Yonji nunca tuvo tiempo suficiente para mirarse a sí mismo y reflexionar al final del día si había hecho bien, si había algo que mereciese la pena resaltarlo entre las demás acciones. Siempre estaba pensando en nuevas formas de perfeccionar su entrenamiento y cómo conducir la guerra que se removía inquieta en el futuro, como algo incierto.
Pero supo que había estado haciendo mal cuando se encontró solo en su habitación, tratando de no moverse mucho para no sentir más molestia.
Encendió la luz del cuarto de baño y pasó por delante del espejo sin atreverse a mirarlo. ¿Para qué, si ya sabía lo que había?
Encendió la ducha y se metió debajo del chorro, esperando que el agua lograra relajar su cuerpo agarrotado.
Alzó el brazo y apretó los dientes al verlo lleno de cardenales y pequeños cortes. Suspiró y salió: no tenía ganas de seguir observándose.
Volvió a pasar por delante del espejo y esta vez sus ojos lo traicionaron, recorriendo cada moratón y herida que ahora eran parte de él.
-Eres un hijo de puta -masculló mientras volvía entre dolores a la cama.
Se acostó y se dio la vuelta para quedar en el lado donde solía dormir Yukia, e inspiró con fuerza el aroma que ya empezaba a desaparecer de las sábanas.
Hacía ya varios días que no conseguía derramar ni una sola lágrima, ni siquiera cuando el recuerdo de su risa inundaba su cabeza. En vez de tristeza o alegría, vacío, simplemente vacío.
Después de haber hablado con su hermano, volvió a su cuarto, o al menos eso intentó.
Un par de guardias lo tomaron por los brazos y lo obligaron a ir con ellos. Como se resistió, uno le golpeó la nuca y lo dejó inconsciente. Su siguiente recuerdo era estar él encadenado en un cuarto sin apenas iluminación, con su hermano Ichiji golpeándole el rostro con fuerza, quizá demasiada.
Su padre había dado la orden de dejarlo encerrado hasta que confesase el por qué había golpeado a su hermano.
Y Yonji no estaba dispuesto a darle la satisfacción de que supiese la verdad.
Como casi siempre, se quedó dormido al poco rato de estar acostado, intentando olvidar un poco su realidad.
Sus sueños siempre tenían un punto en común: la desaparición de Yukia. Quería acabar con aquella sensación de ahogo con la que despertaba de cada sueño.
Esta vez lo despertó el sonido de la puerta abrirse lentamente. Se incorporó asustado y vio a Sanji, que cerraba la puerta casi con delicadeza y se giraba hacia su hermano.
-Nos vamos -le dijo sin más-. Vístete con lo primero que pilles, porque no tenemos mucho tiempo.
Yonji lo miró sin entender, pero obedeció y tomó una camiseta blanca junto con unos pantalones y zapatos negros. Agarró una sudadera con capucha oscura y se la puso.
-¿Qué estás haciendo? -le preguntó el peliverde.
-¿Eres tonto o te caíste de la cuna de pequeño? -le respondió el rubio mientras abría la ventana y dejaba que entrara una ligera brisa.
-Sanji, si estás pensando en que vamos a saltar desde ahí, estás loco -le advirtió Yonji-. Apenas puedo moverme.
-¿Y quién dijo que tú ibas a moverte? -le replicó Sanji mientras se acercaba a él y le ataba una cuerda al pecho.
Yonji comenzó a pensar que los cigarros estaban afectando al cerebro de su hermano cuando de repente se vio colgando por la ventana, únicamente sostenido por la cuerda. Antes de poder gritar, Sanji lo soltó.
-¡Hijo de puta! -el insulto se lo llevó el viento y cerró los ojos para no ver el suelo acercarse a una velocidad bestial.
Esperó el golpe, pero este nunca llegó.
Se encontró balanceándose en mitad del aire, sobre una burbuja de aire. Abrió los ojos y vio a su hermana mirándole desde abajo. Suspiró de alivio y notó a Sanji aterrizar a su lado.
El rubio lo miró y le sonrió ampliamente.
-¿Listo? -le preguntó, y Yonji sólo fue capaz de asentir.
Aquel fue el pistoletazo de salida.
La burbuja reventó y Yonji cayó justo al lado de su hermana, que le apartó con un golpe del pie.
-Arriba, pedazo de inútil -fue lo único que Reiju le dijo a su hermano, que le respondió con un gemido de dolor.
Yonji se levantó a duras penas y vio que se acercaba a él un hombre de pelo negro y ojos grises hacia él. Después, su mente se quedó en negro.
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Volvió a despertarse con un intenso dolor en todo el cuerpo. Fue a incorporarse cuando escuchó una conversación al otro lado de la puerta.
-Sabes que lo hago porque tengo total confianza en ti, Sanji. Pero te recuerdo que él y los demás intentaron matarte a ti en tu boda y cuando eras más pequeño.
-Ya lo sé. Lo hablé con él y se arrepiente de haber participado. Pero aún así te recuerdo que su esposa está encerrada y yo he dejado a la mía sin ninguna explicación y embarazada, Luffy. No es una decisión fácil para ninguno de los dos.
-Lo entiendo, pero permíteme que tenga mis reservas. Y ahora ve y dile que deje de escuchar, que tengo que hablar con él.
Yonji se quedó helado al oír a Luffy, que abrió la puerta y se le quedó mirando fijamente.
-Torao me pidió que cuando despertaras te pusieras esto -le tendió una pomada, que Yonji tomó con algo de miedo-. Voy a dejártelo claro, esto lo hago porque le tengo un gran aprecio a Sanji. Ni se te ocurra pensar que lo hago por ti, pedazo de capullo.
Yonji asintió y comenzó a ponerse la pomada por los brazos, apretando los labios al notar el escozor que le causaba la crema. Luffy lo observó en silencio unos segundos y salió del cuarto, cerrando la puerta detrás de sí.
El peliverde terminó de ponerse la crema y dejó el tubo en una mesa cercana a la camilla. Suspiró y se tumbó de nuevo, intentando dejar la mente en blanco aunque sólo fuera por diez segundos.
Estaba cansado de pensar todo demasiado y no quería caer víctima de su propia mente.
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An arranged marriage
FanfictionNi él ni yo queríamos, claro está... Pero nadie nos dio la opción de rechazarlo, por lo que aceptamos sabiendo que no nos amábamos.
