Nunca fui el tipo de chica que llama la atención.
Lo entendí cuando cumplí quince y mi papá, que apenas recordaba qué día era, me dejó una nota arrugada en la mesa de la cocina con un "feliz cumple" escrito a las apuradas. Sin nombre, sin firma. Como si con eso bastara. Fue ahí cuando supe que, para él, siempre había sido invisible.
Pero no me importaba... o al menos eso me repetía. Mi vida tenía un propósito: Los cortes, las telas, la forma en la que cada prenda podía moldear una silueta, contar una historia, hacerte sentir fuerte, deseada, elegante, invisible... o todo lo contrario. Ahí estaba mi magia. Y con diecinueve años ya había conseguido una entrevista para ser asistente de una diseñadora reconocida. No era un puesto de ensueño, claro que no, pero era el primer paso hacia ese universo donde creía que al fin encontraría mi lugar.
Y lo conseguí.
La noche en que me dieron la noticia fue la última noche de mi vida. Aunque todavía no lo sabía.
—¡Nashira, te dije que lo ibas a lograr! —Serena se dejó caer sobre mi cama, con su celular en la mano y una sonrisa tan enorme que parecía sacada de una película.
—No me lo creo todavía... —murmuré, sin dejar de mirar el correo con la confirmación—. ¿Crees que voy a poder con esto?
—¿En serio me preguntas eso? —bufó, sentándose de golpe—. Eres la persona más terca y brillante que conozco. Si alguien nació para ese mundo, eres tú.
Me quedé en silencio por un segundo. No por falta de palabras, sino porque Serena siempre sabía exactamente qué decir para que el ruido en mi cabeza se apagará. Hay personas que marcan tu vida sin hacer ruido, que simplemente están ahí, como el sol que calienta sin que uno lo note hasta que deja de brillar. Para mí, esa persona es Serena.
—Gracias. Por estar siempre.
—No tienes que agradecerme nada. Esta noche se celebra —dijo, levantándose como un resorte—. Ponte algo increíble. Hoy vamos a bailar hasta que no puedas sentir los pies.
Así fue como terminamos en el club más ruidoso de la ciudad. Las luces destellaban como si compitieran entre sí y la música retumbaba hasta en los huesos. Estábamos rodeadas de gente, de gritos, de sudor... pero yo solo la veía a ella, riendo, saltando, tomándome de las manos como si nada malo pudiera pasar mientras estuviéramos juntas.
Llevaba puesto un vestido escarlata, ceñido al cuerpo, de escote profundo y falda vaporosa. Me sentía hermosa. Serena decía que parecía una estrella de cine, y yo, como siempre, me reía de sus exageraciones... aunque en el fondo me encantaba que lo dijera. Serena tenía ese talento: hacerme sentir vista, especial, como si yo brillara con luz propia.
—¡Hoy eres la reina del mundo! —gritó Serena, cerca de mi oído—. ¡Y yo soy tu escudera!
Nunca más volví a ver su cara. Ni a mi hermano. Ni a mi reflejo humano en el espejo.
Mi primer error fue ese: separarme de ella.
—Voy al baño, ya vuelvo —grité en su oído, abriéndome paso entre la multitud.
Un error básico que todas conocemos: no ir sola al baño.
Todos siempre se burlan de que las mujeres vayamos en grupo, como si fuera algo exagerado o ridículo. Tal vez si alguien me hubiera acompañado, nada de lo que pasó después habría sucedido.
Estaba por entrar al sector de baños femeninos cuando sentí una mano firme en mi cintura. Me giré instintivamente y me encontré con un chico rubio, de facciones pálidas y atractivas. Tendría unos veinte años. Llevaba lentes de sol... dentro de una discoteca. Ridículo.
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𝘿𝙪𝙨𝙠 »𝙀𝙙𝙬𝙖𝙧𝙙 𝘾𝙪𝙡𝙡𝙚𝙣
Fanfiction☼☪☼☪☼☪☼☪☼☪☼☪☼☪☼☪☼☪☼☪ Edward se enfrenta a una batalla para proteger a su Bella, una vez mas. Nashira se enfrenta a una batalla para proteger su vida. Edward quiere destruir a Victoria, para proteger a Bella. Nashira no quiere matar a nadie, pero des...
