Pasos fuertes, pasos tranquilos.
—¡Corre, Keren, salvate!
Pasos rápidos y luego lentos.
—¡No mires! ¡No mires!
Escuchando mis latidos a fuerte volúmen que acompañaban las pisadas que iban acercándose por mis espaldas.
—¡No mires!—gritaba alguien, no podía verlo ni reconocía su voz.
Las imágenes recorrían por mi cabeza tan rápido y no podía analizar cada escena en la que me encontraba.
—¡NO MIRES!
Allí lo más repugnante...
Sangre.
Rostros con la mirada perdida.
Niños encerrados.
Ancianos que se arrastran en los pasillos por más vida, persiguen la juventud a la fuerza, tanta violencia.
Las sonrisas deformes de oreja a oreja, colmillos.
Los gritos, los lamentos.
—¡Keren!¡Keren! ¡No mires!
Y las más atrocidades.
—¡Keren!
Tantas más y sin poder nombrar.
—¡No! ¡Keren!
Giré para ver.
Un disparo.
Desperté de un salto, me encontré sentada en la cama, mis ojos vieron a Esmee que estaba tan asustada como yo.
—¿Que viste?
Intenté respirar pausadamente, buscando la tranquilidad en el cuarto diciéndome en mi interior que ya estaba a salvo y que todo eso ya pasó.
—Sólo fue un mal sueño— dije tratando de esquivar.
Sentía de repente como dentro de mi pecho apretaba fuertemente, sólo pude retorcerme encorvandome hacia dentro sostenía con mi mano a garras dónde sentía el dolor.
—¡Ker!
— No los llames, que no vengan— imploré.
El dolor cedía, aún insegura de que vuelva pasar, cerré los ojos y tomé control sobre él.
Sentí como la mitad de mi corazón luchaba a otro ritmo contra la otra parte intrusa que intentaba moldearla.
Las manos de Esmee tocaban mi espalda y la otra tocaba mi brazo. Pude tomar un poco de su energía pacífica, ella estaba ayudándome a canalizar al menos hasta recomponerme y soportar.
Flores, un campo con muchas flores, a la puesta del sol. Un árbol grande se veía majestuoso.
Esmee estaba distrayendo con sus recuerdos.
Hasta que el corazón pudo dominarse, abrí los ojos y el dolor desapareció como sólo un sentimiento extraño.
—Gracias, Esmee.
Ella dejó de tocarme para sentarse frente a mí.
—¿Que es lo que tenés? Parece algo crónico ¿Y porqué no quisiste llamar a la guardiana?
—Esmee... Es muy complejo explicar. ¿Podrías sólo guardar esto que pasó hace un rato?
—Yael estuvo algo preocupado, ¿tiene algo que ver?
—Yael supo lo de Simon, no estuvo muy contento.
Ella suspiró apretando sus puños e intentó ocultar el mismo resentimiento que Yael me había demostrado.
—Tampoco confío en él, sabes bien qué fue lo que me hizo. A la hermandad también—dijo.
Me levanté de la cama para dirigirme al vestidor, una nítida pared daba discreción en cuanto me cambiaba de ropa, aunque aún se veía la silueta.
