La luz de tus ojos, amiga mía
Ilumina mis tinieblas
A través de ésta sinfonía
Cuándo tú me miras
Me siento en casa.
—¿Qué cantas?–pregunté.
—Es para tí—dijo él.
—No sabía que fueras romántico.
—No lo soy, Keren. Pero considero que mereces una canción.
— Sería raro que te empieces a comportar así y también muy bajo si lo haces por caridad— se veía mi molestia.
Él me miró con ojos sorprendidos y se rió, su sonrisa era un tanto hipnotizante,no porque él fuera lindo...pues no lo era, tenía un encanto al tratar que lo hacía ver especial.
Entre los pinos ponderosas y a gran cantidad, adentrándonos cada vez más al bosque del olvido, se le llamaba así porque quién entraba en él jamás volvía y era quedado en el olvido.
—Hasta aquí podemos, no sería bueno perdernos—dijo Simon, algo exhausto por la caminata, al limpiarse la cara en el arroyo insípido más cercano de nosotros me dió una imagen de frescura.
—¿Alguna vez fueron en búsqueda de algún perdido?— me acerqué hacia él sin dejar de observar los altos árboles más allá del bosque del olvido que me inspiraban temor.
—No lo sé, Keren. Si fue así, lo olvidamos—sonrió con ironía en sus palabras.
—Mas allá deben estar los ciervos y demás animales —supuse, Simon se acomodó sobre las raíces de un gran árbol y dejando su arco, acarició sus raíces más fuertes.
—Están a salvos de nosotros ¿No te parece?— respondió Simon, podía verlo reflexivo hasta que se acordó de algo— tengo algo que mostrarte.
Sacó del bolsillo de su pantalón, en el lado izquierdo de su pantorrilla, una hoja arrancada de un libro.
—¿Que hiciste, Simon?— dije en sorpresa al ver que provenía de unos libros de las guardianas—¿Porqué--
—La otra vez hablamos sobre el corazón y su importancia para la Luz y la Oscuridad. Quería probar que estabas equivocada sobre al respecto de las dos partes, existe un corazón independiente pero también dependiente de ambos.
—Ya te dije que sólo se elije un camino, eso nos enseñaron—respondí
— Keren. ¿Que tipo de corazón quieres?—refiriendose a dos caminos, la luz o la oscuridad.
Me tomé un tiempo para responderle y lo observé en sus ojos azulados, la inocencia en ellos que antes no había sido corrompida por el dolor.
—El tuyo— contesté.
Él se puso serio, se levantó de su lugar y sólo me miró en el ruido de un bosque pacífico, el agua del arroyo se escuchaba al igual que las hojas al moverse tras la brisa, hasta el rayo del sol que entraba para embellecer el panorama tenía su música en el silencio de Simon.
—Y lo hizo—dijo Talia— Se vió obligado a darte la mitad de su corazón por ése pedido.
Volví a estar con ella en el mismo despacho, después que Yael enfureció sólo ví ésta posibilidad de calmar su ansiedad sobre mi salud. Sabiendo que quizá no era muy buena idea compartir con alguien secretos muy dentro de mí, ni menos las que voy descubriendo de Simon.
La silla no estaba activa como la otra vez, al haberme ofrecido llevar éste proceso de investigación para el libro de la guardiana, pusimos algunas pautas, sobre todo el trato con el continuo dolor causaba aún más agotamiento con su negligencia.
