Tatuaje.

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Los primeros días de aquel viaje en ese barco con un aire bastante extraño eran lentos, en algunas secciones que pude ver, tenían un olor bastante extraño, en las otras secciones que no me dejaron ir y que había guardias custodiando aquellas puertas tenían unas lanzas parecidas a tridentes, el olor incrementaba haciéndolo nauseabundo de tanto que penetraba en todos los sentidos, me sentía mareado así que por mi propia seguridad y la de mi estómago, que de por si ya sentía ganas de vomitar, me alejaba de aquellas zonas cuando se incrementaba el olor.

Había sido difícil dormir durante el día y despertarme en la noche, había zonas oscuras que con su sola presencia sentía un terror tan solo pisar la oscuridad, no me quise arriesgar así que decidí no buscar en aquellas zonas que no tenían custodia, así como en varias zonas se escuchaban ruidos inexplicables, así como también de mujeres gritando de dolor, me daba un temor incontrolable que comenzaba a llorar de impotencia el solo pensar de que les estuvieran haciendo daño, también había gritos de hombres, niños, hasta de un bebé alcance a escuchar en uno de los camarotes no custodiados, pero al tomar la perilla comenzaba a temblar con demasía inexplicablemente que me imposibilitaba abrir aquella puerta, comenzaba a llorar, una aprensión se apoderaba de mi que tardaba varios minutos en soltar la puerta y alejarme de ahí, al tratar de pensar lo que hubiese adentro me llenaba de horror, al imaginar que unas criaturas estuvieran haciendo experimentos con humanos, su forma podría ser más despreciable con los custodios y marineros que se encontraban a lo largo de este inmenso barco que por su aspecto en varias zonas parecía demasiado viejo, la madera parecía derruida y mohosa, hongos en varias partes que eran atemorizantes que de inmediato tapaba mi boca y no aspirar aquellas cosas que pudiera causar alguna enfermedad, en una de aquellas habitaciones el hongo se había expandido tanto que ciertas protuberancias habían crecido tanto que se movían como si estuviese vivo, y esa extremidad había crecido para devorar al que se acercara.

Después de cuatro días pude ver al capitán, alguien gordo de aspecto terrible y descuidado, una barba inmensa que le llegaba debajo de su inmensa panza, desprendía un olor asqueroso, un cabello irregular, debería de medir dos metros y medio tal vez, su voz parecía vieja y era lenta, como la de un anciano ya pasado muchos años, no tenía varios dedos o estaban cortados a la mitad, solo lo vi una vez cuando todos estábamos comiendo, por lo que me pregunté si esos seres y el mismo capitán no comían, jamás los había visto comer algo, había personas reales preparándonos la comida, pero esos seres o humanos no lo sé con precisión no probaban nuestro alimento, tal vez se escabullían en el día y por eso no me daba cuenta haciendo caso omiso a su propia advertencia, por lo que me recordó que hoy en una de las mañanas de este viaje, escuché un sonido estruendoso, como si de un gruñido de oso o león juntos se tratase, pero la resonancia era demasiado fuerte que temblaba la cama y toda la madera de mi habitación, Eros también se hacía ciertas interrogantes que las compartíamos antes de dormir, jamás encontrábamos una explicación lógica a lo que en nuestros recorridos encontrábamos, me dijo algo que llamo completamente mi atención de en una habitación oscura el cual el si se atrevió a explorar y que encontró una bola de cristal que le mostro un futuro utópico donde personas y animales convivíamos en armonía, un futuro bastante tecnológico, donde cosas inmensas y voladoras se miraban en el cielo y que no parecían aviones, cosas bastante extrañas vagaban por las calles, le mostró el pasado igual que justamente concordaba con la de los libros que explicaban como era aquellos días, cuando quise investigar jamás encontré aquella puerta, al día siguiente me acompaño e inexplicablemente esa puerta se había movido así como otras puertas que quería enseñarme y ya no estaban, era como si el barco cambiaba de locaciones, lo cual era bastante extraño ya que, en aquellos lugares donde había escuchado los lamentos tampoco estaban, las zonas que según había explorado habían cambiado, en lo que llevábamos del viaje me di una vuelta por el mismo lugar por lo que no me percate de aquel percance, los únicos lugares que eran iguales era las habitaciones para dormir, la cocina, el lugar para darse un baño y hacer nuestras necesidades.

Una noche la anciana que nos acompañó llegó a nuestro cuarto acompañado de Nicolás y dijo—Mañana por la noche arribaremos al lugar deseado, preparen sus cosas, llegaremos por la noche, ya que como se los han dicho, en el día puede ser un camino peligroso, espero que no hayan salido a la cubierta—le preguntamos sobre los camarotes cambiantes y con una risa dijo—vaya que lo han notado, han estado de curiosos, espero que hay disfrutado de este viaje, por suerte no encontraron aquellas habitaciones peligrosas para ustedes, no sigan de curiosos, hasta la noche de mañana.

Se fue sin si quiera voltear, había algo extraño en ella, no lo pude descifrar al momento, pero me quede pensando en ello, su rostro parecía algo diferente, algo ¿joven? Sus ojos parecía que también habían cambiado, de verdad que me estremecí con esos ojos, eran algo diferentes a lo que había visto, eran de un color vivo, brillante, inmenso, inexplicable, ¿qué reflejaban aquellos ojos? dejé de pensar en ello y fui a ver aquella tierra prometida, por fin después de varios días jamás escuché las voces o pude ver algo extraordinario como en mi casa, a pocos metros de subir a cubierta pude ver una luz, algo que me lleno de desconcierto ya que al parecer la estaba emitiendo yo, volteaba mi cabeza y la veía, cerré mis ojos, al abrirlos toque mi cara para poder despabilarme, al momento que mis manos tocaron mi frente pude saber que la luz provenía de mi frente, recordé que tenia un maldito tatuaje aún sin explicación; al subir pude ver una isla inmensa a lo lejos, si así se veía de no sé cuantos kilómetros no me imaginaba que tan extensa pudiera ser, mi tatuaje brillaba con más luz conforme avanzaba el barco.

Desperté tan pronto la luna se asomó y el sol se ocultó, se paró Eros conmigo y esperamos a los demás, era bastante inmensa aquella isla, una montaña, o tal vez un volcán se miraba al este, en lo más alto se veían unas sombras que volaban alrededor de aquella montaña, como si zopilotes giraran esperando a su presa, un frio me embargo todo el cuerpo, la anciana ya estaba erguida, y caminaba sin ninguna dificultad, los seres que se encargaron del barco se ponían en fila para que nosotros pudiéramos pasar a través, mi tatuaje comenzaba a irritarme y daba comezón, me rascaba y aquella luz se desvanecía, me miró la vieja y Nicolás con una risa burlona, y ella dijo—por fin te quitas esa cosa disque "protección" y dejas que te embargue el conocimiento que reusabas a conocer, por fin sabrás de la verdad que has ocultado, que tú has tratado no de recordar, que tu miedo no dejaba que te guiaras por el buen camino.

Tuve un miedo atroz, mi cuerpo temblaba, sudé bastante, mi arrodille, un mar de recuerdos azotaba mi mente, los látigos del recuerdo eran dolorosos, escuche una voz que decía—tonto, te has quitado la protección, ahora ya nada te podrá salvar, todo está perdido para ti, llegaste a tu final—cesó aquella voz, era la misma que dijo que me iba a proteger, a ayudar, pero ¿de qué final hablaba? Suspire largo... llegamos a la isla, abrí mis ojos lentamente, me levanté y ahora ya sabia por todo lo que pasé, esos días perdidos, aquella mujer que había creado para que no me perdiera y mi mente se consolara con la perdida de mis amigos en aquel castillo, el gran sacrificio que tuve que hacer para que los conocimientos llegaran a mí, ahora recordaba todo, del porque estaba aquí, aquella persona que estaba esperando en el muelle esperándonos, lo recordé porque el fue el que inicio todo, el que me incitó para que el conocimiento penetrara en mí, para conocer todo lo oculto. 

La raza antiguaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora