Desconocido.

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Bajamos por unas escaleras que llegaban a las fueras de aquella mansión, como en todo tenía alguna clase de protección con runas arcanas brillantes de color azul, neón y violetas, su estilo era gótico bastante antiguo, pero bastante conservado, ya estando cerca de la puerta se escuchaba un piano melodioso, se podía sentir una tranquilidad, el aroma era de rosas bastante fuerte que se completaba con la música, la puerta parecía ser de oro.

Cuando entramos no había ninguna silla para los feligreses, en el altar se podía ver un ídolo de gran tamaño, estaba repleta del hueso fémur, en lo más alto formaba un tipo casco que rodeaba un cráneo con picos en su parte alta, los hombros estaban alargados y ahí posaban velas encendidas, no alcancé a ver que estaba escrito en el extremo de ellos, su caja torácica era bastante normal que de ahí salía seis brazos que dos de ellos se levantaba con unas espadas, dos de ellas estaban en posición de rezo, otro de sus brazos lo tenía hacia delante incitando a ir con esa cosa, la otra estaba descansando sobre un libro que tenía un símbolo que no jamás había visto, cuando pude ver más de cerca vi otro brazo que se escondía detrás del que sostenía el libro, agarraba un bastón a la altura de su cadera, sus piernas eran bastante normales junto con sus brazos parecían estar vivos, menos su cráneo y su tórax, era una fuerte impresión ver aquel ídolo.

En el ventanal con sus típicos colores figuraba un ser bastante inmenso dado que había figuras bastante diminutas apenas perceptibles si prestabas mucha atención, eran humanos, todos ellos alababan al ser omnisciente, las estrellas estaba detrás de él, parecía que en su mano reposaba la tierra, los demás se arrodillaron ante el ídolo que después de varios minutos y rezos se empezó a mover con bastante dificultad, parecía ser un anciano con sus movimientos gráciles, todos ellos hablaron ese idioma tan peculiar que no había podido entender y nadie me podía enseñar, lo único que no podía recordar con exactitud del porque había contactado a estas personas, a pesar de que sabía que estás cosas eran místicas provenientes de un universo con un terrible poder, pero no llegaba a comprender del todo, era como saber de la existencia de algo pero no saber absolutamente nada, mi limitación y comprensión hacía que me diera miedo todas estas criaturas pero que tenía una satisfacción al verlas.

Aquel ídolo viviente se volteó y se dirigió a una estatua que no había visto hasta que ese ser la tocó, parecía tener unas alas no muy grandes, era ridículo verlas a comparación de su cuerpo grande, se podía presenciar un numero incomprensible de ojos por todo su asqueroso y nauseabundo cuerpo, en otras partes tenían ámpulas dispuestas a salir a cualquiera que toque su ser, sus brazos eran musculosos, eran más bien un ser humanoide, su cara parecía una mezcla de muchos colmillos, tentáculos y ojos. Se abrió una puerta en sus pies que no pareciera que estuviese ahí desde el principio, todo esa estatua y puerta parecía que estaban invisibles en primera instancia.

Las escaleras descendentes estaban en circular, la luz era escasa por lo que tenía que tener cuidado de no caerme ya que no sabía que tanta altura tenía, no tenía donde agarrarnos y era muy angosta por lo que un paso mal hecho y podía descender hacia mi final, se escuchaba el metálico sonido de sus pies de aquel ídolo bajar por las escaleras con un leve hueco en lugar, cada que bajamos sentía como se extendían y el circulo que descendíamos se hacia más ancho más no los escalones. En un instante alcance a ver un destello de luz en medio de todo ello, era una leve fogata que llameaba y en esos metros de distancia se alcanzaba a sentir un calor inmenso. Se alcanzaba a sentir un fuego intenso por lo que las llamas eran grandes, pude ver suelo, empecé a sudar demasiado ya que las llamas casi tocaban el lugar donde descendíamos.

Mis sentidos me decían que no tocara aquella flama, ya que incineraría mi mano de inmediato, podía sentir un pavor inmenso con tan solo verla, aquel ídolo moviente no se inmutaba ante el fuego eterno y lo toco con una de sus manos y no le hizo absolutamente nada, dijo algo en mi lengua—Solo aquellos que están libres y son sus fervientes devotos, pueden tocar el fuego del mundo R'hxy'ght, te incinerará al toque—cuando llegamos al piso a pesar de la luz que emanaba aquel fuego, había un hueco que provenía de no sé cuantos metros abajo, seguimos avanzando y pude ver muchas pinturas que por nuestro caminar que se estaba apresurando no alcanzaba a observar correctamente.

La raza antiguaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora