Capítulo 12

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-Mi amor, debes descansar -le dijo Yonji. Yukia lo miró desconfiando un poco, pero sonrió y asintió.

Yonji sintió que el peso en su corazón crecía aún más, pero permaneció callado y aupó a su esposa en brazos. Le besó la frente y Yukia se apoyó en su pecho, notando el fuerte latir del corazón de su marido.

Salieron de la consulta y Yonji hizo caso omiso de las miradas que le echaron su hermana y su cuñada. Volvió a su habitación y dejó a Yukia en la cama, no sin antes dejarle un casto beso en los labios y arroparla con las sábanas. Ella sonrió y le acarició la mejilla.

-No te merezco -le susurró ella. Él asintió y salió de la habitación antes de dejar que las lágrimas comenzaran a brotar incontrolables.

Salió a buscar a la única persona que sabía que lo entendería, mientras luchaba por mantener el rostro serio para que no le vieran llorar.

Lo terminó encontrando sentado en la puerta principal, observando a un par de chiquillos jugar. Se sentó a su lado y soltó un suspiro.

Sanji le miró de reojo y volvió a observar a los niños.

-No se lo has dicho, ¿verdad? -le preguntó el rubio, y él negó.

-No soy capaz de contárselo, Sanji -le confesó el peliverde mientras se pasaba una mano por el rostro, claramente frustrado.

-¿Y vienes a pedirme ayuda? -Yonji asintió ante la pregunta de su hermano-. Dime, Yonji, ¿qué crees que debería hacer?

Yonji frunció el ceño.

-¿A qué te refieres?

-¿Debería ayudarte a pesar de todo el daño físico y psicológico del que has formado parte desde que tengo uso de razón? -le escupió Sanji, dejando a Yonji helado-. Mira a esos niños. Es algo completamente normal el que jueguen entre ellos a esa edad, ¿pero qué hicisteis Ichiji, Niji y tú? Os dedicasteis a hacer de mi vida un jodido infierno, como si no fuera suficiente con todo el maltrato de parte de Judge.

Sanji se levantó y encendió un cigarro para darle una larga calada.

-Dime, ¿qué debería hacer, teniendo en cuenta todo lo que hiciste? El pasado no perdona, hermano.

Yonji se quedó de piedra al escuchar a su hermano. Le dolía, pero tenía que admitir que tenía toda la razón del mundo. Miró al suelo, sin ser capaz de levantar la mirada.

Sanji se agachó para quedar a su altura y le miró mientras fumaba tranquilamente.

La cabeza de Yonji era un desastre. ¿Por qué había dado por sentado que su hermano le ayudaría? ¿Por qué no había caído en el pequeñísimo detalle de que a lo mejor le echaría en cara el pasado?

-Debes odiarme -consiguió decir después de un largo rato en silencio. Sanji soltó una carcajada al escucharlo.

-Odiar es para débiles, hermanito -le soltó-. Es verdad lo que dices, debería odiaros con todo mi alma, pero en realidad os compadezco.

Yonji lo miró de hito en hito sin ser capaz de creerse lo que le estaba contando.

-A Ichiji, a Niji, a ti -prosiguió el rubio mientras terminaba de fumar-. ¿Qué culpa tenéis de que Judge haya querido cambiar vuestro código genético para que no sintáis absolutamente nada, sólo para que seáis más fuertes? Ya ves que contigo no ha funcionado. Estás loco por ella, admítelo.

Yonji bufó al escuchar aquello, pero no podía negar lo que llevaba meses sintiendo en el pecho cada vez que la abrazaba o la besaba.

-Pero aún así accedisteis a lo que él os ordenó, todo porque yo sí podía sentir y vosotros no. ¿No crees ahora que era una tontería? Tú mismo lo sabes, lo estás viviendo.

-Sanji, yo... -Sanji le cortó antes de que pudiera seguir hablando.

