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Mi vida terminó una noche de febrero

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Mi vida terminó una noche de febrero. Y, sin embargo, aquí estoy. Miro por la ventana del destartalado edificio de tres pisos, sintiendo que el tiempo pasa a través de mí como el viento entre los escombros. No sé cuántos días han pasado desde que todo cambió. Solo sé que ya no soy yo. Y que nada de lo que fui importa en este lugar.
Me encontraba sentada a oscuras leyendo un clásico, Alicia en el país de las maravillas, perteneciente a una señora- quien al parecer era profesora de literatura- quien fue una de las víctimas de la reciente masacre de mis compañeros vampiros. Me resultaba curioso cómo una niña podía ser tan ingenua para tomar y comer cosas solamente porque así lo decían sus etiquetas. Bien podría haber sido algún alucinógeno y listo.

Miro a mi izquierda y noto a Bree- una novata de tres meses a la que le tome cariño-de pie en la sombra que proporcionaba el edificio, en un intento por pasar desapercibida, como siempre. Tenía los ojos clavados en la pared que había a mi lado. Los bajos del edificio habían albergado una tienda de discos cerrada hacía mucho; los cristales de las ventanas, víctimas del tiempo o de la violencia callejera, habían sido sustituidos por tableros de contrachapado. En la parte alta había apartamentos, vacíos —supuse—, dada la ausencia de los habituales sonidos de los humanos cuando duermen. No me sorprendió, aquel lugar parecía que fuese a venirse abajo al primer golpe de viento. Los edificios al otro lado de la oscura y estrecha calle se hallaban en un estado igualmente lamentable.

El escenario habitual de una salida nocturna por la ciudad.

Yo sabía que ella estaba realmente sedienta y lo único que quería era encontrar a algún desafortunado al que no le diese tiempo siquiera de pensar en escaparse. Yo hacía todo lo posible para controlar mi sed, aguantar lo más que pudiera, no quería llevarme otra vida conmigo, prefería morir de hambre, claro que eso no era posible.

Por desgracia, Riley nos había hecho salir esa noche con los dos vampiros más inútiles sobre la faz de la tierra; nunca parecía importarle a quién mandaba en los grupos de caza, ni tampoco se le veía particularmente molesto cuando el hecho de enviar juntos a los integrantes equivocados suponía que un menor número de gente regresase a casa. Esa noche me habían encasquetado a Kevin y a un chico rubio cuyo nombre desconocía. Ambos formaban parte del grupo de Raoul; por tanto, ni que decir tiene que eran estúpidos. Y peligrosos. Pero en aquel momento, principalmente estúpidos. En lugar de escoger una dirección para irnos de caza, de repente se hallaban inmersos en una discusión acerca de qué superhéroe sería el mejor cazador de entre los favoritos de cada uno de ellos. Era el rubio sin nombre quien ahora exponía su alegato a favor de Spiderman y ascendía deslizándose por el muro de ladrillo del callejón mientras tarareaba la sintonía de los dibujos animados.

Escuche el suspiro de frustración de Bree. ¿Llegaríamos a irnos de caza en algún momento? Me preocupaba que esos imbéciles le hicieran daño a Bree por tomar un poco de sangre. Desde que Bree llegó tiendo a ser sobreprotectora con ella; no puedo evitarlo, la veo como una pequeña hermana, tiene tan solo 16 años.

𝘿𝙪𝙨𝙠 »𝙀𝙙𝙬𝙖𝙧𝙙 𝘾𝙪𝙡𝙡𝙚𝙣Donde viven las historias. Descúbrelo ahora