La familia de Brown viven aislados en una pequeña cabaña en las montañas. Amber y Lyly disfrutan de solo contar con sus padres para que sus días sean llenos de amor.
Tras la desaparición de Lyly, los pilares que sostenían a la familia se vendrán a b...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
~La bella durmiente decidió despertar para vengarse de quienes le habían hecho daño~ Antonio Martínez
Tenso la palma de mi mano, y puedo sentir las sábanas debajo de mi cuerpo. Respiro profundo para tratar de aclarar la vista mientras me encuentro abrumada por el golpe que recibí. Abro los ojos con cautela y en el techo se aprecian unos pequeños ángeles sentados sobre unas nubes. La pintura es un poco ambigua y poco llamativa. Parpadeo una y otra vez hasta que logró sentarme al borde de la cama. Me llevo una mano a la cabeza y el dolor es algo soportable pero muy irritante. A través de la ventana se observa un atardecer que se expande por toda la habitación. Observó a mi al rededor sin saber en donde me encuentro. De las paredes cuelgan pequeñas flores que esparcen olores de lavanda por toda la habitación. Un tocador a un costado de la cama y un enorme closet de madera es lo único que me acompañan en el enorme cuarto. Me coloco de pie un tanto desorientada y pego unos ligeros pasos para observar a través de la ventana. Desde esta altura solo observó algunas personas charlando en lo que parece ser algún tipo de jardín, y es así que me doy cuenta que estoy dentro del castillo. Trato de aclarar la mente para recordar lo que pasó, pero solo veo mi cuerpo desvaneciendose en la oscuridad. Me doy la vuelta dispuesta a buscar respuestas y antes de abrir la puerta alguien lo hace primero desde el otro lado.
—¡Cielos! Haz despertado ya —exclama la chica frente a mi.
Su expresión parece de felicidad, con una postura firme y una mirada llena de calidez. El cabello corto le da un toque especial a sus mejillas rojizas, mientras que sus labios carnosos resaltan a la perfección su nariz tan perfilada. De sus manos cuelgan una especia de joyeria que se entrelazan por toda su muñeca hasta sus dedos. Lleva consigo unos pantalones ajustados de color negro que hacen juego perfecto con su blusa color azul. En los hombros resaltan unas decoraciones en rojo carmesí y de su cuello cuelga un pequeño collar de plata con un dije en forma de manzana. Era un poco más alta que yo, pero las botas que llevaba consigo la ayudaban un poco. Cerró la puerta y me tomó del brazo llevándome de nuevo a la cama.
—Haz estado dormida toda la mañana, pero es normal —hizo un movimiento con sus manos apuntando hacia una de las plantas que sobresalían de las paredes—. El impacto del rayo fue muy fuerte.
Las plantas parecían obedecerle, pues de una rama salió una especie de liquido blanco que ella deposito en una pequeña hoja. Las flores eran hermosas, y su aroma extremadamente delicioso, sin duda alguna ese era su don.
—¿Por que estoy aquí? ¿Qué sucedió conmigo?
—Fue un error de Belmont y Fleur —me indico que tomará la hoja con el líquido blanco—. Debieron haber olvidado el campo de fuerza que rodea el castillo.
Aunque no era una respuesta del todo concreta parecía entender un poco. Al llegar al castillo solo camine unos pasos y un golpe electrizante me dejó inconsciente.
—Aún me duele un poco la cabeza, el golpe fue realmente electrizante.
—Es una suerte que aún sigas con vida, no cualquiera sobrevive a una descarga eléctrica de esa magnitud —se sentó a un lado de la cama mientras alejaba un poco las flores al rededor—. Toma toda la sabia de la hoja, eso ayudará a controlar el dolor.
Me lleve la pequeña hoja a los labios y trague sin respirar. Creí que sabría a los medicamentos que tomábamos en casa, de esos que eran amargos y de muy mal sabor. Para mi sorpresa era delicioso, con un aroma a vainilla y sabor un poco dulce.
—Muchas gracias... Eh...
—Oh si, mi nombre es Ainoa, Descendiente de la familia Real número dos.
—¿Familia real número dos? No entiendo aun muchos términos que manejan aquí.
—Lo siento, olvidaba que eres nueva —se levantó de la cama hacia el enorme closet de madera—. Soy la única sobreviviente de un linaje Real que ha sucumbido a causa de la reina Evolet. Mis padres, mis amigos y conocidos, incluso el reino completo ha desaparecido.
Abrió de par en par las puertas del closet dejando a la vista un número de atuendos. Algunos eran algo llamativos como vestidos de fiestas y zapatillas con tacon, mientras que otros eran atuendos un poco parecidos al que ella cargaba. Me levante de la cama y me acerque a observar. Un poco de joyeria de diferentes colores y otro poco de zapatos se encontraban dentro de los cajones.
—Mi nombre es Amber —mencione mientras observaba una zapatilla de cristal que se escondía en una de las esquinas del closet.
—Si, lo se —afirmó ella aventando algunas prendas a la cama—. En todo nuestro reino se habla de ti, la chica de la tierra, por la que Any dio su vida.
—Aún no entiendo para que me buscaba a mi —cruce los brazos y la observaba mientras buscaba más ropa—. Quiero decir, quizá se equivoco y no era yo la persona que buscaba.
Cerró las puertas de golpe y me miro fijamente. Sus ojos azul turquesa se clavaron en mi, y sus labios en tornaron una pequeña mueca.
—Any jamás hubiera arriesgado la vida por alguien que no valiera la pena —Se acerco a la ventana a observar el sol atardeciendo—. Any era una de las más fuertes de nuestra legión. Se ofreció para ir de espionaje con otros tres chicos al Reino de Evolet. Hace un mes que los ríos están secos, hace un mes que la pesadilla se hizo más grande en el reino. Any fue en busca de respuestas, pero nunca regresó con nosotros. Ella fue a buscarte a ti, ella descubrió algo que nosotros no.
Me devolvió la mirada y parecía frustrada, con una expresión perdida en los pensamientos. Las piezas del rompe cabezas estaban dispersas por todos lados. Nada de lo que estaba pasando tenía sentido, aún no comprendía que había sucedido conmigo.
—En fin, te pondrán al tanto de todo en cuanto te cambias de ropa y bajes conmigo al salón principal.
No dije un sola palabra más. Me apresure a colocarme los pantalones ajustados de piel algo brillante, una blusa roja con un escote que se entrelazaba formando una especie de cordones en el pecho. Las botas tenían un poco de tacon pero aún así eran demasiado altas para mi. Me cepille el cabello y lo dejé caer por mi espalda. La ropa parecía algo atrevida pero me gustaba. Era una mezcla entre algo moderno y viejo. Los pantalones negros combinaban perfecto con la blusa rojo vino, y las botas no se veían tan mal después de todo.
—Creo que estoy lista —dije mientras tomaba una bocanada de aire.
—Muy bien, es hora de bajar, ya deben estar esperándonos.
Asenti con la cabeza mientras nos dirijiamos a la puerta. Ainoa iba delante mío y antes de que yo cruzara la puerta se detuvo.
—Amber, no debería decirte esto —me miro con algo de preocupación—. No todos creen en ti, no todos creen que Any sabia algo. Haya abajo tienes que estar serena, no dejes que nadie te intimide.
Aparte mi cabello y lo coloque detrás de mi oreja. Podía sentir como la temperatura aumentaba en mi cuerpo. Los nervios comenzaron a invadirme, pero traté de relajarme en cuanto comencé a bajar las escaleras. Si ya me habían traído hasta aquí no iba a dejar que el miedo y la cobardía se apoderaran de mi otra vez, ya no...