeres comenzó a mirarme, como si quisiera quedarse con mis ojos o alguna inutilidad de esas. 

En un abrir y cerrar de ojos me veo envuelta en miles de telas de colores, predominando el verde. Las dejo hacer y me relajo, sabiendo que el resistirme sólo traería más problemas.

La mañana y la tarde pasan casi sin sentir, ya que al rato vino Reiju a charlar conmigo mientras las demás me preparaban para el evento que se produciría al atardecer.

¿He dicho ya que tengo ganas de llorar?

Para cuando me doy cuenta, estoy mirándome al espejo con Reiju detrás acomodando el velo y dándome palabras de aliento.

Tengo que admitir que tato el vestido como el velo son preciosos, y el maquillaje junto con el ramo son igual de bonitos. Sí, voy guapísima y me siento guapísima, pero eso no quita lo mal que me siento interiormente.

Dicen que la mona aunque se vista de seda, mona se queda, ¿no?

Pues esa soy yo.

Sí, me veo guapísima, pero no acepto el por qué voy así. Si fuera para otra celebración en la que no fuera yo una de las protagonistas, no me importaría. Pero no es así. 

Quisiera hacerme una bolita en este mismo instante, esconderme del mundo, dormir y no despertar nunca más. 

-¿Yukia, estás bien? -la voz de Reiju me saca de mis pensamientos. Me doy la vuelta y ahí está, increíble con su traje celeste totalmente pegado a su cuerpo. 

Mierda, quisiera ser ella ahora mismo. 

-Sí, tranquila -miento a la vez que le dedico una sonrisa. Ella me mira durante un buen rato hasta que unos golpes en la puerta nos sacan del estado de amodorramiento que nos había invadido. 

-¡Es hora! -una voz estridente nos avisa, para después escuchar unos pasos que se alejan. 

Reiju suspira y me pone las manos en los hombros. 

-Ánimo, preciosa -me da un abrazo corto y me abre la puerta para que salga. 

Paso por la puerta intentando llevar la cabeza bien alta. Dejamos atrás los pasillos silenciosos y cuando llegamos a la puerta principal, por la que tendré que salir sí o sí, me detengo en seco. 

Suspiro y miro con decisión la puerta cerrada. No quiero pasar por ella, pero aquí estoy. 

Como en un sueño, las traspaso, dejando que la luz del atardecer llegue a mis ojos. Tengo que admitir que es un atardecer precioso. Un atardecer tan bonito para una ceremonia tan horrible. 

Allá voy. Un paso adelante, otro más, y otro, y otro... Así hasta llegar al comienzo de la alfombra roja que parece reírse de mí. 

Levanto la mirada y ahí está él, que me mira con una sonrisa socarrona. Joder, qué ganas de quitarle esa expresión de la cara. 

Respiro hondo y camino hacia delante, sin quitar la mirada de sus ojos. No para de transmitirme una especie de reto. 

¿Conque estas tenemos, eh?

No le quito los ojos de encima. Para mi pesar, tengo que decir que ese traje le queda realmente bien. 

Hay música sonando, pero la verdad no le presto nada de atención. También hay mucha gente, de la cual no conozco a absolutamente nadie. 

Cinco metros y estaré a su lado... Respira hondo, tranquila. 

Dos metros... No te alteres, ánimo. 

Ya estoy a su lado. Respiro hondo y dejo que me quite el velo. Lo hace con cuidado, como si quisiera retrasar todavía más esta tortura, y además no quita esa sonrisa. 

Finalmente me quita el velo y la ceremonia da comienzo. Conecto el piloto automático y recito los votos cuando llega mi momento, y de la misma manera le coloco el anillo. 

-Yo os declaro marido y mujer. Puede besar a la novia. 

Me quedo sin aire al escuchar esas palabras. Yonji no parece tenerlo en cuenta y acerca sus manos a la mascarilla que cubre mi nariz y boca, dispuesto a besarme. 

No, no, no. 

Una lágrima cruza mi mejilla derecha a la vez que él termina de quitarme la mascarilla. 

Cierro los ojos, y su rostro aparece en mi mente como una maldición, recordándome que no tendré mi final feliz. 

Después, aparece la cara de él

Perdóname, amor mío, sé que te dije que mi primer beso sería sólo para ti. Pero no ha sido posible, perdóname. 

Abro los ojos y veo a Yonji a centímetros de mi rostro, observándolo con detenimiento. Dejo que las lágrimas sigan cruzando mi cara. Al fin y al cabo, esto es lo que me queda. 

Cierro los ojos y noto sus labios sobre los míos. Es un beso rápido, de apenas diez segundos, se separa y me sonríe. 

-Ahora comienza tu vida de verdad, Yukia Vinsmoke. 

No sé si mirarle con asco, seguir llorando o hacerle caso, de verdad. 

Miro al cielo, que está teñido de colores anaranjados y poco a poco deja paso al añil nocturno. Las estrellas empiezan a brillar de una manera débil y la luna no tarda en aparecer tampoco. 

Ahora que lo pienso, el cielo parece distinto. 

¿Y si este estúpido al que ahora tendré que llamar "esposo" tiene razón? 

Antes que nada, ¡Perdón por haber estado tanto tiempo desaparecida! No he estado muy bien anímicamente y tampoco tenía muchas ideas para escribir. Espero que estéis todos bien, y ¡mucho ánimo en estos tiempos tan difíciles!

An arranged marriageHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora