Capítulo 4

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La puerta del carruaje se abrió y yo... No estaba para nada preparada. Mi hermano me ordenó no salir hasta que se hubiese bajado él, a lo que obedecí sin rechistar. 

Mi hermana y su marido bajaron. Mientras esperaba, mi hermano me pidió que me cambiara de ropa. Lo miré sin entender y con su santa paciencia, señaló una caja semiescondida debajo de los asientos. Suspiré y la abrí, sacando de allí un mono verde y unas sandalias azules. 

Santa paciencia la que me iba a tocar tener, y por desgracia me faltaba. Recordé las palabras que me dijo mi hermana mayor, Yamato, en su día:

"Algún día necesitarás tener paciencia para algo importante, y lo estropearás todo por tu carácter de mierda".

Quién me iba a decir que le terminaría dando la razón a mi hermana. 

Me vestí rápidamente y mi hermano, que había estado todo el tiempo delante de la puerta para darme privacidad, me miró.

-¿Lista? -me preguntó casi con pena y le dirigí una mirada de sarcasmo. 

-¿Lista para ser llevada al mismo infierno? Claro, llevo preparándome para esto toda mi puta vida, no te jode -le respondí de muy malas maneras. Me arrepentí de hablarle tan mal, pero no daba para más en ese momento. 

-Ánimo Yukia -intentó animarme, pero iba a ser algo imposible. 

Suspiré y salí del carruaje. Sentía una gran presión en la cabeza y pecho, y algo me decía que me iba a tropezar. Esto último era bastante improbable, al tener a mi hermano de casi 5 metros a mi lado. La mascarilla que llevaba me estaba jodiendo de una manera increíble, al faltarme al aire para respirar correctamente. 

Levanté la vista y mis ojos se encontraron con un hombre de pelo verde, como el mío, pero más intenso y con un peinado bastante peculiar. Llevaba un traje de color bosque y unos auriculares escondían sus orejas. Por alguna razón que desconocía (nótese el sarcasmo) llevaba una cara de asco. Sus cejas eran rizadas, como las de su hermano Sanji. 

Pero por Dios, menuda cara de mierda que me llevaba. 

Llegué a su lado y me inspeccionó de arriba abajo, lo que me molestó en gran manera. 

-¿Tú eres Charlotte Yukia? -su voz escondía sorpresa, pero no por nada había participado en torturas en Wano para distinguir las distintas emociones en la voz de una persona. 

-¿Algún problema si lo soy? -le pregunté, con ganas de salir corriendo de allí. Esbozó una sonrisa y me volvió a revisar, a lo que yo respondí con una mirada de asco. 

-Deberías tener más respeto hacia tu futuro esposo -me recalcó las dos últimas palabras. Este no sabía por dónde se había metido. Pobre y pequeño ignorante.

-Sí, respeto el que yo te diga. 

-¿Sabes que puedo hacer de tu vida un infierno si sigues por ese camino?

-Sí, venga. Hasta otra fantasma. 

-Eres una insolente. 

-Y tú un pervertido que se dedica a observar cuerpos ajenos sin permiso. 

Se acercó a mí y me susurró a la oreja, intentando intimidarme. Buen intento chaval. 

-Seré un pervertido, y por eso no sabes la que te ha caído encima, enana insolente. 

-No me intimidas. Ah, y atrévete a intentar tocarme, porque entonces estás muerto. 

-Puedo hacer lo que yo quiera. 

-Conmigo lo llevas claro. 

Ya está, me había cansado de esa actitud de mierda. ¿Adónde me vas con tanta prepotencia, pedazo de subnormal? Que te den, gilipollas. 

Me alejé de él, dejándolo con la palabra en la boca y me acerqué a un hombre con una larga cabellera rubia. El padre Vinsmoke, supongo. Saludé con una reverencia y lo miré casi con desafío. 

Sí, puede que yo sea una borde, pero hay algo que se llama educación. 

-¿Charlotte Yukia? -preguntó el hombre, y yo asentí levemente.

-Sí señor. Hija de Kaido y Charlotte Linlin. 

-Mi futura nuera, ¿verdad? 

Me mordí el labio, pero volví a asentir. Parecía que se divertía haciéndome aquellas preguntas retóricas.

-Así es señor -hablé a regañadientes. 

-Muy bien. Os casaréis mañana al atardecer. 

-Se hará como usted desee. 

¿Hay algo que me molesta más que me den órdenes? Que me las de un hombre que me está obligando a casarme con alguien que no conozco de nada. 

Y no, no se llama hipocresía el tratar como se debe a un extraño, se llama educación. 

Mundo de mierda, personas de mierda, en el que se ponen antes los intereses económicos que los propios ideales. Triste, pero cierto. 

Actualizar dos veces en una semana, deberían darme algún premio por conseguir escribir tanto en tan poco tiempo. A ver, que tampoco es que haya escrito la Biblia, pero lo poquito se agradece, la verdad. 

¡Mucho ánimo a todos en estos tiempos tan difíciles! Como dice la canción, volveremos a brindar. 

An arranged marriageHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora