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No tuve tiempo para asimilar la precipitada muerte de Bree

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No tuve tiempo para asimilar la precipitada muerte de Bree. Apenas terminaron de arder sus restos, los vampiros de ojos dorados me dijeron que debíamos ir a su hogar para poder "charlar". Sabía que se avecinaba un interrogatorio.

Caminamos por el bosque en silencio. Mientras avanzábamos, el paisaje cambiaba, mientras crecía una sensación incómoda en mi pecho. Ya estaba empezando a pensar que me llevarían lejos para matarme sin testigos, de esa forma de librarían de una disputa con los encapuchado.
Mis pensamientos se vieron interrumpidos por una gran estructura de cristal. Esa era la mejor descripción que podía dar. Una casa elegante, con líneas limpias, autos costosos estacionados afuera y muebles que gritaban sofisticación. Una casa de ricos.

Pero yo no quería estar ahí.

Me sentía desdichada. Esperaba terminar esta osadía escapando junto a Diego y Bree, descubriendo los secretos de esta nueva vida y disfrutando de nuestra pequeña familia ninja. Ahora solo quedaban recuerdos.

Pensé en la posibilidad de escapar en el momento que ellos se distrajeran. Después de todo sigo siendo más rápida que todos al ser más joven. Empecé a escanear el entorno en busca de una oportunidad.

Antes de que pudiera planear algo, una mano nívea me tomó del brazo. Me giré y me encontré con los ojos dorados de Edward.

—Ni siquiera lo pienses —dijo con voz tranquila, pero firme—. Podría atraparte igual.

Lo miré con fastidio y señalé su mano con un gesto.

—Suéltame —dije entre dientes.

—Si prometes no escapar.

—¿Por qué te importa si me escapo?

Vaciló un instante, como si no tuviera una respuesta clara ni para sí mismo.

—Porque eres nuestra responsabilidad.

Bufé.

—Vaya, qué honor. Me siento como el perro del amigo al que le están haciendo el favor de cuidar.

Sus labios se tensaron. Parecía culpable. Y quizás lo era. Porque, aunque ellos hubieran intentado salvarla, Bree ya no estaba. Y yo, que prometí no dejarla sola, era más culpable que nadie.

—Los Vulturis podrían matarte si te encuentran de nuevo —intentó persuadirme.

—No me importa. Ya no tengo mucho por lo que vivir. Y sé defenderme.

Me soltó. Su expresión era de resignación, pero también de algo más... ¿pena?

—No tengo duda de ello. Quédate con nosotros, al menos hasta que sepas todo lo que necesitas saber. Estoy seguro de que Riley no les explicó muchas cosas.

Tenía razón. Y lo sabía.

—Está bien.

Edward asintió, manteniendo su distancia.

𝘿𝙪𝙨𝙠 »𝙀𝙙𝙬𝙖𝙧𝙙 𝘾𝙪𝙡𝙡𝙚𝙣Donde viven las historias. Descúbrelo ahora