Expectativa vs Realidad

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Me miro en el espejo una última vez antes de salir de casa. Dentro de lo que cabe no estoy nada mal. Hoy me he puesto un vestido azul marino con cuello de Peter Pan y unos stilettos de color negro. Estoy… adorable. Mona si me apuras. Seguramente pensarás que soy la típica protagonista de novela que es un pibón pero que no lo sabe y se infravalora. Pues no. Siento decepcionarte. Ni soy una barbie ni pretendo serlo. Mido un metro setenta y tres, tengo el pelo rubio, la cara llena de pecas como si me hubieran salpicado con una brocha de pintura, pechos pequeños, nariz no muy respingona y caderas poco pronunciadas. Además, soy un poco patilarga. Sí, patilarga Felicity dice que estoy loca y que no es cierto, pero os juro que es verdad. Tampoco es que sea muy evidente, no te vayas a pensar, pero yo que me veo todos los días en el espejo de cuerpo entero que tengo en mi habitación, me doy cuenta de este detalle de mi físico. Y no, no estoy traumatizada por eso.

Hay gente alta, hay gente baja, hay gente delgada, hay gente gorda y a mí me ha tocado ser patilarga. Por suerte, más allá de la medida de mis piernas, también tengo mis encantos. Por ejemplo, tengo unos ojos preciosos. Son grandes, de un azul cobalto intenso y con las pestañas muy largas, espesas y negras, por lo que aún destacan más. Mis labios son carnosos y siempre los llevo pintados de rosa, ese es uno de mis signos de identidad. También tengo un buen culo. O eso han dicho siempre los chicos con los que he salido (aunque mi historial amoroso no es que sea muy extenso).

Tras haberme dado el visto bueno, cojo el bolso, la chaqueta y salgo de mi pequeño apartamento del Raval. Es un piso antiguo y no es muy grande, solo tiene dos habitaciones, y una es tan pequeña que toco las paredes de lado a lado cuando extiendo los brazos, pero a mí me encanta. No puedo aspirar a mucho más teniendo en cuenta los precios abusivos del alquiler en la ciudad y lo que me pagan. Suficiente hago para llegar a fin de mes. Mis padres a veces me dan algo de dinero, aunque ellos tampoco es que tengan una situación muy boyante. Somos una familia de clase trabajadora de un pueblecito pequeño del Pirineo, es lo que hay.

                           

                           ♥ ♥ ♥

Llego a casa de Kate media hora más tarde. He venido en taxi para ahorrarme los trasbordos del metro. Pago al taxista y me bajo del vehículo sintiendo como las piernas se convierten en gelatina a causa de los nervios.

¡Ay, Dios! ¡Estoy a punto de ver a Kate!

Kate, la mujer de mi vida, con la que quiero casarme, tener cinco hijos y vivir en una casa grande con jardín y valla blanca. En este momento recuerdo la conversación de esta mañana con Lena. ¡Menuda idiota! Meneo la cabeza y me obligo a eliminarlo de mi mente, tengo que centrar todos mis pensamientos en Kate y en lo que está a punto de suceder.

Subo las escaleras que me separan de portal y llamo al interfono. Kate abre la puerta y me apresuro a coger el ascensor. Cuando aprieto al timbre de su piso, el corazón me bombea tan fuerte que parece que quiera romper mis costillas para salirse rodando de mi pecho. Estoy a un paso de que me dé un infarto y que tengan que venir los paramédicos a reanimarme con un desfibrilador.

Kate no se hace esperar. Abre la puerta y me mira con una de sus sonrisas arrebatadoras.

Jesús, María y José, ¡está increíble esta noche!

Lleva un atuendo informal muy diferente al traje que suele llevar al trabajo: vaqueros algo desgastados, un jersey a rayas remangado hasta los codos y las zapatillas de andar por casa. El cabello, de un marrón algo oscuro, sigue perfectamente peinado a un lado, sin un pelo fuera de su sitio.

Psdt: Te odio (Supercorp)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora