11

2.3K 189 12
                                        

El regreso a la residencia Cullen distaba mucho de ser agradable, al menos desde mi perspectiva

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

El regreso a la residencia Cullen distaba mucho de ser agradable, al menos desde mi perspectiva. Todo el encanto que podía ofrecer aquel sendero entre verdes colinas y el canto de la naturaleza amplificado por mis sentidos de vampiro, se veía opacado por las constantes discusiones entre Edward y Fred, y por el evidente mal humor que ambos arrastraban.

Intenté mantenerme alejada de ellos, saltando entre las ramas de los árboles y dando volteretas, como solía hacer cuando jugábamos con Bree y Diego a ser ninjas. Una sonrisa melancólica se asomó en mis labios al recordar aquellos días. El dolor que me provocaba saber que nunca volverían era difícil de ignorar. Apenas habían pasado unas horas desde su muerte, pero para mí esas horas habían sido una eternidad. No regresaríamos jamás a aquella cueva para inventar teorías absurdas, no volvería a reír con las bromas de Diego ni a tener esas conversaciones tranquilas con Bree mientras nos escondíamos detrás de Fred.

Un crujido en las ramas me hizo girar de inmediato. Fred me observaba con el ceño fruncido, su expresión dejaba claro lo molesto que estaba. Volteé hacia Edward y descubrí que su rostro reflejaba el mismo fastidio. No entendía por qué no se llevaban bien. Si bien Fred nunca fue una persona abierta a nuevas relaciones, no esperaba esa actitud de Edward. Durante este tiempo fue amable conmigo, incluso protector.

Fred me analizó en silencio, como si tratara de adivinar en qué estaba pensando.

—¿Cómo estás? —preguntó con suavidad.

Me encogí de hombros, evitando su mirada. Él sabía perfectamente qué pasaba por mi mente. Aunque nuestra relación durante el tiempo con Riley no fue especialmente cercana, Fred siempre fue observador. Y sabía cuánto significaban Bree y Diego para mí.

Me sostuvo la mirada, esperando una respuesta que yo intentaba evitar.

—Todo este lío de no saber dónde quedarme, de ser la nueva responsabilidad de los Cullen, y de salir a buscarte... me tuvo distraída de... —hice una pausa, incapaz de decirlo en voz alta. Mencionarlo lo haría más real—. Tengo miedo de que, cuando ya no haya nada que me mantenga ocupada, caiga en un abismo de culpa... De sentir que no hice lo suficiente por ellos.

Fred permaneció en silencio. Supuse que no sabía qué responder.

Durante mi búsqueda, ese pensamiento me había rondado constantemente: el miedo a lo que vendría después. Ser vampiro agudizaba todo: sentidos, pensamientos... emociones. Y no siempre era algo positivo. Desde mi transformación, el dolor más profundo que había enfrentado era la pérdida de mi humanidad. Y ese dolor lo canalicé en rabia. Pero esto... esto era distinto. No sabía cómo enfrentar la ausencia, no sabía si sería capaz de sobrellevarla.

—Entonces yo te ayudaré a salir de ese abismo si llegas a caer —dijo Fred, con una pequeña sonrisa.

Lo miré, sorprendida por su promesa.

—Sé que antes no éramos tan cercanos, y me habría gustado que fuera diferente. Nunca me interesó formar vínculos con los otros neófitos porque, siendo honesto, la mayoría eran unos idiotas. Pero tú eres diferente, Nashira. Me agradas.

𝘿𝙪𝙨𝙠 »𝙀𝙙𝙬𝙖𝙧𝙙 𝘾𝙪𝙡𝙡𝙚𝙣Donde viven las historias. Descúbrelo ahora