-Déjame terminar. Es obvio que en cuanto terminemos de hablar te darás cuenta de todo lo que te estoy diciendo, pero me temo que el dolor que sientes por no ser capaz de decirle la verdad a tu esposa no va a ser nada en comparación con la humillación que vas a sentir delante de los demás cuando se enteren que, de alguna forma, el experimento de Judge no funcionó tan bien como él pensaba. Somos la excepción que confirma la regla, Yonji. Somos tan fuertes como cualquiera de esos dos, pero piensan que porque no sienten nada son mejores que nosotros.

Yonji cerró los ojos y dejó que las lágrimas salieran por fin afuera. Ya le daba igual quién pudiera estar mirando, necesitaba urgentemente dejar salir todo.

Notó que Sanji lo abrazaba.

-Vamos a demostrarle a esos cabrones que no tiene nada que ver la fuerza con los sentimientos, Yonji -le susurró al oído Sanji, y él asintió-. Te ayudaré, porque sé por lo que estás pasando y no es fácil.

Yonji no encontraba las palabras para agradecerle todo lo que iba a hacer. Sonrió y se secó las lágrimas ante la mirada del rubio.

-Gracias -fue la única palabra que se abrió paso entre el nudo que ahogaba su garganta y le impedía soltar todo lo que quería decir.

Sanji asintió y sonrió.

-Primero vamos a visitar al brujo -Yonji lo miró como si se hubiera vuelto loco-. Tú hazme caso.

El rubio comenzó a andar y el peliverde le siguió. Si lo iba a ayudar con Yukia, lo demás daba igual.

Después de caminar durante un rato largo, llegaron a una choza muy apartada del resto de las demás construcciones. Sanji entró como Pedro por su casa y Yonji lo secundó, pero algo más cohibido.

-Brujo, qué bueno verle -le habló el rubio a una sombra al fondo de la habitación.

El fuego que había en mitad de la choza crepitaba con felicidad, Yonji se sintió feliz de pronto, como si el calorcito que emanaba la hoguera tuviera algo que ver.

-Dígame, joven Sanji -la sombra por fin se movió y Yonji vio a un anciano arrugado como una pasa, con el cabello blanco y una buena cantidad de mantas encima de él, como si no bastara el fuego.

-Mi hermano necesita una predicción sobre su esposa -le pidió el rubio. El viejo asintió y se acercó al fuego, donde echó un puñado de un polvo verde, volviendo el fuego de ese mismo color.

Yonji lo miró asustado.

-Cuéntame, joven -le pidió el brujo.

-Bueno... -Yonji se apresuró a sentarse enfrente del fuego-. Mi esposa tiene 21 años...

-No me cuentes sobre tu esposa, cuéntame sobre lo que quieras saber tú -le cortó el anciano.

Yonji carraspeó.

-Quisiera saber qué es lo que me esperaba a su lado -soltó sin más. El anciano asintió y comenzó a echar polvos de distintos colores hasta que el fuego se volvió negro y blanco.

Yonji comenzó a mirar el fuego, pero se asustó al ver una figura femenina con cola de pez en mitad del fuego, mirándolo.

El brujo volvió a echar más polvo, y esta vez el fuego se tornó azul como el mar.

-Esto no es bueno -masculló el anciano. Sanji y Yonji lo miraron con aprensión-. Jóvenes, ¿conocen la leyenda de la dama del mar?

Ambos negaron. ¿A dónde quería ir a parar el anciano?

-Veréis... -el anciano comenzó a cantar con la voz cascada, y pronto los dos chicos quedaron prendados de aquella historia que contaba el anciano.

La historia hablaba de una sirena encarcelada que buscaba desesperadamente la salida de su jaula. Pero lo que más le sorprendió a Yonji fue que al final se hablaba de un beso de una mujer a otra mujer.

-¿Entonces? -preguntó Sanji después de que el mago llevara un rato callado.

-Debéis encontrar a la verdadera Yukia y traerla de vuelta -sentenció el anciano.

An arranged marriageHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora